Manuel Guízar, en preparativos para puesta en escena en el Corral de la Comedia

Con 55 años de trayectoria, Manuel Guízar pronto estrenará obra en el Corral de la Comedia, su “casa para la creación y el arte”

Redacción / La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán. Primer actor de la capital michoacana, director escénico, gestor cultural y pionero del Corral de la Comedia en Morelia (1988), Manuel Guízar ha participado en más de 400 obras de teatro, distintos programas de radio y radionovelas, 4 películas, teleteatros, programas unitarios en Televisa y en telenovelas como “Los ricos también lloran”, “Mundo de juguete”, “Rina”, “Blanca vida”, “El derecho de nacer”, “El pecado de Oyuki”, “De frente al sol”, “Carrusel”, “Lazos de amor”, "Mentir para vivir" y "Qué ricos tan pobres". Además ha actuado en distintos festivales internacionales como el Cervantino, el de La Habana, en el Alburquerque y en el Bulgaria. Con 55 años de trayectoria escénica pronto estrenará obra, bajo la dirección de Fernando Ortiz Rojas, en la primera semana de octubre.

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Desde temprana edad, Manuel Guízar demostró tener talento para la declamación, mismo que despertó su maestro de primaria, don Nacho Martínez, en Apatzingán, Michoacán. Es en la secundaria donde descubre el amor por la literatura y lee a los grandes clásicos, pero sería hasta terminada la escuela de nivel medio superior, justo cuando estudiaba para una ingeniería en el Politécnico en la Ciudad de México, el momento en que decide interrumpir aquel mundo de las ciencias exactas para dedicarse al mágico mundo del teatro, mismo que lo llenará años después de maravillosas experiencias y triunfos por el globo terráqueo y las pantallas de televisión.

“Yo cargaba un costal de miedos espantoso, en mi juventud, de pronto ¿enfrentarme al monstruo de los mil ojos? ¡Sería la maravilla que hubiera 500 espectadores! Estudiaba en el Politécnico en Ciudad de México, cuando me di cuenta que no quise seguir la carrera. No me disgustaba, pero era por darle gusto a mi madre porque decía que si no tenía un título profesional no podía uno hacerla en la vida, además en segundo año de ingeniería había empezado a prepararme como locutor y a trabajar en la radio y me gustó mucho esa etapa.

“Alex, mi hermano mayor, había empezado desde hacía muchos años a hacer teatro, me dijo, estamos con el maestro Enríquez, estudiando algunas obras, ¿por qué no te unes? Inicié como oyente, montaban una obra titulada ‘Caín el hombre’, de Emma Godoy, yo empecé a escuchar sentadito. No tenía libreto y un día nos reunimos con unos amigos en la bodeguita de un negocio que tenía mi hermano en el Mercado de San Agustín y ahí cotorreamos y uno, recuerdo, traía una grabadora y me dijo: ponte a grabar algo y había un poema estupendo que uno de los hijos de Caín recitaba, ‘Tubalcaín’, recuerdo decía sólo eso. Grabé todo el poema y se lo mostraron al director Enríquez, entonces él preguntó de quién era la voz, se sentó a escuchar, me llamó y me dio el papel; ese fue el comienzo, en el Teatro Melchor Ocampo.

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“Fuimos a varios festivales y concursos, una vez con ‘La muralla’, de Joaquín Calvo Sotelo, un actor se fue y yo no cumplía aún los 20 años y el director me pidió suplirlo una función. Por fin interpreté a un personaje de 60 años, 40 más que yo. ¡Entré al escenario, se me olvidó todo y un compañero me sacó del bache, esos inicios son una cuestión afortunada de aprendizaje!”.

Manuel Guízar estudió arte dramático en el Instituto Michoacano de Arte, y formó parte de grupos como el del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). Participó en el Taller de Actuación con Virgilio Mariel, en la Ciudad de México, y obtuvo un diplomado en Artes Teatrales con Luis de Tavira, José Caballero y Alejandro Luna (Conaculta).

