El cortometraje de Netflix que nos hace añicos el corazón en 12 minutos

Si me pasara algo, os quiero está realizado con dibujos hechos a mano que consiguen conectar la historia con la realidad, manteniendo una textura cruda que recurre al uso de sketches inconclusos.

Foto: Twitter

Agencias / La Voz de Michoacán

México. Doce minutos, es todo lo que necesita un cortometraje de Netflix para llegarnos al corazón. Les hablo de Si me pasara algo, os quiero, un título desconocido que lleva varios días circulando en el catálogo del servicio streaming y emocionando a espectadores de todo el mundo.

Es probable que te haya aparecido destacado en tu perfil o te haya llamado la atención que ese póster dibujado a mano esté escalando posiciones en el ranking de lo más visto de la plataforma. Pues una vez visto, no sorprende ni un ápice. Si me pasara algo, os quiero es un corto animado imprescindible.

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No sucede a menudo -o nunca- que un cortometraje consiga captar la atención de los espectadores en general. Esos hermanos pequeños del cine no suelen llegar al gran público -a no ser que sea un corto de Pixar proyectado antes de una película del estudio- a pesar de que muchos de ellos albergan historias realmente maravillosas. Sin ir más lejos, la Academia los premia con estatuillas dedicadas a ellos y muchos años solemos encontrar cortos tan impresionantes como los largometrajes nominados .

Por eso el logro de Si me pasara algo, os quiero es aun mayor. Porque apenas dura 12 minutos y a la hora de escribir este artículo ocupa la octava posición en el ranking de películas de Netflix mientras arrasa también en otros países. Y a juzgar por las reacciones en redes sociales son muchos los espectadores que la han visto que, al igual que me pasó a mí, no pudieron contener las lágrimas o sentir ese nudo en la garganta típico de las emociones contenidas. Y es que Si me pasara algo, os quiero será breve pero arrollador.

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El corto animado relata el dolor de la pérdida que sufren los padres de una niña asesinada en un tiroteo en su colegio. A priori puede resultar un tema demasiado doloroso, incluso escabroso para contarlo en forma de animación, pero sus creadores lo hacen con un tacto ejemplar haciendo hincapié en las emociones y el poder de los recuerdos.

Escrito y dirigido por Michael Govier y Will McCormack, Si me pasara algo, os quiero muestra a dos padres distanciados tras la muerte de la niña. Mientras ellos ni siquiera pueden mirarse, sus emociones los acompañan en forma de sombras oscuras que expresan toda esa rabia, dolor y culpa que vive cada uno. Se niegan a enfrentarse a la partida de la pequeña, hundidos en la tristeza que los apaga desde dentro. Pero cuando la madre descubre que lavó por accidente una camiseta de la niña, una pelota cae de la lavadora y abre la puerta de la habitación que mantienen cerrada. La pelota sigue rodando y enciende un tocador de discos. En ese momento la madre entra en la habitación y su marido la sigue, reviviendo juntos la presencia de su hija a través de la sombra alegre que vive en los recuerdos.

Recurriendo al uso de flashbacks, los padres recuerdan cómo fue verla crecer. Desde el nacimiento a su pasión por el fútbol, su primer beso y su décimo cumpleaños, mientras las tres sombras expresan las emociones de alegría, orgullo, amor y felicidad, para llegar entonces al fatídico día. En resumen, esas sombras logran unir de nuevo a los padres y mientras ellos se abrazan la sombra de la niña se convierte en la luz en el centro de todas sus emociones.

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Si me pasara algo, os quiero está realizado con dibujos hechos a mano que consiguen conectar la historia con la realidad, manteniendo una textura cruda que recurre al uso de sketches inconclusos. Mientras que los fondos en blanco simbolizan ese mismo dolor vacío que sienten los personajes.

La técnica logra conectar con el espectador al centrarse más en la transmisión de una historia cargada de sentimiento. Y es gracias a convertir las emociones en protagonistas que el corto consigue transmitir sus intenciones, siendo una apuesta de sensaciones tangibles. Y el resultado es un cortometraje tan emotivo como desgarrador, una pieza audiovisual que nos habla del terrible dolor de la pérdida de un hijo pero, sobre todo, del poder mágico de los recuerdos en el proceso de luto.

Muy, pero muy, recomendable.