Tradición musical a sus 34 años, la “Bola Suriana”

El grupo con lleva la “buena estrella” que profeta en su misma

Foto: Cortesía Rolando López

Víctor E. Rodríguez Méndez / Colaborador de La Voz de Michoacán

A 34 años de su fundación, el grupo de música tradicional Bola Suriana es auténticamente un “profeta en su tierra”. Rolando López Monroy (Ciudad de México, 1957), guitarrista, compositor e integrante fundador de Bola Suriana, se sincera y se declara sorprendido por todo lo que ha pasado con el grupo y valora con mucha satisfacción el reconocimiento positivo por parte del público hasta el momento. Y es que Bola Suriana es un grupo con “buena estrella”, dice Rolando López en entrevista. 

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Conocido popularmente como “El Pollo”, Rolando manifiesta vivir actualmente un momento de plenitud, aunado a que en 2024 se cumplen treinta años de los conciertos didácticos que Bola Suriana ha realizado en escuelas con el apoyo de las autoridades educativas, para lo cual está en preparación un festejo que incluye la producción de un disco con canciones para niñas y niños. Además, por si fuera poco, desde el año anterior el músico e intérprete ha dado a conocer su faceta de escritor con la publicación de un libro de crónicas autobiográficas. 

Rolando López Monroy llegó a Morelia a los 14 años, en 1971. Su madre administraba una casa de abonados para estudiantes, donde Rolando ayudaba en las labores cotidianas. Ahí, en la convivencia con los otros jóvenes, tuvo su primer acercamiento con la música, según recuerda. “Muchos chavos traían sus guitarras y yo me les pegaba. Tocaban las canciones populares de esa época. De esa forma se me fue despertando el gusto por la música, aunque en la CDMX, antes de venir, ya había tenido la inquietud”

En sus tiempos de secundaria creció su motivación por la música y no dudó en emplearse más a fondo, aun cuando su madre lo instaba a no dejar la escuela. Rolando cumplió realizando estudios de técnico agrícola en el C.B.T.a. núm. 7 de La Huerta, y así pudo dedicarse de lleno a la música. “Era una época en la que andaba del tingo al tango. Empecé a tocar con grupos de música comercial en fiestas de colonia, luego en bares y en esa travesía conocí a otras personas y otros géneros musicales, como la trova y el canto nuevo, que vivían un tiempo de apogeo y fueron los que más llamaron mi atención”.  

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Fue entonces cuando Rolando decidió buscar algo diferente. 

Entrados los 80 incursionó en el ambiente cultural. Colaboró haciendo música de fondo para las presentaciones declamatorias de Jesús y Cecilia Izarrarás; luego vino la conformación de su primer grupo: Los Guitarreros, con el que tocaba música tradicional y trova, sin dejar las tocadas de música comercial con La Niebla. En esos momentos tuvo el “atrevimiento” de cortar con ese género y pasar a la música tradicional. “A partir de ahí, con mucho sacrificio y esfuerzo di el paso para dedicarme más a esto. Estaban de moda las peñas, de hecho, en El Colibrí hacíamos temporaditas con Cecilia y Jesús y también con Los Guitarreros”.  

Hubo un lapso, incluso, en el que Rolando hizo una gira como solista por varias localidades de Michoacán como parte del programa ISSSTE-Cultura, lo que de alguna forma lo llevó a fraguar el concepto de lo que sería Bola Suriana, que surgió en enero de 1990. A propósito de una gira por Suecia y Dinamarca se conformó la primera versión de Bola Suriana con Rolando López y José Luis López Pedraza, de Los Guitarreros; Alejandro Castro Lemus y Nicolás Lomelí, de Canto Noble; Marco Antonio Sánchez Lemus, de Tierra Mestiza; e, incluso, Joaquín Pantoja fue parte de la agrupación por un tiempo breve. El resto, dicta el lugar común, es historia. 

Sorprendido y agradecido 

¿Cómo resumes estos 34 años de vida artística con Bola Suriana? 

—Estoy sorprendido. A mis 66 años volteo a ver en perspectiva todos los años y me siento muy halagado por cómo se ha portado la vida conmigo, realmente me ha dado mucho y estoy súper agradecido, porque se fueron dando las cosas de tal forma que ha sido un deleite, aunque también ha habido momentos difíciles y muy traumantes en la historia del grupo como la salida de algunos integrantes, la falta de trabajo, las limitaciones económicas o un accidente automovilístico terrible cuando apenas iniciábamos. 

