¿Sabes quién fue Toro Sentado? Hoy es su aniversario luctuoso

Toro Sentado contaría hasta más de sesenta victorias personales sobre sus enemigos. Su fama como guerrero creció y fue nombrado jefe en 1860

Redacción / La Voz de Michoacám

Morelia, Michoacán. Tatanka Iyotake, en realidad “Bisonte macho sentado”; el nombre Toro Sentado llegó al español con la traducción del apelativo inglés "Sitting Bull". Nació en 1831 en la región del Gran Río, hoy Dakota del Sur, y murió el 15 de diciembre de 1890.

Su etnia, los hunkpapas, pertenecía a las siete tribus que formaban el poderoso pueblo de los sioux teton.

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Toro Sentado y su familia.

Inteligente, carismático, aficionado a las artes espirituales, muy joven fue acogido en la comunidad de los Corazones Fuertes. La participación en esa comunidad de guerreros suponía un gran honor. Pronto, Toro Sentado contaría hasta más de sesenta victorias personales sobre sus enemigos. Su fama como guerrero creció y fue nombrado jefe en 1860.

El solemne tratado de Fort Laramie de 1868 garantizaba a los sioux que por siempre serían dueños de las Black Hills, su centro del mundo, el lugar sagrado donde los guerreros hablaban con los dioses.

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Toro Sentado y Caballo Loco le demostraron al Séptimo de Caballería, liderado por George Custer, que no iban a permitir ser exterminados sin oponer resistencia.

El descubrimiento de oro en las Black Hills en 1874 atrajo a los buscadores, lo que unido a las continuas incursiones sioux contra otras tribus o los constructores del ferrocarril, motivó al presidente Ulysses Grant ordenar a los indios que abandonaran esas tierras donde los mineros blancos buscaban el metal entre rocas y manantiales; y recurrir al Séptimo Regimiento de Caballería, al mando de George Armstrong Custer para una operación de castigo.

En esta situación, Toro Sentado dio muestras de ser un verdadero líder y consiguió la alianza de varios jefes sioux y cheyennes, como Caballo Loco, Agalla y Águila Moteada. Los indios se encontraban reunidos en un campamento en Little Bighorn, cuando, el 25 de junio de 1876, fueron atacados por Custer, la expedición de castigo fue aniquilada. En términos militares, la derrota tuvo poca importancia, pero se utilizó como excelente arma política para justificar una guerra total contra los sioux.

En febrero de 1877, Toro Sentado huyó para refugiarse a Canadá con tres mil jinetes, perseguido por todo el ejército norteamericano. Permanecería ahí cuatro años. El gobierno canadiense lo toleró, aunque negó a su gente toda ayuda. Los sioux tuvieron que pasar hambre la mayor parte del tiempo, ya que también los búfalos y otras especies de caza escaseaban. Poco a poco, hambrientos y llenos de nostalgia por su patria se pusieron en camino hacia Estados Unidos y se entregaron a los soldados de la frontera. Hacia el verano de 1881, la tribu de Toro Sentado se había reducido a menos de 200 personas. El 19 de julio, el jefe indio también cruzó la frontera, al día siguiente se entregó en Fort Buford, donde, en otros tiempos, sus victoriosos guerreros habían atemorizado tanto a soldados como a colonos.

Dos años estuvo Toro Sentado como prisionero de guerra en Fort Randell. En 1883 fue puesto en libertad y recibió la autorización para regresar a su lugar de nacimiento, en el Grand River, en las cercanías de la reserva de Standing Rock. Entre tanto, se había convertido en una celebridad, probablemente era el indio más conocido de todo el país y todos sabían que había vencido a Custer. Recibió cartas de todo el mundo, lo entrevistaban reporteros y los jefes indios lo visitaban en busca de consejo.

Toro Sentado y Buffalo Bill.

Buffalo Bill Cody, famoso explorador y artista, lo visitó en 1885, y el 6 de junio firmaron un contrato para que el jefe indio participara en el "Show del Oeste Salvaje" a través de los Estados del Este y Canadá. Anunciado como "El vencedor de Custer", Toro Sentado era la gran atracción. Los curiosos guardaban cola para verlo y comprar una fotografía con su autógrafo, que costaba 25 centavos. La mayor parte del dinero se la daba a los niños pobres que esperaban fuera del teatro y le seguían a todas partes. Al final de la gira, el jefe indio recibió un regalo de Buffalo Bill: un caballo gris, que estaba enseñado a sentarse y levantar una pezuña cuando oía un tiro.

En esas fechas Wovoka predicaba nuevas creencias: la vuelta de los bisontes y el tiempo en que los indios recuperarían su tierra, para conseguir la resurrección de todos los sioux muertos bastaría con que todos bailaran la "Danza de los Espíritus".

Toro Sentado no creía esas prédicas, pero permitió que los demás miembros de la tribu siguieran o no al profeta, con lo que se reunían cada día delante de su cabaña para bailar, rezar y buscar visiones de sueños, lo que a los soldados le parecía una forma de insurrección.

Así, la mañana del 15 de diciembre de 1890, una fuerza de cuarenta policías indígenas se dirigió hacia la cabaña de Toro Sentado con la intención de detenerlo. Lo sacaron de su vivienda, desnudo y a empujones, y le ordenaron que los siguiera. Toro Sentado se mostró dispuesto a acompañarlos, pero pidió llevar consigo algunos enseres, una petición a la que accedieron los agentes. Entonces, el antiguo caudillo comenzó a recoger todo con la suficiente lentitud como para que un número considerable de indígenas se fuera acercando hasta el lugar y rodeara a los policías.

En ese momento, quizá envalentonado por la cercanía de sus partidarios, Toro Sentado gritó en lengua sioux: "No voy a ir. Hagan conmigo lo que quieran. No iré. ¡Vamos! ¡Vamos! ¿Qué esperan? Adelante".

Fue asesinado mientras sus compañeros trataban de impedir su arresto.

Los policías intentaron abrirse paso entre el enardecido gentío. Se inició un tiroteo, el sargento Red Tomahawk, que hasta ese momento iba empujando por detrás a Toro Sentado, disparó a la cabeza del jefe indio; al fin, había seis policías y ocho de los seguidores de Toro Sentado muertos, entre ellos su hijo de 17 años, Pata de Cuervo. Los policías indios buscaron protección en la cabaña hasta que fueron rescatados dos horas más tarde por soldados.