El suicidio del sol

Pensar que noviembre es el mes de los que se fueron, de aquello que no regresa…

Gustavo Ogarrio

Pensar que noviembre es el mes de los que se fueron, de aquello que no regresa: eterno retorno de las piedras que buscan a otras piedras en medio de la noche del tiempo que nunca termina. El poeta peruano César Vallejo escribió este poema sobre el 2 de noviembre: “Estas/ sillas son buenas acojidas. / La rama del presentimiento / va, viene, sube, ondea sudorosa, / fatigada en esta sala. / Dobla triste el dos de Noviembre. / Difuntos, qué bajo cortan vuestros dientes / abolidos, repasando ciegos nervios, / sin recordar la dura fibra / que cantores obreros redondos remiendan / con cáñamo inacabable, de innumerables nudos / latientes de encrucijada. / Vosotros, difuntos, de las nítidas rodillas / puras a fuerza de entregaros, / cómo aserráis el otro corazón / con vuestras blancas coronas, ralas / de cordialidad. Sí. Vosotros, difuntos. / Dobla triste el dos de Noviembre. / Y la rama del presentimiento /se la muerde un carro que simplemente / rueda por la calle”.

La poeta argentina Alejandra Pizarnik anotó en su Diario, el 3 de noviembre de 1957, lo siguiente: “Una revolución para calmar mi herida, un terremoto para sustituir su ausencia, el suicidio del sol para mi fervor físico, la locura de la noche para mi sed sagrada, el fin del mundo para contentar a mi angustia preferida”. Del otoño que también es noviembre, Antonio Cisneros escribió: “Otoño / Amo la soledad de estos parajes, / los bien cocidos alimentos / que no he de compartir. / Aleluya. / Es la hora / en que el ferry de Dover / se aproxima a Calais / bajo un cielo sin aves. / La hora en que el océano / carece de importancia”. Así es noviembre: cada que está por morir, nos va revelando el secreto de un monstruo…que puede ser el “suicidio del sol”; el presentimiento de lo que no regresa.

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