Los espíritus de la isla: entre la amistad y el tedio

La isla del título de esta película es en una alegoría de la desesperanza y de la frágil naturaleza de nuestras relaciones interpersonales.

Víctor E. Rodríguez Méndez

Los espíritus de la isla (The Banshees of Inisherin, 2022), de Martin McDonagh, es una película británica-irlandesa que golpea fuerte en las vértebras, muy cerca del corazón. Es una cinta muy emotiva y reflexiva que aborda la pérdida de la amistad en un fino tejido de comedia y tragedia con encomiable acierto. En el trasfondo de su premisa –aparentemente simple, banal, absurda– desliza una reflexión seria y dolorosa sobre los diversos sentimientos que aquejan al ser humano acerca de la amistad, el tedio, la soledad y la necesidad de huir, de la necesidad de desprenderse abruptamente de lo que el espejo refleja de nosotros mismos y de las personas que nos rodean (los turbios y macabros espíritus de la isla que somos), todo en un contexto bucólico de una isla de la costa oeste irlandesa en 1922, en plena guerra civil.

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La isla del Inisherin del título de la cinta es un lugar imaginario del mapa de Irlanda. Pese a que la isla no se ve afectada por el conflicto social, sí en cambio resiente la tensión a lo lejos y eso provoca que a sus habitantes se los apodere una suerte de caos interno. En este contexto, Pádraic queda desolado cuando su amigo Colm pone fin a su amistad de toda la vida. De esta manera McDonagh nos encaja una historia de miedo y soledad, en la que detrás del aparente sinsentido de las vidas de la gente se agita un sentimiento colectivo de dolor por la pérdida, la desesperación y la insensatez; y, sobre todo, más allá del tedio, el dolor expansivo de la indiferencia.

 
Los espíritus de la isla:

La isla se convierte entonces en una alegoría de la desesperanza y de la frágil naturaleza de nuestras relaciones interpersonales, más aún cuando descubrimos que éstas pueden terminar así, abruptamente, sin mayor explicación para una de las partes, cuando simple y sencillamente ha sido suficiente. Aquí radica, quizá, la razón principal que provoca ese dolor: a veces no hay una razón para terminar una amistad cuando las circunstancias cambian el rumbo y, simplemente, algunos se quedan en el camino. Si hemos alimentado con el tiempo la idea de que las amistades son para toda la vida y de que ellas son la familia que elegimos, Los espíritus de la isla nos tiene una respuesta clara, directa y triste. Con todo y ello, la película es preciosa aunque provoque una punzada en el corazón.

De la mano de McDonagh, Colin Farrell, Brendan Gleeson, Kerry Condon y Barry Keoghan (con actuaciones mayúsculas los cuatro, especialmente Farrell) nos ofrecen, además, una metáfora de las estúpidas causas de la guerra, pero a la vez descubren la fragilidad del sentido de la vida en situaciones en las que un conflicto rebasa nuestros mejores instintos y luego se convierte en el más vil deseo de autodestrucción y venganza.

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Se trata de una película muy difícil de asimilar, pero muy disfrutable y catártica si nos gusta confrontar en la gran pantalla las otredades de nuestra condición humana.

Víctor E. Rodríguez, comunicólogo, diseñador gráfico y periodista cultural.