Comunidades indígenas rescatarán zonas arqueológicas destruidas por plantíos de aguacate

Cuanajo, Tingambato y la zona de Zacapu son hasta el momento los tres puntos en donde se ha detectado la destrucción del patrimonio histórico no reconocido de Michoacán.

Arturo Molina / La Voz de Michoacán

Michoacán. Ante el silencio institucional sobre la proliferación de huertas de aguacate y otros cultivos en zonas arqueológicas del estado de Michoacán, comunidades indígenas tomarán la iniciativa para rescatar los vestigios de los antiguos centros ceremoniales de la cultura purépecha.

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“A petición de parte”, al menos tres puntos en donde se han detectado la instalación de huertas sobre antiguas yácatas serán directamente intervenidas por parte del Consejo Supremo Indígena de Michoacán (CSIM) y otras organizaciones civiles, según anunciaron sus integrantes.

Cuanajo, Tingambato y la zona de Zacapu son hasta el momento los tres puntos en donde se ha detectado la destrucción del patrimonio histórico no reconocido de Michoacán. A pesar de las denuncias de los últimos meses, tanto autoridades estatales como federales “se han echado la bolita”, pero, como sucede con casi todo lo que rodea al llamado ‘oro verde’, se sigue careciendo de acciones reales y efectivas para detener la problemática de invasión de zonas arqueológicas por parte de aguacateros.

Se avientan la bolita

Mientras que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) señala requerir atribuciones para intervenir en predios privados y otros obstáculos legales, las autoridades ambientales locales señalan que el panorama anterior escapa de sus funciones.

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Mientras tanto, al igual que con el patrimonio ambiental del estado, las antiguas yácatas del imperio purépecha y otros vestigios nahuas siguen siendo suplantados con árboles de monocultivos de alto rendimiento en el valor de la exportación.

En voz de Pavel Ulianov Guzmán, vocero del Consejo Supremo Indígena, posterior a la fecha de la Noche de Muertos y las celebraciones de la zona lacustre se procederá a solicitar una mesa de trabajo con el INAH y autoridades ambientales de los tres órdenes de gobierno para atender con urgencia la problemática y detener las huertas de aguacate.

El plazo para comenzar a trabajar será de 15 días una vez que se reúnan, de lo contrario destacaron que al igual que con otros conflictos comunales y de despojo de tierras por parte de las productoras de oro verde, tomarán acciones propias a petición de parte.

“Lo vamos a retomar en breve, fue un acuerdo de asamblea general. Vamos a ir a rescatarlas a petición de parte, pero el que tiene que ver la cuestión legal es el INAH. Vamos a retomar una reunión con el INAH para pedirle que continúe con el tema y los vamos a emplazar; en caso de que no responda en 15 días vamos a tomar acciones para rescatar nuestras yácatas”, manifestó el vocero de la organización que aglomera a más de 60 pueblos originarios.

A mediados de este 2022, el INAH denunció el riesgo generado por el crecimiento de la extensión de la franja aguacatera y el incremento de la actividad agrícola ha pasado por encima de los miles de vestigios arqueológicos de la cultura purépecha y otros pueblos indígenas en total impunidad en los últimos años.

“Es en la zona de Zacapu, Cuanajo y Tingambato donde nos están pidiendo que podamos entrar. Son muchísimas zonas arqueológicas, más de 2 mil y solamente se resguardan debidamente seis. Las que vamos a rescatar a petición de parte son esas 3”, manifestó a pregunta expresa de este medio de comunicación el vocero del CSIM.

No han hecho nada

En semanas pasadas, En entrevista con medios locales de comunicación, el secretario de Medio Ambiente, Alejandro Méndez López, explicó que están a la espera de que se les entreguen las coordenadas de algunos casos ya identificados, como en el ejemplo de Tingambato, en donde incluso se ha documentado una huerta encima de lo que alguna vez fue una estructura basamental de culturas prehispánicas.

No obstante, se estima que incluso en el municipio de Zacapu y zonas aledañas se han detectado condiciones similares que, a pesar del daño a la herencia arqueológica e histórica de los michoacanos, no se han evaluado en toda su extensión.

Son dos fenómenos combinados los que han sido comparsas de la devastación de las zonas arqueológicas: por una parte, la casi nula identificación, resguardo y catálogo de los vestigios de las antiguas culturas prehispánicas de la entidad, principalmente la purépecha y nahua.

La instalación de monocultivos como el aguacate, las berries y otros frutos de alto rendimiento requieren además de las tierras de cultivo, de la instalación de ollas de agua e infraestructura de irrigación con el desmonte de grandes superficies de tierra, la perforación de suelos y otros procesos que terminan por arrasar prácticamente con todo lo que encuentran a su paso.

Actualmente, autoridades no han podido cuantificar cuántas ollas, pozos perforados e infraestructura fue instalada sin permiso en los últimos 40 años a expensas de las reservas de agua, suelo, bosques y mucho menos, de sitios arqueológicos.