Cultura. Con casi cuatro décadas de trayectoria en la administración cultural del país, Saúl Juárez Vega es al día de hoy un funcionario mexicano cuyas reminiscencias michoacanas lo colocan como un personaje importante en la administración pública. Formado como escritor y promotor cultural, inició su carrera en proyectos editoriales como la revista Tierra Adentro antes de incorporarse de lleno a la gestión pública, ámbito en el que ha destacado de manera discreta, pero con la presencia suficiente para llamar la atención por su persistencia y resistencia, con todas las luces y sombras que se le puedan atribuir. Su trayectoria muestra una continuidad poco común dentro del aparato cultural del Estado mexicano durante al menos cuatro décadas (1980-2018). Su permanencia en distintos gobiernos evidencia su papel como un funcionario técnico más que como una figura pública mediática, caracterizado por una labor sostenida en el diseño y operación de políticas culturales, particularmente en temas de descentralización y coordinación institucional, según su propia trayectoria y la opinión de otros personajes con quienes ha colaborado. Su trampolín fue, sin duda, la dirección del Instituto Michoacano de Cultura (IMC), donde se enfocó a la organización de programas culturales estatales y a la promoción de actividades fuera de la capital del estado. A lo largo de su posterior carrera ha ocupado cargos clave en instituciones como el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA, ahora INBAL). Como responsable de descentralización, impulsó mecanismos de financiamiento cultural en los estados y promovió circuitos artísticos nacionales, una de las apuestas más duraderas del modelo cultural contemporáneo en México. Fue responsable de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y participó en la transición hacia la Secretaría de Cultura federal actual, donde se desempeñó como subsecretario de Desarrollo Cultural, su más reciente actividad administrativa. Hoy se encuentra distante de tales actividades, más dedicado a la escritura, ambiente en el que también se ha desempeñado como autor de diversos libros. Quienes lo han tratado lo describen como un hombre sobrio, más inclinado a escuchar que a declarar. Juárez ha resistido sexenios, cambios de discurso y reacomodos políticos. Sin embargo, su trayectoria se ha construido en oficinas, presupuestos y decisiones que rara vez trascienden al debate público y que lo definen como un funcionario que, sin ocupar el centro del escenario, ha estado siempre detrás de él. Su estadía en Michoacán Nació el 27 de febrero de 1957. Narrador, poeta y promotor cultural. Estudió Derecho en la UNAM. Fue director general del IMC de 1986 a 1988, periodo que en esta entrega pasamos a revisión por medio de algunos personajes que estuvieron cerca de él en su administración o le siguieron de cerca. El escritor Raúl Mejía García rememora que la administración de Saúl fue muy breve. “Creo fue Genovevo Figueroa quien lo despidió por hacer una presentación de un libro en una cantina cuando llevaba poco más de un año y medio. Para mí, Saúl siguió una ruta que ya había iniciado Humberto Urquiza: un acercamiento real con los artistas michoacanos”. La diferencia, agrega el ya jubilado funcionario cultural estatal, “si nos ponemos a hurgarle, Saúl era un tipo muy conectado con los artistas (sobre todo escritores) de México y eso dio por resultado no sólo que hubiera eventos de mucha calidad, sino que el IMC tuviera como director a un burócrata formado íntegramente en el medio cultural. Eso no ha vuelto a ocurrir desde entonces… No al menos con relación al nivel profesional y de relaciones que Saúl tenía. Fue una pena que lo hayan quitado de ese puesto”. Octavio Vázquez, artista y quien fue el último director del IMC, asegura que Saúl Juárez al frente de esta institución dio orden a los proyectos que provenían de la comunidad artística, “confirmando con ello, por primera vez, su convicción por la continuidad de una política cultural que, si bien quedó inconclusa, obtuvo resultados aprobados por la población, aun enfrentando diferencias políticas”. Recalca que su presencia en Michoacán fue breve, pero “sentó bases importantes no solo en las programaciones de la institución y el orden presupuestario, que se distribuyó por todo el estado de un modo real y cercano a cada población”. Agrega que Saúl Juárez “creó una agenda permanente, programada para que el diálogo con todos los presidentes municipales diera cuenta de necesidades inmediatas y crear con ello una comunicación ininterrumpida desde la dirección del IMC”. Entre otros resultados, señala Octavio, “se fortalecieron las relaciones políticas con las instituciones de más alta jerarquía a nivel nacional y se hizo una difusión de los valores de la cultura popular, la que nos es representativa, y fuera dada a conocer