IMÁGENES NUESTRAS | ¿Un helado, un gazpacho, un elote? En la Cerrada de San Agustín lo encuentras

Los poco más de 150 metros de largo con los que cuenta la vialidad peatonal convergen en uno de los espacios más pintorescos, coloridos, iluminados y visitados de la zona de monumentos de Morelia.

Foto, Samuel Herrera Jr.

Arturo Molina / La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán. Ubicada en pleno corazón del Centro Histórico de Morelia, la Cerrada de San Agustín se mantienen hasta nuestros días como uno de los espacios favoritos para las fotografías del recuerdo en la Ciudad de la Cantera Rosa.

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Los poco más de 150 metros de largo con los que cuenta la vialidad peatonal convergen en uno de los espacios más pintorescos, coloridos, iluminados y visitados de la zona de monumentos de Morelia.

Y esque aunado a la oferta gastronómica y cultural, el espacio se ha convertido en uno de los escaparates de los colores y las tradiciones de Morelia con sus adornos colgantes que han incluso desde el tono sobrio del barro, hasta los colores brillantes de más artesanías.

Este sitio enclavado justo en corazón del Centro Histórico de Morelia no siempre tuvo esta composición, el tramo fue cerrado al tráfico vehicular el 18 de mayo de 1973 y peatonalizado como un obsequio a los morelianos por el 432 aniversario de la fundación de la ahora “Ciudad de la Cantera Rosa”.

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En tiempos coloniales, este acceso, fue creado para conectar las plazas con el entonces Convento Agustino, ubicado en dirección al sur de la entonces Valladolid en donde se venera a la Virgen del Socorro, imagen donada a los padres agustinos por Santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia, antes de su muerte en 1565.

Su origen se remonta directamente a los primeros agustinos en pisar tierras michoacanas fueron fray Juan de San Román y fray Diego de Chávez y Alvarado, quienes se establecieron primeramente en Tiripetío y posteriormente en Valladolid, donde edificaron el convento, iglesia y hospital. Esta orden fungió un papel importante para el desarrollo y crecimiento de la Ciudad durante al menos cien años por lo cual la conexión entre el corazón de la ciudad y el convento, fue importante para la Orden.

 Para el siglo XX, durante la gestión del gobernador Servando Chávez Hernández, y poco más tarde durante la administración del también priista Carlos Torres Manzo que se ejecutaron las modificaciones en la urbe que optaron por la preferencia a los peatones.

Desde entonces, la vialidad se llenó de todo tipo de comercios; tanto de restaurantes donde se pueden encontrar las típicas enchiladas placeras, el chocolate de mesa caliente de los agustinos, los churros de azúcar, el café y los tradicionales quesos así como de negocios de zapaterías que se han convertido ya, en parte importante de la imagen de la concurrida “Cerrada de San Agustín”.

 Los helados tradicionales de “la michoacana”, los chicharrones y los icónicos gazpachos morelianos que fueron haciéndose famosos a partir de los años ochenta, y que son ahora, uno de los principales atractivos para los jóvenes.

Por las tardes, el sonido de los organilleros, los tambores de los músicos “hippies”, los niños jugando con globos y burbujas expedidos por vendedores de esta ciudad, marcan prácticamente un ambiente de feria que se hace tangible tan pronto pasan las 4 de la tarde.

Asimismo, se ha destinado para las verbenas populares en los festejos patrios, el día de muertos, así como para exposiciones y montaje de números culturales que han fungido como parte importante del folclor michoacano.

Otras pequeñas calles en el Centro de Morelia que fueron cerradas al tránsito colocándoseles pavimento de piedra son las ubicadas a las laterales de algunas plazuelas durante la misma época de los años 70´s, son la calle al costado sur del Jardín de las Rosas, la calle al costado norte del Jardín Héroes del 47 y del Jardín de Capuchinas.

Asimismo, una pequeña rúa que conectaba la Avenida Madero con Allende a través de la Plaza Benito Juárez, también fue peatonalizada en la misma época, de aquello aún se pueden observar los vestigios de lo que fue un pequeño carril de un solo sentido.