Omar Cuiriz / La Voz de Michoacán La difusión oficial y la virilización en redes sociales sobre la Noche de Muertos surten su efecto y generan oleadas de visitantes a los pequeños pueblos purépechas como Tzintzuntzan. Desde el 30 de octubre, y desde las primeras horas del día, se intensificó el arribo de camionetas van y autobuses a las afueras de este Pueblo Mágico. Un alto porcentaje de los ocupantes proviene del interior del estado y de otras entidades del país. Sin embargo, también se observaron grandes grupos de turistas extranjeros —provenientes de España, Polonia, Estados Unidos y otros países— que ocupaban hasta tres camionetas van, dirigidos por guías turísticos locales. Todos ellos recorren la avenida principal de Tzintzuntzan, donde se han instalado puestos de comida, artesanías y, por supuesto, productos chinos. Cientos de paisanos también llegaron a este pueblo, lugar de origen de sus padres y abuelos, para vivir la tradición que da identidad a la meseta purépecha. Su andar por el Atrio de los Olivos y el camino a las Yacatas genera tumultos que dificultan el caminar, sobre todo dentro de los dos panteones con los que cuenta Tzintzuntzan. El paso entre las tumbas, arcos y arreglos "estorba" a la masiva visita de curiosos; sin embargo, la tradición sigue su curso: decenas de veladoras cobijan las tumbas de barro, las flores tupen cada rincón y las ofrendas lucen exquisitas. Pese a la gran promoción, no se observa ninguna logística capaz de organizar a los miles de vehículos que intentan llegar, principalmente desde Morelia hacia Quiroga, Tzintzuntzan, Pátzcuaro y los pueblos de alrededor. Ningún estacionamiento es suficiente para albergar tantos autos. Lo mismo acontece en los accesos a los panteones: sin entradas ni salidas marcadas, los visitantes dejan poca maniobra para los lugareños, quienes se esfuerzan por adornar las tumbas. A pesar de todo, no se escuchan quejas por parte de nadie. La tradición en sí misma derriba cualquier incomodidad y tumulto.