Yazmin Espinoza, colaboradora La Voz de Michoacán Con la llegada de un nuevo año también se renueva la oportunidad de descubrir nuevas historias. Siempre me ha parecido que enero trae consigo una especie de promesa silenciosa, como si las páginas en blanco del calendario se parecieran mucho a un libro recién abierto. Para muchas lectoras, y me incluyo, el deseo de leer más aparece con fuerza en esta época. No como una meta rígida, sino como una intuición: la certeza de que la lectura sigue siendo un refugio, una conversación necesaria, una forma de volver a nosotras mismas. Pensar en qué libros leer en 2026 me llevó inevitablemente a pensar en cómo quiero leer. Con los años he aprendido que elegir libros con intención hace toda la diferencia. No se trata de leer todo lo nuevo ni de seguir listas interminables, sino de buscar un equilibrio que nos mantenga curiosas y acompañadas. Alternar novelas con ensayo, libros breves con otros más exigentes, lecturas ligeras con textos que nos confrontan ha sido una estrategia que me ayuda a no sentirme bloqueada. Tener una lista previa de títulos que me llaman la atención me da tranquilidad; sé que cuando termine un libro habrá otro esperándome, sin presión, sin prisa. Otra de las cosas que más valoro en mi vida lectora es el uso de herramientas que me permiten volver visible el camino recorrido. Desde hace años llevo una bitácora de lecturas que me acompaña fielmente. Ahí anoto frases que me conmueven, ideas que me persiguen durante días y pequeñas reflexiones que muchas veces terminan convirtiéndose en conversaciones dentro de mis círculos de lectura. Escribir sobre lo que leo no es una obligación, sino una forma de prolongar la experiencia, de seguir dialogando con los libros, incluso después de cerrarlos. Por supuesto, ningún plan de lectura es inmune a la vida. Adaptarlo siempre es necesario porque la realidad cambia, se mueve, sorprende. Hay semanas en las que el tiempo escasea y otras en las que la concentración simplemente no aparece. En esos momentos he aprendido a ser amable conmigo misma. Los audiolibros y las lecturas cortas se vuelven grandes aliados, y también lo es recordar que abandonar un libro no es un fracaso. A veces un libro llega antes o después de lo que necesitamos, y soltarlo también es una forma de escucharnos. Si hay un consejo que siempre repito es este: compartir las lecturas lo cambia todo. Leer en comunidad ha transformado por completo mi relación con los libros. Participar en retos de lectura, comentar avances con amigas, intercambiar impresiones en redes o en clubes lectores añade una capa de sentido que va más allá de la experiencia individual. Leer acompañadas nos recuerda que las historias no terminan en nosotras, que se expanden, se discuten, se resignifican. Leer en comunidad, lo digo sin exagerar, puede cambiarte la vida. Este año mi lista de lecturas se empieza a poblar de voces que me entusiasman. Entre las novedades que llegaron recientemente está Neblina afuera de Iveth Luna Flores, presentado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2025. En estos ensayos autoficcionales, que también pueden leerse como una novela fragmentada, acompañamos a la narradora a través de distintas etapas de su vida: la infancia marcada por el calor, las primeras lecturas que la formaron, la llegada a la facultad de Letras, la huida inevitable de casa, el encuentro con la poesía, los trabajos para sobrevivir y el cuestionamiento constante de los ideales que construyen la identidad. Es un libro que dialoga con la memoria y con la forma en que la lectura nos va modelando. Otro título que espero con especial interés es Respirar bajo el agua de Olivia Teroba. Los cuentos que lo conforman nos llevan al mundo interior de mujeres que se buscan a sí mismas mientras enfrentan los peligros latentes de las convenciones sociales. La escritura de Teroba se detiene en los matices de la vida cotidiana, en lo aparentemente ordinario que esconde símbolos, deseos y preguntas profundas. Es un libro que invita a leer despacio, a habitar la vulnerabilidad desde la ternura. También me intriga Apaguemos la luz y entremos a la noche de Janet Mérida y Erika Maldonado, un recorrido por historias de miedo y misterio que nacen en la sierra de la mixteca oaxaqueña y el desierto de Sonora. Más que leyendas, son relatos cargados de memoria, de ese sobrenatural pegajoso que se queda rondando mucho después de terminar la lectura. En noviembre pasado Margaret Atwood publicó Libro de mis vidas, unas memorias extensas y reveladoras en las que repasa su infancia, sus luchas feministas y el impacto de una obra que marcó a generaciones. Sus casi 700 páginas prometen una mirada íntima a una vida atravesada por la escritura y el pensamiento crítico. A la lista se suman lanzamientos editoriales que espero con entusiasmo, como En tinta y sangre de Han Kang, una novela de misterio atravesada por una historia de amor entre dos mujeres, así como novedades de autoras y autores españoles que amplían el mapa de lecturas posibles para este año. Al final, leer más nunca ha sido una competencia. Es un regalo personal, una forma de cuidado. Un plan de lectura es apenas una guía, no una obligación. Cada página leída ya es un logro, cada historia encontrada es una pequeña victoria íntima. Ojalá este 2026 esté lleno de libros que nos acompañen, nos cuestionen y nos recuerden que siempre hay nuevas historias esperando ser leídas, solas o, mejor aún, juntas. Antes de cerrar esta columna quiero detenerme un momento en algo que no es menor. Esta es la publicación número cien de Historias para mamá. Escribirlo me emociona más de lo que imaginaba. Cien textos, cien encuentros alrededor de los libros, cien oportunidades de compartir lo que leo y lo que me atraviesa con lectoras que han hecho de este espacio un lugar vivo. Pienso en todas las historias que han pasado por aquí, en los mensajes que he recibido, en las conversaciones que se han abierto gracias a un libro recomendado o a una lectura compartida. Esta columna existe porque hay alguien del otro lado leyendo, subrayando, recomendando de vuelta. Gracias por acompañarme, por confiar, por leer conmigo. Seguir escribiendo Historias para mamá tiene sentido justamente por eso: porque las historias crecen cuando se comparten. Yazmin Espinoza, es Comunicóloga enamorada del mundo del marketing y la publicidad. Apasionada de la literatura y el cine, escritora aficionada y periodista de corazón. Mamá primeriza. Lectora en búsqueda de grandes historias. Instagram: @historiasparamama