En 1967, en la ciudad de México se le otorgó el Premio al Mejor Actor en el Concurso Nacional Imjuve. Desde Morelia, el maestro y director escénico José Manuel Álvarez decide concursar con la obra del autor mexicano Federico Steiner, “Las voces”, en donde el elenco se conformaba por Manuel Guízar, Felipe Rodríguez y Ana María Jacobo.

Al inicio de la década de los 70 se inició como actor profesional en la obra “FRANK V”, auspiciada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con la que se hicieron acreedores al “Premio Xavier Villaurrutia”. Poco después se incorpora al movimiento “Teatro Popular de México”, donde un jurado le otorgó el Premio a la mejor Coactuación por la obra “El Gesticulador” de Rodolfo Usigli.

Con el Instituto Cultural Helénico fue invitado a interpretar al Rey Egeo en la tragedia “Medea”. Con el Teatro de la Nación participó en “Corona de sombras”. Fue actor invitado de la Institución Teatral “El Galpón”, del Uruguay, con la que participó en el V Festival Cervantino con las obras “Un hombre es un hombre” de Bertolt Brecht y “Pluto” de Aristófanes.

El maestro José Solé lo llevó a formar parte del elenco de la Compañía Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, en donde trabajó 7 años ininterrumpidos.

¿Cuáles son las obras que más te han marcado como actor, esas que son memorables y que indiscutiblemente dejan huella?

“El primero que me atrapó fuertemente fue pensar que un día pudiera interpretar a Jesús Pérez Gaona, (personaje principal de la novela de José Rubén Romero, “Pito Pérez”), pero todavía faltaba mucho tiempo en aquella mi juventud, tendría que legar el momento. También me prendió la idea de interpretar Don Juan Tenorio y al maravilloso personaje de Esopo, fabulista griego, hasta que lo logré en varias temporadas con “La zorra y las uvas” de Figaredo”.

¿Los sueños se hacen realidad?

“Soñé desde que conocí Moctezuma II, del gran Sergio Magaña, maestro michoacano, interpretarlo, pasaron los tiempos, entonces Ignacio López Tarso, triunfó en muchas temporadas con el personaje y de pronto con José Solé Nájera, fundador de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), me invitan a montar esta obra de Magaña, para hacer el personaje de Cuitláhuac y empezamos la temporada magníficamente, esto sucedería a mediados de la década de los 70. Los sueños se hacen realidad, un día Salvador Sánchez, (actor que interpretaba a Moctezuma Xocoyotzin), me dice quiero pedirte algo, pero es una cosa difícil: fíjate que hablé con Pepe Sole y le dije que me ofrecen un papel muy interesante en una película, pero él me contestó que me permitía salir de la temporada solo si tú me suples en el Moctezuma II, ¡fue una cosa tremenda!, la cuestión es que, en una semana con Roberto Rivero, asistente de dirección de la CNT, nos pusimos a trabajar y cumplí mi sueño de interpretar a Moctezuma II”.

Háblame de esa obra con la que se queda el personaje en la piel.

“Yo no sé si nos quede el personaje en la piel o tengamos como actores que traerlo y llenarnos de él. Esa es una de las circunstancias que el actor siempre debe de tener presente. Yo no soy el personaje. Yo presto mi instrumento a cualquiera de los personajes que voy a interpretar, pero entonces me resulta que tengo que ir poco a poco, primero mirarlo de frente, observarlo, estudiarlo, cómo es, cómo mira, habla, siente y así sucede.”

“Cuando se iba a poner “El Alcalde de Zalamea”, de Calderón de la Barca, con la Compañía Nacional de Teatro, le pregunté al Director; justo antes de salir a una gira por Madrid y Barcelona, si tenía alguna participación porque me encantaría interpretarlo, la respuesta fue que en ese momento no había nada para mí. Estando en Europa entré a una biblioteca donde compré una edición antiquísima del “Alcalde de Zalamea”. Al terminar la gira y antes de regresar a México, viajamos a París, luego de cenar y tomar algunos vinos, ya en la intimidad de la alcoba, prendí una lámpara y comencé a leer hasta terminar la obra antes del amanecer. Cerré el libreto y dije “un día cercano voy a interpretar al capitán Alvaro de Atayde y un día lejano me gustaría interpretar el Pedro Crespo, el alcalde” … con esa idea se quedó dormido con el texto en el pecho.

