"Los Constructores" la escultura de la discordia

Por fortuna ese monumento creado a base de bronce no está dentro de la declaratoria de patrimonio cultural de la humanidad que tiene Morelia, revela el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Foto: Víctor Ramírez, La Voz de Michoacán.

Jorge Manzo/La Voz de Michoacán


Hace unos 26 años se levantó un monumento ideado para homenajear a quienes edificaron a la antigua Morelia: “Los Constructores”. Hoy esa obra está semidestruida y nadie descarta que –para desactivar el conflicto- pueda ser reubicada. Esa es la principal demanda de quienes se organizaron para derribarla, aunque si quitan de las esculturas a sus indígenas el asunto queda resuelto. “Nunca se pensó en humillar a nadie, ni en denigrar a nuestras raíces”, defiende su creador, el escultor moreliano José Luis Padilla Retana.

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Por fortuna ese monumento creado a base de bronce no está dentro de la declaratoria de patrimonio cultural de la humanidad que tiene Morelia, revela el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Pero eso no significa que el conflicto no esté vivo. Está más latente que nunca. Los daños materiales oscilan en los 200 mil pesos y fueron detenidas 24 personas acusadas de destruir arte y que más tarde fueron liberadas. La reconstrucción de esa obra implicaría meses de trabajo, admite el escultor, quien a su vez se ofreció a realizarla.

Foto: Victor Ramirez


Pavel Uliánov Guzmán, representante del Consejo Supremo Indígena, descartó que haya movimientos externos infiltrados y justificó el derribo del monumento ante la falta de diálogo con las autoridades, por lo que las asambleas determinaron retirar la figura del Acueducto de Morelia. “Ya no hubo interlocución”, reclamó. Ahora, si bien están dispuestos a entablar pláticas con el Ayuntamiento lo que demandan es que esa escultura sea llevada a un museo o a una oficina, pero no en un lugar público. “No queremos que nuestros hijos observen la explotación del indígena como algo normal”.


“Reactivar los canales de diálogo con las autoridades” también sugiere el delegado del INAH, Marco Antonio Rodríguez Espinoza, con la finalidad de revisar la ruta más adecuada para definir el futuro de la escultura creada durante los gobiernos –estatal- de Asucencio Chávez, y –municipal- de Fausto Vallejo. Eso sí, el sociólogo advirtió que el Instituto no está ni estará de acuerdo que manifestaciones artísticas sean vandalizadas o destruidas, y convocó a ser respetuosos de la diversidad. “Es importante que esta sociedad poco a poco asumamos la diversidad como forma de convivencia”.
Padilla Retana cree que la falta de información de los pueblos indígenas fue lo que provocó la destrucción del monumento. “La idea siempre fue reconocer todo el trabajo hecho para construir los edificios que hoy están en nuestra ciudad, nunca para mostrar sumisión u humillación”. Aclara que cuando se reunió el equipo de especialistas –historiadores, arquitectos y otros- que planeó la obra nunca fue para herir susceptibilidades, pues antepusieron el respeto al pueblo indígena. Él no lo movería de su lugar, pues su origen es producto de un pensamiento elaborado por muchas mentes.

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Foto: Victor Ramírez


Pavel Uliánov Guzmán afirma tajante que hay mejores formas para representar a los constructores de la ciudad, y no denigrando a las comunidades indígenas, colocando a sus personajes en posturas de sumisión. Aclara que no tienen nada en contra del escultor, sino contra el Ayuntamiento. Insiste en que el problema no es Fray Antonio de San Miguel ni con el arquitecto -ambas figuras que están representadas en la escultura- sino más bien, por la forma en la que representan a los indígenas, mostrando el nivel de explotación que padecieron en esos tiempos.


