REPORTAJE / Alfredo Zalce: un ícono michoacano

En 2001, el artista plástico recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes y, desde hace trece años, las Secretarías de Cultura del Gobierno Federal y del Estado de Michoacán (Secum) organizan la Bienal Nacional de Pintura y Grabado “Alfredo Zalce” desde Morelia.

Foto: Víctor Ramírez

Por: Víctor Rodríguez Méndez

Enero de 2023 ve cumplir los 115 años del natalicio de Alfredo Zalce y los 20 años de su fallecimiento. El artista michoacano nació el 12 de enero de 1908 en Pátzcuaro, Michoacán, y falleció el 19 de enero en 2003 a los 95 años de edad. Incansable artista y considerado el máximo referente de Michoacán a nivel nacional y más allá de nuestras fronteras, Zalce creó una obra sólida empleando diversas técnicas como pintura mural, tallada en madera, escultura, óleo, pastel, dibujo a tinta y a lápiz, fotografía, técnicas mixtas, carteles y relieves en aluminio fundido, principalmente. Para muchos especialistas es un auténtico renovador de la gráfica en México.

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En 2001, el artista plástico recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes y, desde hace trece años, las Secretarías de Cultura del Gobierno Federal y del Estado de Michoacán (Secum) organizan la Bienal Nacional de Pintura y Grabado “Alfredo Zalce” desde Morelia.

A propósito de las celebraciones sobre el aniversario luctuoso y natalicio de Alfredo Zalce, que este año fueron comandadas la Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia (ENES Morelia), Beatriz Zalce, Enrique Ortega y Mizraím Cárdenas nos ofrecen un breve esbozo sobre la importancia y trascendencia del dibujante, grabador, pintor, muralista y profesor, miembro fundador de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) en 1933.

“La obra y la enseñanza del maestro Alfredo Zalce son de enorme trascendencia para varias generaciones de artistas a nivel nacional e internacional”, asegura de inicio el artista plástico Enrique Ortega Espino. Para el reciente ganador del Premio Estatal de las Artes Eréndira 2022, el arte contemporáneo llega a Michoacán a través del trabajo de Zalce. “Hay un antes y un después de Zalce en el arte del estado; su obra –marcada por el muralismo mexicano– no se limita al lenguaje establecido por los grandes artistas que iniciaron el renacimiento del arte en el país, sino que –a diferencia de algunos de sus contemporáneos– comparte similitudes en la búsqueda de nuevas formas de expresión junto a varios artistas de las vanguardias europeas”.

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Por su parte, el pintor y grabador Mizraím Cárdenas señala que Michoacán es en cierta manera “un terreno árido” respecto a las artes visuales. “Han fallecido varios de pintores importantes y hasta ahorita no sabemos qué se va a hacer con ellos o qué se hizo con su archivo, dónde o en qué museo hay obra de ellos. Alfredo Zalce tiene trascendencia sobre todo por la calidad de de su trabajo y por la cantidad de producción que tuvo”.

En Michoacán, agrega uno de los principales pupilos de Alfredo Zalce, hay muchísima cultura y muchísimos artistas, pero hay mucha aridez en el sentido de no dar el reconocimiento y el posicionamiento a nuestros artistas. “Yo siempre he insistido en que tenemos que poner de referencia a un artista, y Alfredo Zalce es esa referencia que debemos poner sobre cómo se debe rescatar a otros artistas visuales”.

Para Enrique Ortega en la obra de Zalce es posible encontrar “relaciones con la obra de Picasso o de Matisse”. Su trabajo, apunta, “no se reduce a la mera imitación sino que nos ofrece una visión muy personal y sensible de la realidad”. Y no duda en señalar que Zalce fue una “influencia definitiva” en sus primeros pasos hacia el arte. “Tuve el privilegio de asistir a su taller durante al menos dos años (1974-76) y aprendí principalmente la capacidad de trabajo que el maestro tenía; aprecié y comprendí su enseñanza y los valiosos consejos que hacía de esos intentos de expresión primera.

Beatriz y el legado de su padre

Beatriz Zalce, hija del pintor, grabador, litógrafo y muralista, presente este año en los actos de homenaje a su padre en Morelia, compartió con nosotros una reflexión al respecto: “La importancia de mi papá para el arte de michoacano es toda, absolutamente, porque fue un artista muy polifacético –hizo mural, pintura de caballete, grabado, escultura, batik, joyería, cerámica… Ahí te das cuenta de que lo suyo era la creatividad, todo el año, siempre, y los resultados están a la vista; incluso cuando recorres la ciudad, entras a determinados recintos y te encuentras con obras suya. Eso habla mucho de la importancia y de su generosidad. Creo que es uno de los artistas más importantes que ha dado Michoacán”.

