EFE / La Voz de Michoacán Madrid.- Apagado, insensibilizado, incapaz de imaginar y a la vez hambriento de autenticidad y reconocimiento. Así ve Silvia Bardelás al ser humano del siglo XXI y a él se dirige 'Una conciencia nueva' (Acantilado), un ensayo que acude al rescate de la vitalidad perdida, y que además de en España ahora, llegará a las librerías de EE.UU. y Latinoamérica en los próximos meses. Cuenta la autora, que además es filósofa y editora en España de autores como Jon Fosse o Percival Everett (De Conatus), que el libro lo escribió a lo largo de un verano, cada día después de un baño helado en el océano, y esa energía ha contagiado el libro de principio a fin. Con una mirada "ingenua" -que no inocente, aclara, en latín 'ingenuus' significa "nacido libre", "natural"- y literaria, Bardelás (Vigo, España, 1967) cita tan pronto a Schopenhauer como a su abuela y combina reflexiones filosóficas con escenas novelescas de su vida y referencias literarias y cinematográficas. En su recorrido afloran muchos de los grandes debates del mundo actual, desde el auge de los discursos identitarios a los problemas de salud mental, del impacto de la IA y las redes sociales a la cultura de la cancelación o el éxito de Rosalía y Taylor Swift, del culto al cuerpo y las teorías conspirativas a la acogida de figuras como Trump o Javier Milei. "El éxito de personajes como Trump o Milei es que se presentan a sí mismos como auténticos", dice a EFE Bardelás, "están por encima de las ideologías, de las razones y mucha gente quiere eso para sí misma, por eso les llega". "En realidad, son unos megalómanos preocupados por su propio ser", aclara. "Lo mismo Trump que un chico en un instituto que mata a veinte, buscan un reconocimiento, ser alguien, y es una necesidad humana normal, pero no por encima ni por debajo de otros, sino un reconocimiento en tu singularidad". "Somos un DNI, una cuenta bancaria y un grupo de interés" Lo que nos ha llevado hasta aquí es "el exceso de abstracción", según Bardelás. "La razón se ha desligado de la inteligencia sensible, estamos todo el rato criticando, pero la crítica no nos lleva a ningún lado; me di cuenta de que teníamos que dar un salto y, como humanos, pensarnos desde otra perspectiva, con otra conciencia". En ese análisis, la autora constata que hemos cambiado vitalidad por comodidad. "Sentir es lanzarse al vacío, vivir una aventura, pero preferimos no sentir y estar en la comodidad de cumplir un papel que enfrentarnos a lo desconocido". E ilusión por felicidad. "El sistema no se basa en que aprecies la felicidad, sino en constantemente generarte ilusión, crear necesidades para que consumamos, de manera que yo siempre quiero ser algo que no soy y tener algo que no tenga". En un mundo tan poco auténtico, donde los regalos se cargan a una cuenta bancaria y los libros infantiles inculcan valores y no conocimiento, los humanos anhelamos "experiencias" y eso también lo detecta el sistema, que ofrece "planes", sean viajes llenos de actividades o cenas románticas de San Valentín. "No somos capaces de crear experiencias que nos den vitalidad y preferimos que nos las vendan, simplemente obedecemos, nos adaptamos. Somos un DNI (documento español de identidad), una cuenta bancaria y un grupo de interés", afirma la escritora, aunque a la vez recuerda que "no somos víctimas" de ese sistema. La IA no es inteligente Por eso habla de un "cambio de conciencia" que suponga un cambio en el modo de relacionarse y que permita conectar con otros desde la intimidad y la sensibilidad. "Esa es mi idea de revolución y eso lo tenemos que hacer cada uno de nosotros, no en grupos". Bardelás apuesta por la cultura como motor de relaciones, pero no la cultura en un sentido académico. "Hay gente que no ha leído libros y tiene una cultura exquisita, porque es capaz de generar una conversación, de pensar, de relacionarse", dice. "Saber no es conocer, para conocer hay que sentir y este mundo tan sabio no nos permite conocer porque no nos permite sentir, por lo tanto, no tenemos cultura", concluye. Sobre la IA, destierra los discursos catastrofistas y agradece que haya renovado, tras mucho tiempo de olvido, el interés por la filosofía, es decir por la pregunta de qué nos hace humanos. Eso sí, propone que se le cambie el nombre, porque la palabra 'inteligencia' genera confusión. "Es una herramienta, puede quizá superarnos en razonamiento pero no en pensamiento ni en creatividad. Por otro lado, creo que nos acabará aburriendo. La cabra tira al monte y el ser humano al ser humano". EFE