“Se podría quedar ahí –en el Acueducto de Morelia-, pero sin la presencia de indígenas en el monumento. El problema es lo que están representando. Si se representa a las comunidades indígenas de otra manera, en igualdad de condiciones estaríamos de acuerdo, no en actitud de sumisión”, ofreció el representante del Consejo Supremo Indígena, tras revelar que esta postura la conoce el Ayuntamiento y está en su cancha. “Cerraron el diálogo con las comunidades”, lamentó Uliánov Guzmán, tras recordar que este objetivo no es nuevo, sino que tienen casi dos años insistiendo en su retiro.
Padilla Retana, uno de los escultores más reconocidos en el país y también creador de la fuente de “Las Tarascas”, y quien se define como un defensor del indigenismo, de donde proviene también él, compartió que así como ocurre en la Ciudad de México con la figura de Cristóbal Colón, son obras que no deben reubicarse y sí quedarse en su lugar de origen, en donde está su raíz. Recordó el trabajo que implicó su construcción, pues fueron meses de trabajo de decenas de personas. Reconoció la aportación realizada por el Ayuntamiento “quien nunca nos dejó solos”. Para develar la obra, en la ciudad hubo una algarabía.

Foto: Samuel Herrera


Recordó que para lograr la obra se conformó un patronato encabezado por el cronista fotográfico José Antonio Romo. En la plaza de Armas instalaron una mesa en donde acopiaron bronce que sirviera para dar a la luz esta obra. El equipo fue impulsado por el alcalde Fausto Vallejo y hubo quienes llevaron pedazos de cobre en pequeñas y grandes cantidades, pero también hubo quienes realizaron aportaciones monetarias, haciéndola una “obra del pueblo”. Los daños a la obra no están cuantificados, pues para empezar tendrían que localizar las piezas que aparentemente están perdidas. No hay moldes, tendrían que comenzar de cero en las obras dañadas.
Si lo llaman estaría dispuesto a intervenir, pero eso dependerá del Ayuntamiento de Alfonso Martínez. Alertó que si lo hace otro escultor, quizá ya no coincidan en muchas cosas al realizar los trabajos de rehabilitación la escultura, y sugiere que se respete el origen de su autor. Al ver las imágenes de la destrucción, ocurrida el 14 de febrero, “sentí mucha tristeza, mucho dolor, frustración, porque nunca pensamos que fuera a suceder esto”, contó Padilla Retana, quien incluso, afirma que aún no sabe la razón y la que se ha expresado no la entiende.


Por lo menos en dos ocasiones el Consejo Supremo Indígena ya había advertido que sería retirada esa escultura. La última y más reciente fue el 12 de octubre del año pasado. Desde la administración anterior el tema se tenía sobre la mesa y hubo foros y mesas de diálogo que no fueron determinantes y el tema se soltó. A cinco meses de iniciado el nuevo gobierno, los representantes de las comunidades indígenas decidieron no esperar, actuaron y con lazos atados sobre los cuerpos de las esculturas lograron derribar a Fray Antonio de San Miguel, a quien los historiadores identifican como un benefactor indigenista. “El problema no es él”, reviran.
El historiador Arturo Herrera Cornejo recordó el papel que jugó Fray Antonio de San Miguel, cuando la sequía causó pérdida de las cosechas, a fines del siglo XVIII, abrió la alhóndiga para dar maíz a los más necesitados. Aplicó el principio de "por el bien de todos, primero los pobres". Emprendió paralelamente obras públicas, para crear fuentes de empleo, como la Calzada de San Diego y la reconstrucción del Acueducto. Trajo como colaboradores al obispado a clérigos de avanzada como Benito Pérez Calama, uno de los primeros divulgadores de las ideas de la Ilustración. Originario de Cantabria,  fue quien ordenó sacerdote a José María Morelos y Pavón.