Sin embargo, la periodista cultural considera que el reconocimiento de la talla artística de Alfredo Zalce no lo tiene en su propio estado: “A nivel local no lo tiene”, dice, tajante. Pone de ejemplo la Casa Taller Alfredo Zalce. “La adquirieron en el 2006 después de un litigio muy duro y ya que la tuvieron la cerraron, y quienes entraron fueron los vándalos que se robaron cuanto pudieron. Ya después la pusieron como una bodega, la reabrieron, pero como oficinas. Oye, vas a la ciudad de México y ves la casa de Frida Kahlo; no son oficinas de la Secretaría de Cultura de allá. Tú vas a Francia y puedes ver la casa de Pablo Picasso, que no era francés, pero vivió en Francia muchos años, y se le da ese reconocimiento a un artista. Vas a España y ves la casa donde nació Picasso y donde fusilaron a García Lorca y tú sabes dónde nació, creció y vivió Mozart. Aquí en Michoacán, creo, hay una deuda con Zalce”

En el mismo sentido, Beatriz Zalce apunta también hacia las Estelas de la Constitución, ubicadas en las inmediaciones del Zoológico y la Calzada Juárez de Morelia, obra creada por su padre. “Están muy deterioradas”, dice. “Hay un punto en que cualquier pieza, si dejas que se deteriore, ya luego no es posible restaurarla. Ahorita se está a tiempo de hacerlo, pero al paso que vamos no va a haber esa posibilidad”.

Más allá del reconocimiento implícito en los actos públicos de homenaje, dice la también escritora, “hay también una llamada desesperada para que se vuelva la mirada a Alfredo Zalce y que ese amor que él le entregó a los morelianos y a los michoacanos, a los mexicanos en general, sea correspondido”.

¿Alguna esperanza en las nuevas autoridades estatales y municipales? Beatriz dice que en veinte años ha visto muchas autoridades. “La esperanza la tengo, independientemente de la administración. Es una convicción y un compromiso con la gente y la cultura de mi país y, por supuesto, con mi papá y conmigo. Afortunadamente hay gente que tiene ese mismo compromiso y así hemos podido hacer lo que hay”.

El legado de Zalce

A veinte años de la muerte del artista, le pedimos a Beatriz Zalce nos comparta uno de los recuerdos más fervientes de su padre, ligado al recuerdo de la casa que habitaron juntos por largas temporadas. “La hospitalidad”, dice rápidamente. “Por eso creo que amor con amor se debería pagarse, porque ésa era la actitud de mi papá: la casa estaba abierta y podía entrar quien quisiera conversar o quisiera trabajar. Eso no quiere decir que él estuviera nada más sentado a ver quién le ofrecía un café. Estaba siempre trabajando, compartiendo con la gente ese tiempo y, sobre todo, compartiendo algo tan especial como es el acto creativo”.

¿Qué recuerdas más de la casa?, le preguntamos. “Recuerdo mucho el olor de la casa, un olor muy particular que te da el tejamanil, pero también el olor de la pipa de mi papá, un tabaco avainillado, y el café muy cargado en la tasa hecha por él. Son muchos los recuerdos; el fuego de la chimenea, las recetas de cocina de mi papá, que veía la creatividad en todo, incluso en cocinar un platillo y ver colores y texturas; él tenía esa manera de vivir la cotidianidad, de pensar que un exprimidor de jugo de naranja, un trastero de madera y las sartenes colgadas en una repisa son algo que puedes pintar. Es algo que ves en su obra: la cotidianidad convertida de pronto en algo extraordinario”.

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Sobre las cualidades de Alfredo Zalce como artista, por su parte Mizraím Cárdenas señala que lo más ponderable para él es “la pasión que le tenía su trabajo”. Resalta también, como Beatriz, la vocación del artista por hacer su trabajo de manera cotidiana y para transmitirlo, dice, como el maestro que fue de mucha gente, incluidos los artistas visuales más importantes de Michoacán.

Alumno regular de Zalce durante diez años, Mizraím atesora momentos preciados con el artista. “Yo iba a aprender y después le tuve cariño y estimación al maestro; de cierta manera percibí que él lo tenía también hacia mí. Entonces hubo más cercanía y se hizo una relación más de camaradería que mucho tiene que ver con el arte. Esos momentos fueron muchos, porque en cada conversación que había con el maestro hubo una enseñanza”.

“La obra y la enseñanza del maestro Alfredo Zalce”, concluye Enrique Ortega, “son el arte de Michoacán”.

RECUADRO

De acuerdo con Mizraím Cárdenas, la ENES Morelia ha arropado y acogido el archivo personal de Alfredo Zalce, lo que es muy significativo porque se trata de la UNAM. “Es una riqueza que se está trabajando, está en proceso de catalogación y muy pronto se concluirá”. Y señala: “Como sociedad debemos preservar su obra lo más que podamos para no tener después ese remordimiento de conciencia por no haber hecho lo necesario”.

Víctor Rodríguez, comunicólogo, diseñador gráfico y periodista cultural.