REPORTAJE / Los extravíos de la Secretaría de Cultura de Michoacán

En esta segunda y última entrega de entrevistas, Erick Legaria, Erandi Avalos, Rafael Calderón, Rosanna Cedeño, Eduardo Aguirre y Gunnary Prado nos comparten sus reflexiones sobre la importancia de establecer una política cultural

Foto: Secretaría de Cultura de Michoacán.

(Segunda y última parte)

Víctor E. Rodríguez Méndez

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Desde 2016 la Secretaría de Cultura de Michoacán (SECUM) ha tenido seis personas titulares: Salvador Ginori, Silvia Figueroa, Claudio Méndez, Sandra Aguilera, Gabriela Molina y Tamara Sosa, las primeras cuatro durante la administración de Silvano Aureoles Conejo y las dos restantes en lo que va la presente de Alfredo Ramírez Bedolla.

Sumado a la inestabilidad administrativa propiciada por estos cambios, en su momento, Claudio Méndez aseguró públicamente que la Secretaría de Cultura tenía adeudos desde el 2010 con la Secretaría de Cultura federal, no solamente de recurso económico, sino de expedientes, comprobaciones, testigos y cuentas bancarias mancomunadas que se tenían que cerrar y que no se realizaron en su momento. Lo anterior aún no ha sido subsanado por la reciente administración cultural, lo que al parecer ha repercutido seriamente en consolidar un presupuesto acorde con las necesidades de este sector.

En esta segunda y última entrega de entrevistas, Erick Legaria, Erandi Avalos, Rafael Calderón, Rosanna Cedeño, Eduardo Aguirre y Gunnary Prado nos comparten sus reflexiones sobre la importancia de establecer una política cultural y tener un mayor presupuesto y un mejor aprovechamiento del mismo por parte de la SECUM.

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Foto: Secretaría de Cultura de Michoacán.

Por una política cultural visible y activa

El gestor en desarrollo regional Erick Legaria cree que es importante contar y hacer pública la política cultural de Michoacán. “Si supiéramos cuál es la política a lo mejor dejaríamos de quejarnos, o quizá criticaríamos la política en lugar de criticar a quien trata de administrar”. El caso, añade, es que no hay una línea de trabajo. “Pensamos que no se podía estar peor que Leonel y llegó Fausto, pensamos que no se podía estar peor que el PRI y llegó Silvano, y pensamos que no se podía estar peor que Silvano y llegó esta administración”.

La historiadora del arte Erandi Avalos señala por su parte que dar a conocer la política cultural es “una responsabilidad administrativa, que para eso existe la Ley de Desarrollo Cultural para el Estado de Michoacán de 2007, y sería magnífico que realmente se aplicara”. Y señala: “Ningún capitán sale del puerto sin un plan de viaje. Eso requiere de conocer muy bien el océano que has de cruzar, de tener a un equipo preparado para la navegación y todo lo que implica. Aquí hay algo que, para mí, haría la diferencia: un equipo de asesores con los mejores perfiles de todo el estado”.

La también curadora agrega que es momento de que la institución funja como catalizadora de líderes culturales y artísticos independientes, casi todos en situaciones económicas muy precarias, y los sume, según dice. “Son los mejores marinos y marineros que existen para acompañar este barco. La revisión y reestructuración organizacional, el Programa Estatal de Cultura, y el cuidado al momento de contratar perfiles adecuados para cada área de la SECUM, son prioridad”, acota.

El escritor y poeta Rafael Calderón considera importante contar y hacer pública una política cultural. “Porque allí está el sello personal del titular de la Secretaría de Cultura y es la forma como vamos a conocer si trae innovaciones o nada más va administrar”.

Actriz y doctora en historia, Rosanna Cedeño asegura que es “una obligación diseñar un plan y darlo a conocer, porque si no estamos en el terreno de la ocurrencia y de las decisiones unilaterales”. Asegura que los grandes cambios no han sucedido porque “no hay un trabajo serio de planeación, con objetivos y principios que definan las líneas de trabajo”.

Además, la investigadora en políticas culturales cree que debería ser un plan “consensuado”, o al menos que involucre a diferentes sectores del gremio cultural y hacedores de la cultura”.

El escritor Eduardo Aguirre señala por su parte que debe hacerse una política cultural que funcione. “Hay quienes incluso hemos llegado a decir que desaparezca la actual SECUM, pues no sirve de gran cosa. Sin embargo, también hay voces que dicen que hay que tener esperanza en que se mejore, empezando por quienes dirigen la Secretaría”.

Para Eduardo lo que es necesario es hacer una auditoría, “meter disciplina en ese aspecto porque en esta Secretaría hay muchas magias culturales”. Por tanto, “sí tiene que plantearse una política cultural como una de las prioridades en el Gobierno del Estado, pero depende de que el gobernador le ponga suficiente interés a la cultura. Creo que se puede empezar a partir a partir de este momento político”.

Por su parte, Gunnary Prado esgrime que antes que pensar en desaparecer la SECUM o convertirla de nuevo en Instituto, lo que hay que hacer es “mejorarla y empezar por no sangrarle tanto su presupuesto”. Actualmente, dice, “estamos llevados por una política cultural que se diseña y se opera desde la Secretaría de Turismo, cuando debería ser al revés: la Secretaría de Cultura debería dictar la política cultural y que las otras dependencias que trabajan en el mismo ámbito se ciñan a ello”.

