Jaime Vázquez / Colaborador de La Voz de Michoacán A finales de los años cuarenta se celebró una edición más de la Reina de la Primavera. Para obtener el preciado título las aspirantes debían vender boletos; quien vendía más lograba el cetro. Después de convertirse en la Reina de la Primavera la joven Rosita Arenas, estudiante del Colegio Motolinía, de familia de artistas, dio el paso lógico e inició su carrera como actriz. Con Carlos Orellana, Andrés Soler y Rita Montaner, actuó en Anacleto se divorcia (1950), de Joselito Rodríguez. Padre de Rosita en la vida real e interpretando al padre en la película, estaba también Miguel Arenas, español radicado en México. Miguel, alicantino, comenzó en la Sociedad Ramón de Campoamor y en el Teatro Cómico de Madrid como integrante de la Compañía de Loreto Prado y Enrique Chicote. Miguel Arenas y Dolores Dios hacían gira artística por “las Américas” y en su paso por Venezuela nació en Caracas Rosa Arenas Dios, el 19 de agosto de 1933. La familia Arenas-Dios se estableció en México, donde Miguel participó como actor de cuadro. Estuvo en esa época en Toros, amor y gloria (1943), El gran Makakikus (1944) y Amok (1944), entre muchas otras de su nutrida filmografía. Rosita recuerda que su padre la llevaba, de niña, a los sets de filmación. En la casa familiar se reunían con frecuencia las figuras de la pantalla: los hermanos Soler, Jorge Negrete, Joaquín Pardavé. Cuando Joselito Rodríguez la invitó a participar en Anacleto se divorcia ella tenía 17 años y quería “comerse el mundo”. Aparece junto a Carlos (Rogelio A. González) interpretando a una joven caprichosa que frecuenta “amistades que no le convienen”. El michoacano Fernando Méndez la llama para estelarizar Fierecilla (1951), al lado de Domingo Soler, Eduardo Noriega y Carlos López Moctezuma. El papel de Rosita niña, por cierto, estuvo a cargo de Angélica María, de seis años de edad. Rosita Arenas había llegado con todo su esplendor, belleza y naturalidad a la pantalla grande. Así la vimos, transformada en la ahorrativa y chispeante Marianela, enamorada de Luis Macías (Luis Aguilar) y luego de Pedro Chávez (Pedro Infante) en ¿Qué te ha dado esa mujer? (1951), continuación de la historia de Ismael Rodríguez y Pedro de Urdimalas que inició con A.T.M. ¡A toda máquina! Es Rosaura Villarreal en Escuela de rateros (1956), la última película de Pedro Infante. Chano Urueta la enfrenta a problemas amorosos, de clase social y de adopción en Mi campeón (1951), al lado de Pardavé, Niní Marshall y Fernando Fernández, en un melodrama de romance y box. Luis Aguilar se vuelve a enamorar de Rosita en La hija del ministro (1952); con “Clavillazo” tiene que sortear aventuras y suspenso en El genial detective Peter Pérez (1952). Rosita Arenas reconoció que pasó dificultades con Luis Buñuel para lograr su personaje en El bruto (1953). Rosita encarnó a Meche, joven pobre habitante de una vecindad en desalojo. Su compañero de reparto, Pedro Armendáriz -recuerda ella-, fue un gran apoyo para la creación del personaje. En las películas cayeron rendidos a su presencia Mario Moreno “Cantinflas” en El señor fotógrafo (1953); Germán Valdés “Tin Tan” en El médico de las locas (1956); de nueva cuenta Luis Aguilar en Los chiflados del rock and roll (1957); Miguel Aceves Mejía en Rogaciano el huapanguero (1957); Andy Russell en Vístete Cristina (1959); Fernando Casanova y Mauricio Garcés en Casi casados (1960); Enrique Guzmán en Twist, locura de juventud (1962); o Abel Salazar en La maldición de la Llorona (1963). Con Salazar el amor llegó a la vida real y se casaron en agosto de 1960. No importaba la película, si el Látigo negro cabalgaba justiciero por los Estudios Churubusco o si Neutrón, luchador enfundado en un traje parecido al del Rayo de Jalisco peleaba a costalazos con el Doctor Caronte. Lo que importaba era Rosita Arenas, su mágica y luminosa aparición en la pantalla. Se cumplen 76 años de su debut, de una larga carrera pausada en 1962 y retomada después para la televisión y algunas películas. Rosita Arenas recibe este año el Ariel de Oroque otorga la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. Es una declaración de amor que nuestro Olimpo cinematográfico -y muchos espectadores enamorados- le ofrece a una de sus diosas: Rosita Arenas. Jaime Vázquez, promotor cultural por más de 40 años. Estudió Filosofía en la UNAM. Fue docente en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Ha publicado cuento, crónica, reportaje, entrevista y crítica. Colaborador del sitio digital zonaoctaviopaz. Autor del libro: “Michoacán en el cine. Episodios en la pantalla”. @vazquezgjaime