Samanta Schweblin: La maestra de lo perturbador conquista el millonario Premio Aena

El buen mal es el mejor libro de Samanta Schweblin hasta ahora, y eso que Siete casas vacías (2015) es maravilloso y Pájaros en la boca (2009) no se queda atrás

Víctor E. Rodríguez Méndez, colaborador La Voz de Michoacán

La escritora argentina Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) cuenta que una psicoanalista le dijo en su adolescencia: «Samanta, quizá no es que sos tan distraída, quizá lo que te pasa es que te concentrás demasiado en cosas en las que nadie más está prestando atención». Como escritora, Schweblin sigue haciendo lo mismo que antes, sólo que ahora se enfoca en crear historias sobre aspectos que pocos nos damos cuenta y, al cabo, resultan perturbadores cuando los leemos.

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Alguien dijo que en sus cuentos construye un universo literario en el que los monstruos de la vida cotidiana nos miran desde tan cerca que casi podemos sentir su aliento. No hay mejor descripción sobre su estilo literario. En uno de los cuentos de su reciente libro El buen mal (Random House en Latinoamérica y Seix Barral en España, que reedita algunos de sus títulos) escribe esto en voz de uno de sus personajes: «La locura te asusta, te distrae, pero hay que mirarla con atención».

Gracias a ese libro, Schweblin ha sido la ganadora del I Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana (dotado con 1 millón de euros) el 8 de abril de 2026, reconociéndolo como una de las obras más destacadas de la literatura hispanoamericana reciente. Y es con un libro de cuentos, su género preferido, cuya apreciación, ha dicho ella, tiene que ver con “la intensidad que tiene el cuento, la concentración en un único problema crítico, la precisión que requiere en cada paso. Pero la verdad es que es también una decisión bastante intuitiva. Cuando tengo una idea, es la propia idea la que exige su género”.

Este logro, sin embargo, no ha estado exento de polémica.

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La controversia no es contra ella personalmente, sino contra el propio premio: se critica que una empresa pública española (Aena, gestora de aeropuertos con participación mayoritaria del Estado) destine tanto dinero público a un solo galardón literario, su elevada dotación (que supera al Premio Planeta) y que una compañía de transportes entre en el mundo de la literatura con un premio tan ambicioso.

En medio de todo, Schweblin se mostró “en shock” al ganarlo y el debate ha girado principalmente en torno al uso de fondos públicos y la “vulgaridad” de hablar de tanto dinero en literatura. “Me emociona saber que estoy recibiendo un premio que es también un reconocimiento al cuento”, dijo la autora.

El mundo literario Schweblin

Cuenta Samanta Schweblin que cuando tenía 12 años dejó de hablar. No porque tuviera ningún problema psicomotor o en sus cuerdas vocales, sino porque le frustraba mucho el lenguaje, porque la superaba la enorme diferencia entre lo que ella quería decir, transmitir, y lo que entendía la gente. En realidad, tenía un completo desinterés por el mundo que le rodeaba, según dice la escritora hoy radicada en Berlín.

Así llegó a la literatura, la que le dio “la oportunidad de poder manipular el lenguaje con una pinza casi científica, aunque tome días, meses, años para decir exactamente lo que quiero decir”. Quizá por eso escribe como escribe; porque Samanta Schweblin es dueña de una narrativa poderosa y cáustica, muy atrayente. Se deja llevar por su fascinación por lo extraordinario, lo anormal, lo insólito. Y curiosamente, dice ella, no necesita salir del núcleo familiar para encontrarlo: “está todo ahí”.

Es en este ámbito —lo familiar, el espacio de convivencia de padres, madres e hijos e hijas— donde Schweblin explora y descubre universos enigmáticos al describir con tozudo estilo algunos miedos y terrores cotidianos. En sus novelas y cuentos encontramos atmósferas extrañas, densas, manteniendo siempre una tensión realmente inquietante y, en algunos casos, atosigante.

La lectura de los libros de esta gran autora permite punto de reconocimiento y gozo pleno con el poder narrativo, que en este caso tiene un sello muy particular entre la literatura fantástica existente hoy en día.

Al cine

Permítanme un desfase para hablar de la película Distancia de rescate (2021), dirigida por la cineasta peruana Claudia Llosa y basada en la novela del mismo nombre de Samanta Schweblin, publicada en 2014, que está disponible en Netflix.

“Tarde o temprano algo va a suceder, y cuando pase quiero tenerte cerca”. Entre la diatriba del cine y la literatura, su relación y sus diferencias, la película recoge las sensaciones difusas que produce la historia escrita sobre las obsesiones, la maternidad y el terror. La cinematografía la convierte en un thriller de suspenso cuya trama involucra, además de los temas anteriores, el abuso ecológico y sus consecuencias desastrosas.

Si bien la película pierde las sutilezas y la exploración narrativa, la atmósfera y los personajes ahí están, moviéndose muy bien entre lo extraño y lo insólito, recortados con exactitud para la escena fílmica. Dolores Fonzi y María Valverde están muy bien en los papeles principales como madres que, aparte de advertir una catástrofe, también están expuestas a la vulnerabilidad de la pérdida.

En este sentido, Distancia de rescate es una película de terror desde la perspectiva de la maternidad, o quizá —mejor aún— desde el lado más oscuro de la maternidad: la distancia de rescate como el hilo invisible que ata a una madre con su hija/o para evitar cualquier riesgo o peligro; de ahí que, entre otras cosas, se trate del miedo, el misterio y lo esotérico en las relaciones entre madres e hijos/hijas. Es perturbadora y algo incomprensible, a ratos. En todo caso, tanto la novela como la película son de una bella rareza. Dicho esto, la película es buena, pero con todo y todo recomiendo más la novela.

Volviendo a la literatura, me parece que El buen mal es el mejor libro de Samanta Schweblin hasta ahora, y eso que Siete casas vacías (2015) es maravilloso y Pájaros en la boca (2009) no se queda atrás; de hecho, vistos en conjunto, estos tres libros reflejan el proyecto literario de una autora marcado por un estilo característico basado en la tensión psicológica, atmósferas inquietantes, y cuando lo extraño irrumpe en lo cotidiano

Por tanto, resulta fascinante su prosa fina y efectiva, la construcción de sus personajes, los destellos emocionales que provocan sus historias llenas de detalles perturbadores y personajes quebrados, afectados irremediablemente por un desatino, una enfermedad, una herida o un dolor intrínseco que los pone siempre al borde de la ruina.

¿Cómo es que el mundo extraño de Samanta Schweblin nos provoca tanta fascinación e, incluso, nos hace sentir confortables? En este caso, se trata de seis relatos proyectados por la culpa y el malestar, por el sentido de vulnerabilidad y la anticipación de la tragedia, por los cuidados fallidos y, sobre todo, por el aislamiento y la necesidad de interconexión. Tal como ella misma reconoce, en estos textos no hay nada que no pueda suceder y, a la vez, nada que esté fuera del orden de lo posible, tal como lo hace en sus otras obras.

La crítica describe a El buen mal como perturbador, magnético y con una precisión “quirúrgica” para generar incomodidad y empatía al mismo tiempo.

Samanta Schweblin dice que básicamente ella es lectora de cuentos y que le atrae el género «por la energía que puede acumularse en tan pocas páginas y el impacto que estas historias logran sobre un lector». A mí también me atraen sobremanera los cuentos, por las mismas razones que ella. Y, por lo mismo, amo sus cuentos por el estado de fascinación y desasosiego que me provocan, sin darle vuelta a la realidad compleja que vivimos.

Víctor Rodríguez, comunicólogo, diseñador gráfico y periodista cultural.