en ámbitos nacionales más amplios”. Por su parte, Jaime Hernández Díaz, ex funcionario estatal en el área de cultura en dos periodos —director del Instituto Michoacano de Cultura y secretario de Cultura de Michoacán—, reconoce tener poca información sobre la gestión de Saúl Juárez al frente del IMC. “Yo mismo, cuando ocupé ese honroso cargo, no tuve acceso a toda la documentación que pudiera dar cuenta de las gestiones anteriores”. Asimismo, recuerda una gestión “muy breve en medio de una situación política muy complicada en el estado de Michoacán, poco favorable para el diseño de una política cultural más amplia. Creo que ése es un factor que impidió que trascendiera más su papel como director de esta institución”. Cristina Paz, ex propietaria de La Librería y quien estuvo de cerca de Saúl Juárez en su época inicial como funcionario estatal, señala que se trata de “una persona con un gran humor, serio, con una gran sensibilidad y comprometido con su trabajo; puedo decir que es un gran ser humano”. Lo recuerda como un joven poeta llegado a Morelia con grandes planes para promocionar la cultura de Michoacán. Parte de esos planes fue reunirse con los directores de casas de cultura, con quienes habló de homogeneizar y promover en cada casa de cultura una gran apertura para que los habitantes pudiesen desempeñar y presentar su actividad cultural. En lo que respecta a la Casa de la Cultura de Morelia, añade Cristina, “tuve la suerte de ser partícipe en ese momento y se logró que los talleristas realizaran un programa específico con objetivos y resultados para que los alumnos tuvieran los estudios de lo que querían ser”. Recuerda también que se abrieron talleres para niños con un gran éxito, así como el primer taller de baile de salón y de serigrafía. “En lo que se refiere a la promoción en el interior del estado hubo una gran apertura para que todo mundo tuviese la oportunidad de presentarse en la capital y manifestar su folclor o su actividad artística. Fue una lástima que los planes no se realizaran como se tenía pensado, puesto que desgraciadamente duró dos años y medio”. Poeta, dramaturgo, novelista y director de teatro, Neftalí Coria considera al respecto que en aquel tiempo se logró una mayor apertura hacia la promoción de las artes en general con una visión de mayor amplitud, pese al “gobierno monolítico y con visiones precarias sobre la cultura”. Añade: “Saúl Juárez se sobrepuso a tales modelos y, aunque abrió puertas a la literatura, a las artes plásticas, después de su breve gestión, volvieron los mismos vientos del priismo”. Luis Jaime Cortez, ex rector del Conservatorio de las Rosas y primer secretario de Cultura de Michoacán, cree que la dirección de Saúl Juárez como director del extinto IMC es “una de las épocas más brillantes de la gestión cultural en Michoacán (ha habido al menos dos de ellas, ambas ligadas al impulso de un Cárdenas)”. Agrega: “Fue, por ejemplo, en colaboración con Tovar (y de Teresa), un eslabón fundamental para el crecimiento ejemplarmente exitoso que tuvo el Conservatorio de las Rosas desde 1994 hasta la muerte de Tovar (lo sé como testigo presencial: mi gestión como rector de la institución inició en 1994 y terminó en 2017, pocos meses después de la muerte de Tovar). Fue colaborador cercanísimo del gobernador Lázaro Cárdenas Batel, y en muchos de los logros culturales de ese periodo Saúl se encuentra tras bambalinas”. Los altos vuelos de la cultura oficial Después de su experiencia michoacana, Saúl Juárez fue coordinador nacional de la Red Nacional de Casas de Cultura y Talleres Literarios, a lo que le siguió una extensa carrera administrativa en el sector público de la cultura a nivel federal: director de Servicios Culturales del INBA; director de la revista Tierra Adentro; de 1992 a 1995 fue director general de Descentralización en CONACULTA; director general de la misma institución de 1995 a 2000. De diciembre de 2001 y hasta 2006 ocupó el cargo de director general del INBA; fue titular de la Dirección General de Bibliotecas (2006-2007), cargo que tuvo que dejar tras cuestionamientos por el uso de la Biblioteca Vasconcelos; secretario ejecutivo del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla de abril de 2011 a diciembre de 2012; en enero de 2013, el entonces presidente del CONACULTA, Rafael Tovar y de Teresa, le dio posesión como titular de la Secretaría Cultural y Artística de del extinto CONACULTA, hoy Secretaría de Cultura del gobierno federal. Al final de su carrera burocrática fue subsecretario de Desarrollo Cultural de la misma Secretaría de Cultura cuando fue titular María Cristina García Cepeda. En todo este tiempo, fue colaborador como escritor de Casa del Tiempo, El Gallo Ilustrado, El Puente, La Jornada Semanal, Punto de Partida, Revista de Bellas Artes, Revista Universidad de México, suplemento Sábado y Tierra