El Estadio Venustiano Carranza y su historia con el futbol mundial

Conoce la historia del Estadio Venustiano Carranza en Morelia, desde los entrenamientos de Alemania en el Mundial 86 hasta su uso atlético actual.

Vista de la pista de atletismo y las tribunas con los aros olímpicos en el Estadio Venustiano Carranza de Morelia.
El emblemático recinto deportivo ha sido escenario de acontecimientos históricos, culturales y religiosos en la capital michoacana. Foto, Samuel Herrera Jr.

Con la Copa del Mundo de 2026 en marcha y los reflectores concentrados en los estadios que albergan partidos oficiales, Morelia vuelve a ocupar un lugar periférico en la geografía mundialista.

La capital michoacana nunca ha sido sede de encuentros de una Copa del Mundo, pero sí tuvo una participación singular en la historia del torneo: hace 40 años, durante el Mundial de México 86, la selección de Alemania Federal instaló aquí su centro de entrenamiento. Los futbolistas que terminarían disputando la final ante Argentina realizaron sesiones de trabajo en el Estadio Venustiano Carranza, un inmueble que nunca apareció en los calendarios oficiales de la FIFA, pero que durante varias semanas convivió con una de las potencias históricas del futbol mundial.

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El uniforme blanco de los alemanes contrastaba con el verde intenso de una cancha que había sido inaugurada apenas dos décadas atrás. Los entrenamientos atraían a aficionados, periodistas y curiosos. El 25 de mayo de 1986, incluso, el Atlético Morelia disputó un partido amistoso contra la selección germana en el recinto. Alemania ganó 2-1, pero la anotación del delantero moreliano José Guadalupe “El Mudo” Juárez quedó grabada como una rareza estadística y sentimental: un futbolista local había conseguido marcarle a una selección que semanas después alcanzaría el subcampeonato del mundo, repitiendo lo logrado en España en 82 y más tarde alzaría la Copa en Italia 90.

La historia del Estadio Venustiano Carranza comenzó mucho antes de aquella visita internacional. A principios de la década de 1960, cuando Morelia todavía era una ciudad considerablemente más pequeña y sus límites urbanos comenzaban a extenderse hacia el oriente, el Gobierno de Michoacán impulsó la construcción del Centro Deportivo Ejército de la Revolución. La primera piedra fue colocada durante la administración de Agustín Arriaga Rivera como parte de un proyecto que pretendía concentrar instalaciones deportivas de uso público en un mismo espacio. El estadio sería la pieza principal de ese complejo.

Su construcción coincidió con una etapa de transformación nacional marcada por grandes proyectos de infraestructura. En la capital michoacana, el nuevo recinto se levantó junto a una de las zonas más reconocibles de la ciudad, a escasos metros del Acueducto. Desde entonces, su silueta quedó integrada al paisaje urbano. A diferencia de otros estadios que fueron concebidos como monumentos de concreto de gran escala, el Venustiano mantuvo una capacidad modesta, unos 20 mil espectadores, un inmueble cercano a la ciudadanía orientado a ser el corazón deportivo de Morelia.

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La inauguración formal ocurrió en 1964. Meses después se celebró el encuentro que lo presentó ante la afición local. El rival elegido fue el Botafogo de Brasil, uno de los clubes más prestigiosos de Sudamérica. Los visitantes se impusieron 2-1 al conjunto moreliano. Entre los asistentes figuró el entonces presidente Adolfo López Mateos. Aquella tarde quedó también inaugurada una relación que durante décadas uniría al estadio con la historia del futbol profesional en Michoacán y con su fiel afición.

Durante casi 25 años, el Atlético Morelia disputó sus partidos como local en ese inmueble. Mucho antes de que existiera el Estadio Morelos y de que el club alcanzara los éxitos que llegarían en el nuevo siglo, las tardes futboleras de la ciudad transcurrían en las gradas del Venustiano Carranza. Ahí desfilaron generaciones enteras de jugadores, entrenadores y aficionados. Ahí se formó buena parte de la identidad futbolística de Morelia.

