IMÁGENES NUESTRAS | Colegio de San Nicolás, corazón del conocimiento

El Colegio conserva la magnificencia de su estructura arquitectónica, su importancia social-académica y, sobre todo, el resguardo de las auténticas “reliquias” de la máxima casa de estudios de la entidad.

Foto: Sam Herrera Jr.

Arturo Molina / La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán. En sus aulas, se fraguaron las ideas y las mentes que desde hace más de 200 años dieron forma a la nación mexicana. A más de 200 años de su fundación, el Primitivo Colegio de San Nicolás se mantiene como una de las instituciones académicas más importantes de la entidad.

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Repleta de jóvenes entusiastas que esperan una oportunidad de ingresar a las carreras de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), el Colegio conserva la magnificencia de su estructura arquitectónica, su importancia social-académica y, sobre todo, el resguardo de las auténticas “reliquias” de la máxima casa de estudios de la entidad.

El salón en donde se conserva el corazón Melchor Ocampo es uno de los espacios más misteriosos y visitados del recinto. Citas de rectores señalan que “Melchor Ocampo dejó su corazón en el Colegio de San Nicolás porque el Colegio de San Nicolás siempre estuvo presente en su corazón”.

Justo a la entrada del edificio, es inevitable sorprenderse con el monumento de Miguel Hidalgo y Costilla, el Padre de la Patria, quien hace poco más de dos siglos sería rector del entonces Colegio de San Nicolás. El monumento se encuentra centrado entre un jardín impecable que ensalza el legado del nicolaicismo.

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Se han quedado en el recinto diversos objetos de la historia de México. La puerta del aula mater, se encuentra precedida por los bustos de vasco de Quiroga y Melchor Ocampo, como guardianes de las puertas del aula más antigua de Michoacán.

Alberga además uno de los recintos que ha sido testigo de miles de conferencias, presentaciones y debates: se trata del Aula Mater, lugar en el que prodigiosos estudiosos, artistas, políticos y académicos dieron cátedra e ilustraron a los alumnos de múltiples generaciones el trabajo logrado con años de esfuerzo.

Fundado en 1543 y originalmente ubicado en Pátzcuaro, con el cambio de sede episcopal a Valladolid (hoy Morelia), terminan trasladando el colegio en 1580, en donde se fusiona y usa la infraestructura del entonces Colegio de San Miguel.

Desde entonces, el inmueble estuvo funcionando como institución educativa, primero con el nombre de Real Colegio de San Nicolás Obispo y posteriormente como Colegio de San Nicolás de Hidalgo.

Fue considerado por los estudiosos de la época como uno de los centros de estudios más importantes de la entonces Nueva España.

No obstante, con el paso de los siglos, las épocas y la transición de nuestro país adquirió otros usos que nunca abandonaron la senda de la educación y la formación académica de los vallisoletanos, posteriormente morelianos.

A fines del siglo XVII en el Colegio de San Nicolás se emprendió una profunda reforma de su reglamento y constituciones, que sirvió de base para modificación del plan de estudios de principios del siglo XVIII, en el que, entre otras asignaturas se incluyeron Filosofía, Teología Escolástica y Moral. Lo anterior situó al Colegio de San Nicolás a la vanguardia del conocimiento de la época.

Parecía establecerse que para principios del siglo XIX el plantel atravesaba por la etapa más sólida de su existencia. Incluso, todo indicaba que en el mundo intelectual novohispano se lanzaba a una carrera ascendente. Sin embargo, las consecuencias del movimiento de independencia, acaudillado por un selecto grupo de maestros y alumnos nicolaitas, entre los cuales destacaron Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos, José Sixto Verduzco, José María Izazaga e Ignacio López Rayón, propiciaron que el gobierno virreinal decidiera clausurarlo.

Luego de décadas de permanecer cerrado como consecuencia de la lucha armada que se prolongó por más de 11 años, el 17 de enero de 1847 el gobernador Melchor Ocampo procedió a su reapertura, bajo la denominación de Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás de Hidalgo.

En la segunda mitad del siglo XIX, en las aulas nicolaitas irrumpieron la Química, la Física, la Cosmografía, las Matemáticas y la Biología. Laboratorios y bibliotecas se enriquecieron con importantes adquisiciones realizadas por el gobierno michoacano en países europeos, a la vez que su patrimonio se incrementaba mediante donaciones que le confería el ejecutivo estatal provenientes de los bienes secularizados a los templos y conventos michoacanos.