Sequía ya causa estragos en Michoacán: las presas del estado están al 57 por ciento

Las represas más pequeñas, por lo regular de uso agrícola o ganadero, o bien para abasto de pequeñas comunidades, son las que han resentido más la temporada de calor, indican

Foto: Víctor Ramírez, La Voz de Michoacán.

Arturo Molina / La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán. El volumen de almacenamiento de las presas michoacanas sigue descendiendo de manera vertiginosa debido al incremento de las temperaturas. A dos meses de que arrancó la temporada de estiaje, las presas ya se encuentran al 57 por ciento de su capacidad.

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Si bien la cifra promedio incluye presas de gran volumen como Infiernillo y Cointzio, las más pequeñas son las que recientemente están experimentando los efectos elevados de la sequía y falta de lluvias.

En casos como el oriente Michoacano, incluso los niveles de almacenamiento ya alcanzan el 34 por ciento y continúan en descenso a más de 2 meses de que arranque la temporada de lluvias y 4 para que se establezcan los sistemas de lluvia de recuperación.

El caso más preocupante es la Presa del Bosque. Ubicada en la cuenca del lado del Michoacán, el vaso que abastece a millones de habitantes de la Ciudad de México a través del sistema Cutzamala, ya se encuentra a menos del 22 por ciento de su capacidad e incluso se plantean medidas extremas para recuperar volúmenes de agua a través de lluvia artificial en la zona.

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En voz de Alejandro Méndez López, titular de la Secretaría de Medio Ambiente del Michoacán, el criterio de operación para las presas se mantiene en el uso urbano y rural, mientras que urge retomar los esquemas de conservación y saneamiento de las aguas.

Aunado a lo anterior, la infraestructura para el saneamiento y tratamiento del agua que usan más de 5 millones de habitantes de este estado sigue estando por debajo de las necesidades y obligaciones de los gobiernos municipales.

A pesar de que en los últimos años la infraestructura ha crecido, en muchos casos resulta más barato no operar con las plantas de tratamiento que pagar las multas por incumplimiento ante las instituciones federales.

“En el estado tenemos 175 plantas de tratamiento residual, de las cuales un total de 151 están totalmente construidas y 22 están parcialmente construidas. Solamente tenemos 42 en operación. Esto representa que solo estamos tratando el 25 por ciento del agua. En estas condiciones de sequía, solo tenemos el 57 por ciento en las presas”, manifestó el funcionario estatal ante la opinión pública.

Aún restan al menos dos meses para que arranque formalmente la temporada de lluvias con el inicio de la época de ciclones en la costa del Pacífico. No obstante, las estimaciones reales esperan una disminución de las precipitaciones de hasta un 25 por ciento respecto a la media histórica en los primeros 2 meses de la temporada.

La expectativa es que sea hasta finales del mes de junio cuando se comiencen a establecer las primeras lluvias que permitan la recuperación de las 24 presas artificiales con las que cuenta el Michoacán.

En este sentido, Méndez López instó a las autoridades locales a recuperar la visión de cuenca en términos de reforestación, saneamiento, conservación y otras medidas para garantizar el suministro del vital líquido durante esta larga temporada de estiaje.

“El tratamiento también enfrenta un reto importante, y ante esta situación, el gobierno del estado nos ha instruido al sector ambiental a que trabajemos de manera coordinada en una visión de cuenca. Para tener agua, necesitamos tener bosques y diversidad, y para sanear el agua, necesitamos limpiar”, explicó.

Ambas regiones hidrológicas están sufriendo los efectos de la falta de lluvia. Tanto el Bajo Balsas como la región Lerma-Santiago-Pacífico han mostrado valores inferiores a la media histórica en los últimos años. Paradójicamente, la región del Lerma muestra valores aún más preocupantes en sequía en comparación con el Bajo Balsas, zona en la que, desde hace casi 50 años, han padecido las altas temperaturas y la falta de agua.

En Michoacán hay casi un millón de productores de distintos tipos de cultivos, de los cuales al menos la mitad dependen completamente de las lluvias y el resto depende de la disponibilidad de agua en las presas del estado. En 2020, después de que 2019 fue el año más seco en la historia reciente, las autoridades federales tuvieron que tomar la decisión de acortar ciclos agrícolas e incluso suprimirlos en regiones específicas para dar respiro a las presas.