Para el maestro Padilla Retana las comunidades indígenas representan sus raíces. De ahí descienden. Son parte de la historia para las nuevas generaciones, y motivo de orgullo, que representan un símbolo en Michoacán. No quiso entrar en coyunturas políticas, y pidió trabajar con todos los actores sociales del estado, respetando ideologías, y anteponiendo las raíces. “Son un ejemplo para mí y para toda mi familia. Hemos inculcado en mi familia el respeto para nuestros indígenas”, e incluso, compartió que en periodos vacacionales vive en grande la tradición de Semana Santa en los municipios de la ribera del lago de Pátzcuaro.


A su vez, el delegado federal del INAH reconoció el proceso de resistencia de los pueblos originarios. Admitió que hay muchos agravios, pero para solventar las dificultades que se tienen, la ruta más adecuada que ve es la del diálogo, la argumentación y la búsqueda de soluciones y que todos se sientan atendidos. Aclaró que en esta problemática suscitada con pueblos indígenas, el Instituto no es institucionalmente competente para ver el tema, partiendo de que el monumento como tal es contemporáneo, y la atribución de su dependencia son aquellas obras del Siglo XIX hacia atrás, en donde sí se tiene la competencia de investigar, proteger, conservar y difundir el patrimonio.


Para abordar lo que ocurre con el monumento de “Los Constructores” le correspondería al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). Asimismo, resaltó que la obra estaba instalada, a unos metros, de donde concluye el polígono de zona de monumentos históricos, misma que termina en el Acueducto de Morelia. Pero aclaró que la dependencia que representa sí ha tenido participación en el proceso de diálogo que abrió la administración anterior, pues es una demanda que se viene haciendo desde hace unos meses atrás. Recordó que el 12 de octubre pasado estaba el riesgo latente de retirar la figura de bronce.


Marco Antonio Rodríguez reconoció que hubo diálogos en donde se trató de construir una ruta para evitar lo que terminó ocurriendo, y que era el uso de la fuerza y de la violencia para retirar ese elemento “que agravia a las comunidades indígenas, y que la gente considera que simbólicamente resultan incómodos”, pero admitió que la sociedad está polarizada, aunque desde el Instituto se fijan distintas posturas, pues emergen de opiniones de historiadores, antropólogos y especialistas en monumentos históricos, por lo que insistió en trazar una ruta para alcanzar un acuerdo que ayude a relajar el ambiente social en la ciudad.


Entre las sugerencias que se han hecho al Ayuntamiento destaca que se realice un retiro adecuado, un lugar más preciso para colocar la obra, que además se hiciera una cédula, con la finalidad de que tenga una contextualización más explícita. Se buscó llevar al Palacio Federal, en donde ocupan oficinas del INAH, sin embargo, por las dimensiones fue inviable, por lo que el delegado comentó que se debe buscar el mejor lugar, donde pueda ser colocado y dignificado, y que en donde se hará el retiro se coloque otro elemento, pero son temas que salen por completo del Instituto.
 
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El Consejo Supremo Indígena reconoció que fueron ellos los que convocaron a esta movilización del 15 de febrero en donde se retiraría el monumento de “Los Constructores”, pero descartó que hubiera gente armada. El dirigente Pavel Uliánov Guzmán resaltó que sí hubo más personas, que acudieron como acompañantes, pero no intervinieron.
En este momento lo que están haciendo al interior de los pueblos originarios es un proceso de consulta para determinar qué es lo que sigue, y una vez que esto ocurra nuevamente se reagruparán. Aclaró que a ellos no les han notificado del proceso de diálogo al que convocaría el Ayuntamiento, y descartó que sea el interés el de conflictuarse, y más bien, buscar una solución que satisfaga a las partes involucradas.


Si bien dijo que esto ocurrió en Morelia, es un espacio público y es la capital del estado, y también de los pueblos indígenas. Admitió que han visto las declaraciones de los posibles daños a la obra de arte, pero también reclamó que hubo compañeros lastimados y se tienen las pruebas. Denunció que hubo un proceso irregular, pero lo que están analizando en este momento es entrar a un proceso de diálogo.