ÓSCAR CHÁVEZ, UNA EVOCACIÓN

Óscar Chávez también es el cronista-trovador, desde una perspectiva absolutamente crítica y mordaz, de esta metamorfosis.

Gustavo Ogarrio

La década de los años setenta del siglo xx es la de la apertura política y artística de Óscar Chávez hacia Latinoamérica –sus revoluciones, sus muertos en batalla y sus asesinados políticos–, pero también hacia su música popular. Una estela de formas musicales que, a su manera, se vinculan con la historia política del subcontinente: desde la célebre canción “La niña de Guatemala”, espléndida adaptación de un poema de José Martí, pasando por el himno de despedida y de canonización entrañable del Che Guevara, “Hasta siempre”, del cubano Carlos Puebla, y por la emblemática “Macondo”, con letra del peruano Daniel Camino Diez Canseco, hasta cerrar en 1979 con un canto a la Nicaragua sandinista, país donde se detiene en ese momento el péndulo de la revolución latinoamericana, que es al mismo tiempo una apropiación de sus ritmos populares en clave de divulgación de historias regionales que se asumen ya como propias para México; cumbia colombiana, yaraví amerindio, joropo venezolano y colombiano, guajira cubana, zamba argentina, arrullo afro-ecuatoriano. En los años setenta y ochenta del siglo xx, la lírica de Óscar Chávez también se consolida como una crónica paródica de un poder gubernamental. Después del ’68, el poder del partido en el gobierno envejece, turbio y suntuoso, cada vez más delirante en su forma de acumular tiranía y violencia contra la sociedad, y se prepara para su última transformación: de Estado benefactor a la opacidad tecnócrata del neoliberalismo. Óscar Chávez también es el cronista-trovador, desde una perspectiva absolutamente crítica y mordaz, de esta metamorfosis. La parodia política es para Óscar Chávez una doble imitación burlesca: de ciertas “melodías conocidas” y de los usos y costumbres despóticos del poder político. En estas parodias se registra el catálogo de normalidades autoritarias que desde una perspectiva de lucha social se vuelven majestuosas puestas en escena del abuso y la corrupción.

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