Por unas cuentas exactas y un presupuesto suficiente

¿Para qué debe alcanzar el presupuesto de cultura en el estado? Erick Legaria responde: “Debe alcanzar para darle movilidad, difusión y agenciar, personalizar y hacer soberanas a las manifestaciones culturales de Michoacán, incluidas las que emanan de sus propias escuelas, para eso debería alcanzar”.

Ejemplifica: “Hay una cantidad impresionante de grupos de bailarines, de niños y jóvenes, y de cocineras tradicionales en la Tierra Caliente, pero está muy satanizada y entonces nunca los invitan. De toda la vida traen a las compañeras purépechas haciendo quesadillas, o sea, no hay nada de lo que te da el campo en los purépechas cuando van a sentarse a hacer las cosas en el Orquidario. Eso es lo que pasa cuando la cultura del pueblo la toma la Secretaría de Turismo: eventos de cocineras tradicionales donde se venden quesadillas y pozoles sin ingredientes propios”.

Para la escritora Erandi Avalos el presupuesto debe alcanzar “para que cualquier michoacano pueda gozar de sus beneficios de diversas formas: consumiendo y disfrutando eventos masivos o pequeños, importados y generados localmente; accediendo a la formación artística a cualquier edad y en todo el territorio”, pero también para que los agentes culturales y artistas estatales “tengan oportunidades de ingresos dignos, y para proyectar fuera del estado la riqueza que tenemos.

En realidad, puntualiza Erandi, el presupuesto es una inversión: “Recordemos que la economía naranja, si es bien aplicada produce enormes beneficios económicos, sociales y culturales, lo que todavía no ocurre aquí con el potencial que existe”.

Rafael Calderón señala que el presupuesto anual mayor a los 200 millones de pesos no refleja un programa editorial ni un programa de rescate de obras y autores y su difusión. Y pone otro ejemplo: en cuanto a las becas de estímulos a la creación, la Secretaría de Cultura en todo lo que lleva el presente gobierno “no ha emitido una sola convocatoria, entonces entenderíamos que no le alcanza para eso, cuando la realidad es que los presupuestos que ha tenido la Secretaría a lo largo de su existencia cubrían perfectamente esos rubros y necesidades, y lo que ha sucedido es que se han dejado de hacer”.

El escritor e investigador asegura que Méndez Fernández en su paso por la SECUM “asestó un golpe demoledor al Premio Estatal de las Artes Eréndira y es uno de los pendientes que todavía no ha revertido la presente administración y que sería deseable que se corrigieran ese tipo de hierros que tanto lastiman a la cultura”. Así las cosas, agrega, falta una visión a mediano y largo plazo, “pues pareciera que lo único que se está haciendo es administrar lo que ya se tenía, pero sin crear ni innovar, ni tampoco propiciar un desarrollo armónico entre los creadores, artistas y la propia Secretaría de Cultura”.

Para Rosanna Cedeño, en primera instancia debería entenderse a la cultura como prioritaria en la vida social, pero “no se entiende así y es un rubro al que no se le da mayor presupuesto”. Es lamentable, dice, que se “gaste tanto en una burocracia cultural de la que no se sabe a ciencia cierta qué hace, dado que no se nota que realice acciones culturales”. El poco presupuesto debe destinarse para la cultura de base, asienta Rosanna. “En lugar de gastar en un gran evento de proyección, como la K'uinchekua, debería gastarse en las necesidades culturales de esas comunidades de las que están explotando sus expresiones en un evento turístico”.

También, agrega, se debe aprovechar la infraestructura cultural para ponerla al servicio de la gente que trabaja en el arte, así como generar convenios de trabajo con las distintas instancias de la sociedad civil que trabajan en la cultura, sumar a toda la gente que trabaja en gestión y que tiene sus espacios culturales. En fin, remata, “tendría que tenderse a un mayor presupuesto y a una institución menos burocratizada”.

José Eduardo Aguirre, actual integrante del Grupo ASCO y consejero del Foro CEPA, señala que el presupuesto de cultura debe alcanzar para apoyar siempre a todos los artistas en general, que se apoye a los artistas para otorgarles facilidades de vivienda y servicios de salud. Apunta: “Sucede que, a veces, los presupuestos se quedan en pocas manos de unas élites, como las becas que se las repartían entre los cuates. La cosa es que se necesita alguien que tenga riñones para entrarle con una auditoría y ver qué es lo que ha estado pasando”.

Finalmente, la docente de la UMSNH Gunnary Prado señala que lo ideal es que “alcanzara para todo, pero por lo menos debería permitir atender y coadyuvar en dos grandes rubros que yo identifico: la parte del patrimonio cultural intangible y la parte de la innovación, es decir, de todo ese sector de promotores y artistas que realizan creación actual. No se trata de becar a los miles de artistas del estado, para lo que no hay presupuesto que alcance, se trata de generar actividades estratégicas que puedan apoyar a todos los sectores”.

Víctor Rodríguez, comunicólogo, diseñador gráfico y periodista cultural.

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