“A final de cuentas”, añade, “tenemos la gran satisfacción de haber hecho lo que hemos querido y, sobre todo, contar con la aceptación del público, que nos aprecia mucho. Es toda una experiencia de vida”

Rolando cree que haber tenido su propia peña folklórica en los 90 ayudó a ser más reconocidos popularmente en Morelia, así como las constantes giras por el interior del estado. Además, lo singular del estilo y el repertorio han consolidado el sello distintivo del grupo, dice. “Visto así, el grupo goza de plena salud y con mucha motivación para seguir adelante y ojalá sean muchos años”

El músico resalta el hecho de que Bola Suriana es un grupo de música tradicional mexicana que está muy enfocado en melodías michoacanas. “Ha sido así porque de aquí venimos. Siempre le damos prioridad a nuestros estilos de la música tradicional de acá, aunque también reconocemos la influencia del folclore andino, con el que estamos muy emparentados”

Bola Suriana ha realizado giras constantes por buena parte de los países de Europa, así como por Canadá y Estados Unidos, sin faltar presentaciones en Sudamérica. A la República Mexicana la han recorrido muchas veces, según señala “El Pollo”. “El grupo tiene una suerte de brújula, una brújula que constantemente está moviéndose y nos está dirigiendo hacia dónde ir, haciendo casi una gira por año. Nos hemos dejado llevar por esa suerte de libertad que nos da la música. Somos causa y efecto”

Bola Suriana cuenta con 23 producciones discográficas. La más reciente (Para bolos y bolitos), apunta Rolando, será presentada en breve y tiene que ver con el aniversario 30 de dar conciertos en las escuelas, una experiencia que entusiasma mucho al grupo. “Piénsalo así: aquellos niños a los que dimos un concierto hace 30 años, muchos de ellos se han casado y tienen familia y son ahora los adultos que llevan a sus niños a los conciertos o les platican sobre nuestra música”

Estos conciertos didácticos, revela Rolando, tendrán un evento de aniversario. “Recientemente le hemos dado un enfoque ecológico, con el que planteamos problemas serios sobre lo que estamos viviendo y nos interesa mantener vigente este tipo de mensajes. Al llegar a los treinta años de conciertos didácticos me gusta pensar que me han dejado un corazón de niño. Es algo un poco difícil de explicar, porque, imagínate, nos plantamos ante 300 o 400 niños de primaria y a veces decimos: «dios mío, ¿qué hacemos?». Así hemos aprendido a desarrollar una identificación y un patrón de conducta para atrapar a los niños, los metemos a corear canciones, a hacer ritmos y a bailar. Ha sido todo un desafío con el que hemos desarrollado un repertorio tanto original como de autores muy conocidos y sobre eso les ponemos dinámicas”. 

A 34 años de su origen, dice Rolando, el grupo se ha mantenido alejado de cualquier estrellitis. “De alguna manera nadie es más líder que otro. Recordemos que el grupo se llama Bola Suriana en homenaje al ejército de Emiliano Zapata, por lo que tratamos de mantener ese tipo de espíritu democrático y cooperativo, en el que nos gusta sumar en vez de restar”

“Somos un grupo con buena estrella, definitivamente”, señala con evidente alegría. 

Foto: Cortesía Rolando López

Un libro escrito con el corazón 

Incansable, aunada a su labor musical, Rolando López se adentró desde hace un lustro en la redacción de un libro sobre su vida: Los augurios de octubre. Una crónica autobiográfica alrededor de la música y la cultura. Explica que desde niño tuvo la inquietud de escribir, como una manera de fugarse de lo cotidiano. “Es como una manía que tengo de hacer notas. Desde que empecé a tocar en la música comercial me clavé en realizar una especie de diario o bitácora. Ya en el grupo ha sido una práctica constante el llenar las agendas. Tengo un archivo lleno de papeles, libretas y agendas”. 

Sobre la motivación de escribir un libro autobiográfico, Rolando López señala que al cumplir 50 años le surgió un cuestionamiento vital: «¿Quién soy?, ¿qué hecho en la vida?, ¿a qué le tiro?». “Me pegó mucho la crisis de los 50 años y empecé a soltar los deditos. Quise darle forma a esos textos, pero no pude; haz de cuenta que me perdía, así que aventé todo al cajón y decidí dejar pasar el tiempo. Previo a los 60 lo retomé y empecé a escribir de nuevo. Bola Suriana estaba por cumplir 30 años y pensé que también sería bueno desarrollar, a la vez que mis broncas existenciales, algunas cuartillas sobre el grupo para promocionarlo por sus 30 años, y de repente —como por arte de magia— como imanes se pegaron esos dos aspectos y ya no pude separarlos”. 

La crónica autobiográfica de Rolando López va desde 1967, cuando era niño, y luego va escalando hasta su experiencia artística. “En las crónicas de mi vida voy intercalando lo del grupo, por lo que se crea una especie de tejido. Creo que suena interesante; varias personas me han leído y lo ven muy bien, muy ingenioso”

¿En qué momento te encuentras en estos momentos? ¿Cómo te sientes? 

—Me siento muy pleno. Por un lado, muy satisfecho y, por el otro —y no es pose—, muy sorprendido. La vez que presentamos el libro digital en el auditorio del Centro Cultural Universitario de repente tuve un lapsus y me pregunté: «¿En qué me metí con esto del libro?, ¿de dónde salió el impulso de escribirlo». Hasta la fecha yo no sabía que tenía la cualidad o característica de escribir, pero me siento muy satisfecho; estoy consciente de lo que he hecho, de lo que fui y de lo que quiero hacer en un futuro. Haz de cuenta de que ya cumplí; me puedo morir ahorita y decir: «Ahí está mi legado, un libro que está escrito con el corazón»