Su actuación más emotiva: el día que Camilo Sesto se rompió en el escenario

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Foto: Especial. El cantante español dedicó un tema a su mamá, que se encontraba presente entre el público.

Redacción / La Voz de Michoacán

 

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Morelia, Michoacán. Apenas tenía 35 años cuando Camilo Sesto dejó salir todo el sentimiento tan característico que imprimía a sus canciones, a tal grado de que no pudo terminar la interpretación, pero no fue necesario: la emoción que trasmitió su llanto superó por primera vez a su voz, a tal grado que la audiencia estaba de pie, aplaudiendo, estremecida, casi como si las lágrimas del cantante alcanzaran a los presentes.

La razón: su madre se encontraba entre el público. Era una de las 16 mil personas que se encontraban reunidas en el auditorio de Palma de Mallorca aquella noche de enero de 1982. Cinco meses antes su padre había fallecido.

Fue una de sus presentaciones más emotivas. Entre el público estaba también la cantante Rocío Durcal, quien no paró de aplaudir cuando llegó el momento de interpretar uno de los más grandes éxitos de Camilo, Perdóname.

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Se escuchaban los primeros acordes del popular tema, cuando Camilo arrojó la mirada al público y buscó a su madre.

Está por aquí doña Joaquina, mi madre. ¿Dónde estás?", dice y lanza un beso al verla entre la gente.

“Te voy a dedicar una de mis mejores canciones para ti solita, Perdóname”. Su madre corresponde el beso y le lanza uno al escenario.

“Perdóname, si pido más de lo que puedo dar, si grito cuando yo debo callar, si huyo cuando tú me necesitas más, perdóname…”, levanta la cara, se da media vuelta y camina, como buscando recomponerse, no quebrarse, pero el público se une en un grito al darse cuenta de lo que está presenciando: la prodigiosa garganta de Camilo no puede contener el llanto y en lugar de ofrecer su voz, el intérprete ofrece el sentimiento a flor de piel.

Regresa, se limpia las lágrimas e intenta continuar, pero tras unas líneas, desaprueba con la cabeza, sabe ya que no podrá terminar el tema, y la audiencia también lo anticipa y lanza una ovación, gritos y aplausos llenan el auditorio con el silencio que deja la voz de Camilo.

Las personas se levantan de sus asientos, la música sigue, el coro se escucha y Camilo se planta en el escenario, con un brazo se recarga en el pedestal del micrófono y se limpia los ojos.

“No puedo”, dice mientras la cámara enfoca su rostro empapado por las lágrimas que brotan a borbotones, al tiempo que se ve a su madre nerviosa, inquieta al descubrirse como partícipe de lo que ocurre esa noche.

Con aplausos, el público agradece ser testigo de un momento único, que sobrepasa cualquier tema cantado a la perfección: cuando un artista desnuda su interior y lo comparte con los presentes. Las palabras no fueron necesarias.

Al escenario sale el presentador Joaquín Prat, quien a anima a Camilo Sesto continuar. Él lo intenta, canta un par de estrofas, pero no puede y sale del escenario secando sus ojos.

La música sigue y tras un momento Camilo regresa a despedirse. Lanza un beso y una reverencia al público que no deja de aplaudir y que se le entregó desde el primer momento en que el artista se desmoronó.

Levanta la mano y la agita, no puede contener el llanto. Permanece de pie unos momentos y se le une Joaquín Prat, quien toma el micrófono.

“Señoras y señores, así es un hombre cuando da todo y lo recibe todo de ustedes, ¡Camilo Sesto!”.