IMÁGENES NUESTRAS | Casa de la Cultura, un espacio que alberga historia, pero también grandes misterios

En pleno siglo XXI, cuando ha tomado relevancia el valor de los antiguos túneles de Morelia, la Casa de la Cultura cuenta con uno de los pocos explorados y disponibles para ser visitados turísticamente, al menos desde hace algunos años.

Foto: Sam Herrera Jr.

Arturo Molina / La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán. La Casa de la Cultura de Morelia, ubicada en el Antiguo Convento de los Carmelitas Descalzos, alberga grandes secretos y misterios cubiertos por los gruesos muros de cantera diariamente, miles de jóvenes entusiastas de las artes transitan al interior del inmueble, en muchos casos sin conocer el valor soterrado en las criptas y túneles debajo de sus pies.

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Y es que en pleno siglo XXI, cuando ha tomado relevancia el valor de los antiguos túneles de Morelia, la Casa de la Cultura cuenta con uno de los pocos explorados y disponibles para ser visitados turísticamente, al menos desde hace algunos años.

El inmueble ubicado en la zona norte del Centro Histórico de Morelia y casi en los límites de la misma, destaca que en los años 70 del siglo XX, cuando se rescató y remodeló el inmueble y se transformó en Casa de la Cultura, se redescubrió el osario (donde se entierran los huesos que se sacan de las sepulturas) de la orden y también se encontró la cripta de la familia Peredo. Durante décadas el pasaje estuvo completamente inundado.

En su interior está la tumba de Miguel de Peredo y otros miembros de su familia. Debido a la filtración de agua por la roca de cantera, para drenar el lugar y facilitar el acceso al mismo se hizo un túnel que comunicara el osario con la cripta. Este es el túnel más moderno de la ciudad y quizás el único que se puede visitar sin peligro, excepto el de mojarse ocasionalmente los pies. 

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La familia Peredo, fue una de las grandes benefactoras de la orden de los Carmelitas por lo que se les dotó de una importante estancia para el descanso en el subsuelo del que fuera el gran convento. Las criptas subterráneas cuentan con el escudo de armas de las que habría sido una de las familias más importante de siglos pasados.

Durante cientos años el antiguo convento fue sede de congregaciones religiosas y más recientemente, una central camionera. Las fotografías de la época en blanco y negro demuestran la presencia de los autobuses estacionados en el patio principal del edificio que hoy día se utiliza como instalación de la Casa de la Cultura de Morelia.

Remontando a sus orígenes, el edificio fue construido en el año de 1593 por los frailes de la orden de Nuestra Señora del Carmen, quienes pertenecieron a las primeras ordenes mendicantes en instalarse en esa zona; originalmente en la planta baja de las instalaciones construyeron una iglesia y una capilla, en la parte de arriba se encontraban las celdas y las habitaciones de los frailes que realizaban las tareas de mantenimiento y de evangelización durante la época colonial. 

Tenía un atrio frente al templo funcionaba como cementerio, mientras que al norte del convento se ubicaba una extensa huerta de más de 50 mil metros cuadrados que proporcionaba tanto de alimentos como de productos para comerciar a los frailes. En 1659 se construyó la capilla anexa al costado sur del templo, la cual posee una cripta funeraria subterránea. En 1735 se sustituyó el techo del templo, que era de viguería de madera con cubierta de teja, por las actuales bóvedas y cúpula de cantera. 

En 1809, sólo un año antes del inicio de la Guerra de Insurgencia, en el convento estuvieron presos integrantes de la Conspiración de Valladolid como Vicente Santa María. Medio siglo más tarde, en 1857, a raíz de la aplicación de las leyes liberales los frailes fueron exclaustrados, pasando el inmueble conventual a manos del gobierno, sólo conservando el templo su función religiosa. La huerta fue fraccionada para la edificación de viviendas y parte del atrio se convirtió en la actual plaza pública. 

En el siglo XX el exconvento presentó muy diversos usos, algunos años fue sede del Seminario de Morelia, posteriormente el segundo patio fue utilizado como estacionamiento de camiones de aseo público, estación de autobuses hasta los años 70. Finalmente, fue albergue estudiantil para la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), en donde decenas de jóvenes del interior del estado encontraron un espacio para vivir y continuar con sus estudios.