IMÁGENES NUESTRAS | Mercado de Dulces, un gran escaparate artesanal

Las muñecas de cartón con su característico color rosado y articulaciones de lazo, los baleros, trompos, muñecos articulados de madera, rompecabezas, coches, camiones e incluso aviones se rehúsan a desaparecer.

Foto: Sam Herrera Jr.

Arturo Molina / La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán. Casi escondidos entre toneladas suvenires y artesanías en general, los juguetes y dulces tradicionales, labor con más de 100 años de antigüedad, sobreviven en el Mercado de Dulces y Artesanías de Morelia.

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Las muñecas de cartón con su característico color rosado y articulaciones de lazo, los baleros, trompos, muñecos articulados de madera, rompecabezas, coches, camiones e incluso aviones se rehúsan a desaparecer. Lo mismo la amplia variedad de dulces típicos, que convierten a este sitio en una para obligatoria para los turistas.

A pesar de la disminución del consumo de juguetes en la infancia moreliana y la crisis que atraviesan dichos juguetes, es la nostalgia, el cariño de los turistas y el valor por lo hecho a mano lo que mantiene los estantes de uno de los rincones del Mercado de Dulces repleto de los juguetes y tradicionales de Morelia.

Salir del pasillo principal del recinto comercial e internarse en la parte que colinda con e lo antiguo teatro y los jardines traseros acerca a los visitantes a un viaje al pasado para conocer los juguetes con los que jugaron los niños de generaciones pasadas.

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"El Mercado de Dulces no solamente vende dulces", señalan los artesanos jugueteros de la madera, quienes también recordaron que, si bien es menor la presencia de dichas artesanías, se trata de productos hechos a mano, con madera local y pintados por manos michoacanas.

Las guitarras, violines, contrabajos e instrumentos de maderas michoacanas representan un pequeño rincón de Paracho y los artesanos de las cuerdas en la jungla de artesanías que representa el Mercado de Dulces Valentín Gómez Farías.

Guitarras elaboradas a mano y traídas desde Paracho permiten a los turistas nacionales e internacionales observar y adquirir en Morelia uno de los íconos de la música clásica y regional construidas en una de las regiones más reconocidas.

Y es que al igual que el resto de los edificios históricos del primer cuadro de la Ciudad de la Cantera Rosa, la vocación del Mercado de Dulces ya ha cambiado con el paso de los siglos. Miles de turistas, locales e incluso locatarios pasean por sus pasillos sin conocer si quiera el pasado remoto del inmueble; los usos van desde una caballeriza hasta un comentario en la época colonial.

La historia del inmueble se remonta a la expulsión de los Jesuitas, en el año de 1769, bajo la acusación de haber sido instigadores de motines populares en la entonces Nueva España, lo que implicó que las pertenencias de la compañía religiosa fueran literalmente abandonadas por décadas y retomadas y poseídas por el clero secular.

Fue hasta casi 100 años, después bajo el gobierno de Benito Juárez y las promulgaciones de las Leyes de Reforma en el México independiente que las propiedades del clero regular y secular fueron desamortizadas por el gobierno y empleadas para otros fines laicos, incluidas las abandonadas por la Compañía de Jesús tras su expulsión.

Casi un siglo después, el panteón fue removido y sustituido por grandes casonas que incluso fungieron como hoteles. Los pasillos con estructura arquitectónica de arquería, fueron utilizados para el resguardo de los caballos de los huéspedes del hotel.

Posteriormente, otro siglo después, en el año de 1968, bajo el gobierno municipal de Alfonso Martínez Serrano fue que se inauguró el mercado tal como lo conocen los morelianos al día de hoy, lo anterior luego de conflictos y problemas que se generaron con los comerciantes de dulces y golosinas que se postraban en los portales del primer cuadro, frente a la Catedral de Morelia.

La placa colocada a las afueras del Mercado de Dulces Valentín Gómez Farías recuerda a los turistas y ciudadanos que el 15 de septiembre de 1968 fue entregada durante el gobierno de Agustín Arriaga Rivera la “obra de restauración y construcción ejecutada por el Ayuntamiento con la colaboración del gobierno del estado”.

En los carteles publicitarios de los primeros años de funcionamiento del mercado en el inmueble actual, se perciben dulces de frutas cubiertas, jaleas, pastas de almendras, una gran variedad de ates, obleas y cocadas que persisten en gran medida hasta nuestros tiempos.