Sede multifuncional

Pero not se puede reducir la historia del estadio al balompié. Desde sus primeros años, el recinto fue concebido como un espacio multifuncional. La pista de atletismo que rodea la cancha principal permitió albergar competencias estatales y nacionales. Alrededor del estadio fueron apareciendo canchas de tenis, voleibol, baloncesto y frontón. Década tras década, el complejo fue creciendo hasta convertirse en uno de los centros de actividad deportiva más importantes de la región.

Los símbolos más visibles de esa etapa de expansión permanecen sobre las tribunas. Cinco aros gigantes pintados de azul, amarillo, negro, verde y rojo dominan el horizonte del inmueble. Son una referencia directa a los Juegos Olímpicos de México 1968 y constituyen uno de los elementos arquitectónicos más reconocibles de la ciudad.

La conexión con los grandes eventos internacionales no terminó ahí. Cuando México organizó el Mundial de 1970, Morelia volvió a figurar como ciudad de apoyo para distintas delegaciones; 16 años más tarde, el estadio repetiría ese papel durante la Copa del Mundo de 1986. No hubo partidos oficiales ni transmisiones desde sus tribunas, pero los entrenamientos de Alemania Federal colocaron momentáneamente a Morelia en de la conversación futbolística global.

Nueva misión

Para finales de los años 80, el crecimiento del futbol profesional en México exigió instalaciones más modernas. La construcción del Estadio Morelos marcó el inicio de una nueva etapa. En 1989, el Atlético Morelia abandonó su vieja casa para mudarse a su nueva casa. Muchos recintos deportivos pierden relevancia cuando dejan de albergar a sus principales inquilinos, pero el Venus siguió otro camino.

La salida del futbol profesional no fue el fin. La pista de atletismo adquirió mayor protagonismo. Escuelas, clubes, asociaciones deportivas y deportistas amateurs comenzaron a utilizar cotidianamente las instalaciones. Miles de corredores han dado vueltas alrededor de la cancha central durante décadas. Para varias generaciones de morelianos, el primer contacto con el deporte organizado ocurrió ahí.

Con el paso del tiempo, el Venus también encontró una segunda vida como escenario de eventos multitudinarios. Conciertos, ceremonias religiosas, festivales y actos públicos comenzaron a ocupar su calendario y evitó su abandono.

Un momento clave llegó en febrero de 2016. Ante la visita del papa Francisco a Morelia, fue sometido a trabajos de rehabilitación. Las cámaras de televisión que transmitieron la visitamostraron tribunas renovadas, decoraciones inspiradas en elementos de la cultura purépecha y una imagen renovada de un recinto que se acercaba a las seis décadas de vida. Un año más tarde volvería a recibir una ceremonia multitudinaria relacionada con el relevo en la Arquidiócesis de Morelia.

Las intervenciones continuaron en años posteriores. En 2018 concluyó una de las remodelaciones más importantes del Centro Deportivo. Entre los trabajos realizados destacó la rehabilitación integral de la pista de atletismo, cuya longitud fue corregida de 406 a 400 metros reglamentarios. También se sustituyeron capas estructurales, se renovó el tartán y se modernizaron diversas áreas del complejo.

Hoy, mientras el tránsito circula frente al Acueducto y los corredores ocupan la pista desde las primeras horas de la mañana, el Estadio Venustiano Carranza mantiene una actividad constante. Su capacidad es motivo de debate según la fuente consultada. Algunos registros hablan de más de 22 mil espectadores, mientras que otros censos recientes la ubican alrededor de 17 mil 600 localidades. Lo que no está a discusión es su peso simbólico dentro de la ciudad. Pocos inmuebles deportivos de Michoacán han acumulado tantas funciones distintas como historias.

Aunque su nombre oficial es de sobra conocido, la mayoría de los morelianos lo identifica de otra manera: El Venus. El apodo parece resumir mejor la relación entre la ciudad, su gente y este estadio que ha visto pasar no sólo a deportistas locales, sino a presidentes, atletas olímpicos, músicos, pontífices y hasta futuros subcampeones y campeones del mundo. La historia del Venus continúa acumulándose vuelta tras vuelta alrededor de una pista y una cancha que han sobrevivido a casi todo.

Arved Alcántara / La Voz de Michoacán