El cine mexicano contemporáneo encuentra un refugio de honestidad y frescura en “La vida es”, la más reciente producción cinematográfica escrita y dirigida por la cineasta Lorena Villarreal. Protagonizada por un elenco de primer nivel, la película se desprende de los clichés convencionales para adentrarse en la complejidad de las transiciones humanas, la crisis de la mediana edad y la red de afectos que impiden que colapsemos ante las adversidades. En entrevista con La Voz de Michoacán, la destacada actriz Natalia Plascencia compartió detalles íntimos sobre su participación en este proyecto, el cual describe como una propuesta "inusual" dentro del panorama nacional. Con un espíritu profundamente femenino y colaborativo —tanto frente como detrás de cámaras—, la cinta se postula como una invitación universal a pausar el ritmo vertiginoso de los días y reconciliarse con los cauces naturales de la existencia. El espejo de la madurez y la crisis de los 40 La trama de “La vida es” gira en torno a Nora, una mujer a las puertas de cumplir los 40 años que experimenta un derrumbe simultáneo en su entorno: la pérdida de su empleo, la enfermedad de una tía querida, las dificultades económicas familiares y la sombra latente de la edad en que falleció su padre. A esto se suma una profunda encrucijada emocional provocada por la insistencia de su pareja de explorar dinámicas poliamorosas, forzándola a replantearse sus deseos afectivos más genuinos. Para Plascencia, la riqueza de la obra radica en su capacidad para abordar temáticas que históricamente han permanecido relegadas o cubiertas de prejuicios en los medios de comunicación. "La película aporta mucha apertura a distintos temas, a no tener ningún tabú sobre cuestiones tanto hormonales de la mujer, la desaparición, las expectativas o la mediana edad. Se aleja del cliché para acercarnos a la realidad compleja de los personajes", detalló la actriz. El reto de la cercanía y un rodaje artesanal Interpretar a Nora representó un desafío particular para Natalia Plascencia, quien usualmente construye sus personajes transformando de raíz su cuerpo y su voz. En esta ocasión, la abrumadora afinidad con el papel modificó su metodología de trabajo. "La cercanía que tenía con el personaje me quitaba perspectiva; era tan parecida a cómo soy que me resultaba difícil hacer un diseño previo. El reto fue no racionalizar a Nora, dejarla ser espontánea porque el guion reclamaba esa naturalidad", confesó. Este proceso de entrega orgánica fue respaldado por la visión de Lorena Villarreal, a quien Plascencia elogia por otorgar a los actores el tiempo y el espacio necesarios para alcanzar una verdadera intimidad interpretativa, algo poco común en el cine actual. "Últimamente las producciones dedican muchísimo tiempo a la iluminación y a los actores se nos da una toma rápida o dos. Esta es una película artesanal. Lorena puso mucho el ojo en el tiempo dedicado a las situaciones de los personajes. Es crucial, porque ¿cómo llegas a la intimidad profunda si no dejas que las cosas sucedan?", cuestionó con firmeza. Asimismo, la actriz destacó el altísimo nivel y la generosidad de un elenco coral compuesto por figuras de la talla de Paulina García, Geraldine Cinat, Nayyan González Norbin, Rubén Ochandiano, María Castell, Ricardo Dam y Changuerotti. Según Plascencia, el rodaje estuvo impregnado de una disposición especial donde todo el equipo se dejó permear por la apertura y empatía intrínsecas del libreto. Los lazos que equilibran y la geografía como inspiración Al reflexionar sobre el núcleo filosófico de la historia, Plascencia enfatizó que el largometraje resalta la importancia de la comunidad ante los dolores cotidianos. Ante las curvas intensas y retadoras de la vida, son los vínculos afectivos los que fungen como anclaje. "Lo que nos hace equilibrarnos y salir de esos momentos tan duros es el amor, la esperanza de que las cosas van a pasar y cambiar. Gran parte del equilibrio se logra por la comunidad y la familia que cada uno construye", afirmó. El paisaje de Baja California —con hermosas locaciones en Ensenada, Rosarito, la carretera panorámica y el Valle de Guadalupe— opera también como un personaje fundamental que invita a la introspección. Para la intérprete, la naturaleza sirvió como una guía de quietud: "Es un lugar que te inspira a hacer una pausa. La naturaleza está siendo, no está queriendo correr a ningún lugar. La película es una invitación a los espectadores a pausar un poquito sus vidas y disfrutarlas, a pesar de que se encuentren atravesando una tormenta emocional". Valores que se entienden en cualquier latitud Pese a estar enraizada en entornos mexicanos, Plascencia sostiene que “La vida es” posee un carácter marcadamente universal, capaz de conectar con audiencias de cualquier latitud debido a su tratamiento de temas humanos perennes como el desamor, el duelo y la búsqueda de identidad. "Ya lo hemos comprobado en los festivales donde ha estado la película: la gente conecta profundamente", aseveró. Finalmente, la actriz hizo un llamado a sacudirse las resistencias habituales hacia el cine nacional y acudir a las salas comerciales y circuitos culturales a partir de su estreno. Con una narrativa fluida, ligera y con un espíritu marcadamente colaborativo y liderado por mujeres, “La vida es” promete ser una bocanada de aire fresco en la cartelera. "Es una gran oportunidad de ver una película mexicana inusual, dirigida por una mujer y sostenida con el corazón. Les invito a que la disfruten, porque les aseguro que es sumamente disfrutable", concluyó. Osiris Olachea / La Voz de Michoacán