Adentro. El narrador Raúl Mejía cuenta que, luego de salir del IMC, Saúl empezó a ocupar posiciones cada vez más relevantes en la estructura burocrática. “No sé cuáles puestos en específico… salvo que fue director de Bellas Artes, pero llegó más arriba en el organigrama con Tovar y de Teresa, el presidente de CONACULTA. Pienso que desde la CDMX fue un funcionario, ¿cómo decirlo?, impecable”. Para el pintor, grabador, dibujante y promotor cultural Octavio Vázquez, como funcionario público, Saúl Juárez ha desempeñado tareas como promotor cultural desde hace muchos años y durante varios gobiernos “y pocas personas han testificado la transformación de esta tarea a la vuelta del tiempo, vista como trabajo de campo y resuelta desde el escritorio de una institución”. Añade: “Siempre ha sido partidario defensor de la producción artística y autor de programas que han causado cambios administrativos y, como consecuencia, cambios de rumbo institucional para beneficio del trabajo promocional”. En tanto, la gestora cultural Cristina Paz considera que Saúl Juárez —desde que ella estuvo en el Departamento de Literatura del IMC— promovió ampliamente a escritores y poetas. “Cuando estuvo en el Centro de las Artes realizó un gran trabajo, incluyendo las nuevas tecnologías, y reafirmó cada una de las bellas artes con grandes maestros para los alumnos que se inscribían en este lugar. En Bellas Artes, la promoción cultural se amplió con la presencia de grandes exposiciones, conciertos y de literatura. En CONACULTA hubo una apertura hacia el interior del país, donde se dieron a conocer figuras de gran calidad. En general puedo decir que Saúl Juárez lleva la promoción y difusión de las artes en la sangre, por la sensibilidad que tiene como artista”. El también ex rector de la UMSNH Jaime Hernández asegura que Saúl Juárez hizo contribuciones importantes en el campo del diseño de una política cultural en un proceso en el que se daban los primeros pasos de cambios políticos en nuestro país. “Yo haría énfasis en su visión y su contribución al diseño de una política de descentralización de las actividades y de las funciones culturales en nuestro país. No de descentralización de la cultura, que es un concepto muy rebasado, sino de la descentralización de políticas culturales que atendieran de manera muy significativa las necesidades que se estaban viviendo en las regiones, en los municipios, en los estados del país porque, hasta ese momento, y desde luego que no fue suficiente la labor que él desempeñó la política cultural de nuestro país, era una política muy centralizada”. Añade que durante los años en el CONACULTA “siempre mostró una gran creatividad y capacidad para diseñar políticas de apoyo a las actividades culturales en las entidades federativas”. Señala que en su experiencia al frente de las instituciones culturales de Michoacán siempre encontró en Saúl Juárez un aliado muy importante: “Un funcionario que sabía escuchar; muy discreto en su quehacer y en sus actividades, pero en términos generales muy comprometido con los quehaceres culturales en las diversas entidades federativas”. Para Neftalí Coria no es fácil calificar la labor de funcionarios, que también son creadores, porque “siempre sus buenas intenciones de ayudar de verdad a la cultura, a la promoción de las artes y, sobre todo, dignificar a los artistas, siempre encontraron muros burocráticos imposibles de cruzar”, dice el también coordinador de talleres de poesía y novela. “Pero las intenciones se recuerdan y valoran”. Por su parte, el compositor, director de orquesta, investigador y docente Luis Jaime Cortez asegura que Saúl Juárez “es uno de los grandes personajes de la gestoría cultural de México”. Recalca el hecho de haber sido discípulo de Víctor Sandoval (inventor de las casas de cultura) y colaborador infatigable de Rafael Tovar y de Teresa, además de ser director de Bellas Artes, director del CENART, subsecretario de Cultura y muchas cosas más en cargos cuyo nombre han desaparecido de los organigramas. “Su michoacanidad adoptiva se mostró por décadas en el apoyo a múltiples proyectos siempre atendidos con discreción ejemplar. La cantidad de proyectos apoyados por él en Michoacán desde sus distintos puestos es apabullante: desde su puesto en el CENART contribuyó a la creación del Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras (CMMAS) y del Centro Regional de las Artes de Zamora. Lo mismo en el caso del CEDRAM y del Teatro Rocinante”. Saúl Juárez, el escritor Como escritor, Saúl Juárez es autor de los libros de cuento La realidad es lo increíble (colectivo), UNAM, Punto de Partida, 1979; Tiene que haber olvido (colectivo), UNAM, Punto de Partida, 1979; Paredes de papel, Delegación Venustiano Carranza, Práctica de Vuelo, 1981; Más sabe la muerte, Oasis, 1983; Los siete pecados capitales (colectivo), CONACULTA/INBA/SEP, 