“Al regresar de Europa me llama mi maestro y amigo, Rivero, y me dice: Pepe Alonso, que está interpretando el Álvaro de Atayde, tiene un compromiso y pidió permiso, no puede estar en las mañanas porque tiene televisión, me dijo Pepe Solé que si quieres interpretar el papel en la temporada escolar: ¡Oh, asombro maravilloso! Antes de estrenar la temporada escolar en el turno matutino, el maestro Augusto Benedicto, que hacía Pedro Crespo en la temporada de la noche, se enferma de la ciática y entra a tratamiento y Roberto Rivero, nuevamente me pide por instrucciones de José Sole, hacer el Pedro Crespo en las funciones nocturnas, entonces me preparo y llega la temporada y nos lanzamos con los personajes extraordinarios. ¡Hice una temporada asombrosa!, en la mañana interpretaba a Pedro Crespo y en la noche a Álvaro de Atayde. Lo que soñé después de leer una noche en París se hizo realidad, pero en el mismo día, eso pasaría a principios de los 80”.

 ¿Por qué regresas de la Ciudad de México a Morelia?

“De pronto quise continuar haciendo lo que me gusta aquí en mi lugar, en Morelia y salir adelante. La satisfacción es estar actuando en las obras que tú quieras poner y con la satisfacción de lograr ser un día como Juan Salvador, enseñar a los demás a volar; por eso regresé de la Ciudad de México”.

Fue en 1982, bajo la dirección del Mtro. José Manuel Álvarez que estrenó y triunfó con el monólogo “La vida inútil de Pito Pérez”, considerada desde su inicio, como la mejor obra del año y con la que ha ganado numerosos reconocimientos. Además de considerar a Pito Pérez, como el socio mayoritario del Corral de la Comedia, por ser en vida de este personaje, quién recaudara más fondos para lograr crear este espacio escénico en el Centro Histórico de la capital michoacana.

“Cerré el monólogo de Jesús Pérez Gaona, en el Corral de la Comedia, de mi gusto, yo seguiría haciéndola, pero sería inconsciente de mi parte porque es un trabajo maravillosamente desgastante: físico e intelectual. Dos horas un solo actor. ¡La soledad escénica es terrible y el trabajo físico era exhaustivo! Llegó un momento que con mis seres cercanos llegamos a la conclusión de que debía quedar arriba lo más posible para no esperar la decadencia y por eso se suspendió con 1020 representaciones. Hubo la fortuna de representarlo por 33 años”.

En estos días de pandemia, cuando hay tanta incertidumbre ¿qué lugar toma el teatro entre la sociedad?

“El arte reivindica a la sociedad y tiene que seguir apoyando todo lo posible el ánimo, la moral. Infundir alegría o esperanza y gritar verdades como lo hace a través de la palestra del teatro, pero tenemos que luchar hasta el último día.

“Hace mucho me dolía tanto que un maestro me dijera que el teatro es un cadáver que no quiere morir, así que depende de todos ustedes que intenten no dejarlo sucumbir. Ese es mi gran intento no dejarlo morir”.

Estás trabajando con Fernando Ortiz, ¿puedes adelantarnos algo de este nuevo montaje que se estrenará en octubre?

“Ahora estamos con un proyecto maravilloso, que cuenta con una versión estupenda de Sergio Monreal, quien hizo la adaptación del texto original; muy interesante, bajo la dirección de Fernando Ortiz Rojas. Yo interpreto un protagónico y hay que sacarlo adelante, vale la pena la versión. Somos tres actores en escena y un músico y es maravilloso y creo que el texto y la propuesta escénica de Ortiz son sorpresivos. Esperemos que el público nos apoye y la acepte para que vengan a vernos. Estrenamos el primer jueves de octubre”.

Manuel Guízar ha legado en Morelia un espacio que por 32 años ha sido un foro cultural independiente, autogestión y de intercambio cultural. El Corral de la Comedia ha sido el escenario de muchas puestas escénicas y la escuela de muchos actores profesionales de la capital michoacana.