Se cumplen 111 años del nacimiento de la escritora feminista Simone de Beauvoir

La escritora francesa también fue conocida por su contribución literaria, así como su cuestionamiento existencialista.

Redacción / La Voz de Michoacán

París, Francia. Un día como hoy nació Simone de Beauvoir, escritora, profesora y filósofa, caracterizada por defender los derechos humanos y desafiar lo establecido hablando sobre el patriarcado, los roles de género, la poligamia y el aborto. Sus textos cobran relevancia actual en el marco de los movimientos feministas, además de su labor como teórica del feminismo, destacando por su maestría literaria.

111 años después de que naciese esta gran pensadora del siglo XX, las reflexiones de Simone de Beauvoir son más actuales que nunca.

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Actualmente la escritora es reconocida como un pilar fundacional del feminismo. Es en 1949, desde la publicación de su obra “El segundo Sexo” que la autora se atrevió a alzar la voz para criticar la dominación masculina en la que viven sometidas las mujeres, explicando la forma en que está organizada la sociedad. Esta obra se convirtió en un manifiesto para emancipación de la mujer.

Desde los 15 años sabía que deseaba ser escritora, por lo que complementaba su educación en el Instituto Sainte-Marie de Neuilly, donde aprendía más sobre literatura.

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Posteriormente, en 1926, después de haber culminado sus estudios, empezó a estudiar filosofía. Ya en 1929, se licenció en filosofía con certificaciones en ética y psicología.

Ella misma definió al feminismo como “una manera de vivir individualmente y una manera de luchar colectivamente”.

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Mientras mantenía una relación sentimental con el filósofo Jean-Paul Sartre, la profesora francesa cuestionaba su rol de mujer en la sociedad y muchas veces era tema de conversación con su pareja. Así lo refleja en ‘La fuerza de las cosas’ con una confesión catártica:

"Me apetecía hablar de mí misma (…). Empecé a soñar con ello, a tomar algunas notas, y hablé con Sartre (…). ¿Qué había significado para mí ser mujer? Al principio pensé que podría liquidarlo enseguida. Nunca me había sentido inferior, nadie me había dicho: ‘Piensa así porque es mujer’. Mi feminidad no me había supuesto ningún problema. ‘En cierto modo’, le dije a Sartre, ‘para mí nunca ha contado’. ‘De todas formas, no te han educado igual que a un chico: deberías analizarlo más detenidamente’. Lo hice y tuve una revelación: ese mundo era un mundo masculino, mi infancia había sido alimentada con mitos forjados por hombres y no había reaccionado de la misma manera que si hubiera sido un niño. Estaba tan interesada que abandoné el proyecto de una confesión personal para ocuparme de la condición femenina en general”.

Prosiguiendo a lanzar una dura declaración: “Este mundo siempre ha pertenecido a los hombres”.