1989; Si van al paraíso, UNAM-Dirección de Literatura, Textos de Difusión Cultural, Serie Rayuela, 1994; Señales de viaje, Planeta, Narrativa, 1995; La calle de los fresnos, Taller de Encuadernación y Serigrafía “Hecho a mano”, 2002, Secretaría de Cultura de Colima, Artes y Ciencias, Colima, 2003. Es autor también de los libros de poesía Es agua esta luz (UNAM, El Ala del Tigre, 1995) y El viaje de los sentidos (Verdehalago, 2000). En 2023 publicó Breves historias del mundo frágil, que reúne una serie de cuentos, crónicas y estampas breves, cada uno de no más de mil 700 caracteres, que con el nombre de «Mirador» fueron publicadas todos los lunes desde 2018 en el periódico La Voz de Michoacán, donde sigue colaborando. Vale decir que hace unos años donó su biblioteca al UNAM Centro Cultural Morelia, cuya sala de lectura lleva su nombre. Raúl Mejía reconoce haber leído poco de la obra de Saúl. “Siendo director del IMC publicó un libro que es una especie de anécdotas en donde se detiene en cosas interesantes que le pasaron siendo director del IMC. Lo que he leído de él es más por sus breves textos en La Voz desde hace no sé cuántos años. Mi impresión es de alguien a quien los cuentos (como género) no le gustan. O sea, es un narrador que domina el género y sus cuentos (porque eso son, por lo general) son técnicamente muy buenos… pero te digo, a mí leer o escribir cuentos no me atrae. En alguna ocasión me comentó que, por influencia de Tovar y de Teresa estaba descubriendo lo amplio y relevante que era la música. Creo que se convirtió en un melómano respetable”. Octavio Vázquez señala que en la parte literaria disfruta leerlo, aunque aclara que su opinión dista de ser la de un crítico literario. “Me parece que su literatura está llena de los temas más cercanos al origen, que da vida a las querencias, a los temas más entrañables, como la realidad de la tierra, y me hace caminar por donde caminaba cuando era niño. Me tocó en suerte hacer uno de sus libros, construirlo totalmente a mano, un libro artesanal impreso por completo en serigrafía, La calle de los fresnos, en un taller que él apoyó desde su nacimiento: el Taller Hecho a Mano”. La ex funcionaria cultural Cristina Paz considera que ser narrador, poeta o escritor no es fácil. “Como narrador me recuerda a Bach, que en su época de más trabajo tenía que hacer una cantata o una sinfonía cada semana para las iglesias que componía y lo hizo de forma extraordinaria. Así Saúl, cada semana presenta en La Voz de Michoacán su columna, todas distintas, algunas chuscas, otras históricas, otras alegres y tristes; eso no creo que sea fácil y solo una persona con gran talento lo puede hacer. Ya ni sé cuántos años tiene escribiendo y que, yo recuerde, ninguna igual”. Neftalí Coria apunta que Saúl Juárez es “un narrador hábil y diestro”. El director de la Editorial LunaMía Ediciones agrega: “Soy su lector y su remoto amigo, y admiro algunos de sus cuentos. Creo que su narrativa es de un gran valor y debe encontrar mejores ecos editoriales”. Luis Jaime Cortez se extiende más al respecto. “He mantenido con él una entrañable, profunda y numerosa amistad libresca. Es uno de los tres mejores lectores que conozco: cada que hablábamos yo salía directo a la librería con diez o doce libros por descubrir (muchas veces esa librería era la Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, cerca de la que fue su oficina por muchos años). Sus recomendaciones siempre han sido, hasta ayer por la tarde, infalibles. Y sus consejos de escritura, reveladores y generosos. Donó su biblioteca a la sede moreliana de la UNAM, y se puede consultar en la sede de extensión universitaria, en la calzada. Hoy vive en una plenitud envidiable, escribiendo, por fin, de tiempo completo”. El músico y compositor agrega: “Saúl Juárez hizo siempre las cosas como se debe: sin hacerse notar. Es un ejemplo de ética y profesionalismo, al grado de que fue dejando en las sombras su actividad de escritor: nunca usó las influencias que le habrían permitido, desde las altas esferas del poder, promocionar su obra, publicarla, otorgarle visibilidad artificiosa, como ha ocurrido con más de alguno. Pero es uno de las grandes poetas y prosistas michoacanos, sólo que secretamente hasta ahora”. En una entrevista con este periodista en 2023, a la pregunta de ¿por qué escribe?, Saúl Juárez aseguró: “A veces escribo porque me resulta necesario decir algo que me conmueve, a veces lo hago para olvidarlo. Siempre es distinto. En ocasiones escribir es una fuga. Nunca se sabe bien, pero no le concedo al motivo de escribir una virtud digna de analizarse, no al menos en mi caso puesto que, cada vez, hay razones diferentes para sentarse a escribir y, entre ellas, no se cuentan la de dejar huella o la de que mis amigos me quieran más”. Víctor Rodríguez, comunicólogo, diseñador gráfico y periodista cultural.