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    Morelia | 24 Sep, 2026, 11:30

    Vertebral | El Grito de Independencia en París: un país reunido lejos de casa

    Al terminar la ceremonia, París seguía allí, hablando francés. Sin embargo, durante unas horas, México dejó de ser únicamente el lugar del que venimos y se convirtió en el lugar donde volvimos a encontrarnos

    Foto: Sared Ramírez, cortesía de la Embajada de México en Francia

    Erandi Avalos

    El 12 de septiembre fui a buscar a México en París. No era todavía la noche oficial de El Grito de Independencia, pero en La Palmeraie, un salón del distrito XV, ya estaban reunidas más de mil quinientas personas dispuestas a celebrarlo. Afuera seguía la ciudad francesa; adentro, algo más difícil de nombrar que una fiesta: ese país que uno lleva consigo y que, de pronto, necesita escuchar su propio idioma, cenar sus antojitos y sentirse en casa.

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    Pero las fiestas no se organizan solas. Fue Nicolás Jiménez Roldán quien tuvo esta iniciativa. Él cuenta: “Lo que me hizo llegar a París fue el amor”. Al igual que a muchos de los compatriotas que conozco, él vino a Francia para formar una pareja bicultural e hizo su vida aquí. “Los mexicanos siempre queremos más fiesta”, dice. “En las celebraciones del Grito de Independencia que se realizaban en la Embajada al mediodía, siempre nos quedábamos con ganas de seguir la celebración, así que surgió la idea de organizar algo más grande a través de la Asociación París/México”. La primera fiesta superó las expectativas. Lo mismo la segunda y así sucesivamente. “Un día, la entonces Embajadora, Sandra Fuentes, me propuso que la celebración se realizara en conjunto con la Embajada de México en Francia. Así lo hicimos y fue un éxito. Hasta hoy esa colaboración perdura y son los embajadores en turno los que dan El Grito de Independencia, en El Grito en París”.

    Su Excelencia la Embajadora de México en Francia, Blanca Jiménez Cisneros, estuvo muy cercana a la gente durante la celebración. Amablemente nos comentó: “Es muy importante la celebración del grito, porque es un tema de identidad nacional que se celebra en las embajadas de México en todo el mundo. Es una oportunidad para la comunidad mexicana en París de recordar juntos a nuestra patria. Además, este año se suma la conmemoración de los 200 años de las relaciones diplomáticas entre Francia y México, así que es doblemente especial”.

    La programación que representó dignamente la cultura popular mexicana

    Cada año varía la programación. Esta vez hubo un poco de todo: se presentó el Gran Ballet de México, dirigido por Juan Carlos Gaitán, con sus 38 bailarines, impecables vestuarios y una alegría contagiosa. “Somos un colectivo independiente, orgulloso de nuestro patrimonio cultural. El arte es una forma de comunicación directa y sé que algo positivo les dejamos a nuestros espectadores”. Las bailarinas Yamila Palacios y Carolina Ramos me platican entre bambalinas, que se han preparado durante años para “cumplir el sueño de representar a México en París a través de la danza” y añaden que “es impactante ver cómo en los países en los que nos hemos presentado quieren a nuestro país”. Juan Carlos continúa “Ver a tantos paisanos que sienten nostalgia y poder darles un pedacito de nuestras tradiciones es un orgullo”. Concluye con una reflexión muy acertada “es necesario acercar a los jóvenes al arte y la cultura nacional, que vean y sientan en vivo ese ‘interruptor’ que se enciende y que conecta con nuestros ancestros”.

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    El mariachi Vientos de Cocula despierta otra clase de memoria. Puede recordarnos una plaza, una serenata, una película vista con la familia o una canción que juramos no volver a cantar porque nos hace llorar. Ninguna de esas evocaciones es idéntica a la de la persona que está al lado. Silvia Chávez Cereceda, consejera adjunta de asuntos económicos, comerciales y de turismo de la Embajada de México en Francia, estuvo presente también: “Al llegar y escuchar al mariachi, me emocioné mucho”, dice sonriente. “Es impresionante cómo ha crecido la comunidad mexicana en París y también cuánta gente de otros países viene. Esta fiesta se ha convertido en una muestra de lo fuerte que es nuestra comunidad y de cuánto aprecia el mundo a México”. Tiene que alzar la voz al hablar, ya que de fondo más de mil personas cantan junto al mariachi: “Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito Lindo, los corazones…”

    Foto: Sared Ramírez, cortesía de la Embajada de México en Francia

    Es cierto lo que Silvia dice: me encontré con personas de Latinoamérica y de Europa, como el francés Yannick, quien unos momentos antes se sentó junto a nosotras en las mesas dispuestas al más puro estilo de una boda o una fiesta de quince años: “me gusta venir porque la gente es amable y cálida, hace cinco años que no me la pierdo”, y saboreando su tamal de mole añade: “y la comida es deliciosa”.

    Seguimos conversando con Silvia en las mesas comunes, donde todos van y vienen, platicando y comiendo también tacos de canasta, de cochinita o pozole rojo: “Este es un evento muy importante para la Embajadora, y para todo el personal de la Embajada, porque es posible aquí tener una Ceremonia de El Grito de Independencia al lado de muchas más personas, a diferencia del evento protocolario. Eso nos pone muy contentos. Es como una gran fiesta familiar, y todos sabemos que las fiestas mexicanas son una forma de convivencia muy cálida y alegre. Cuando estás lejos, valoras más todo lo que México ofrece. La música, el baile, la comida”.

    Y vaya que sí bailamos. Porque cuando empieza a sonar “¡Hui Pi Pi Pi Pi Pi Pi! Yo buscaba en tu cariño, un amor que no he tenido…”, del grupo popular Cañaveral de Humberto Pabón, nadie necesita explicarle a un mexicano qué hacer: el cuerpo lo sabe solo. “Estamos muy lejos de casa, pero a la vez nos sentimos en casa, celebrando nuestras fiestas patrias”, dice Emir Pabón, cantante y productor del grupo que puso a bailar a todos y que nos regaló dos o tres canciones más con el típico mexicano: “¡otra, otra, otra!”.

    Foto: Sared Ramírez, cortesía de la Embajada de México en Francia

    Sin embargo, también ahí hay una pequeña lección sobre lo complejo que es el tema de la identidad. La cumbia nació fuera de México, viajó, cambió de acento y encontró un sitio entre nuestras músicas más queridas. Hoy la bailamos para celebrar un acontecimiento nacional en Francia. Si alguien buscara una cultura inmóvil, pura y cuidadosamente encerrada dentro de sus fronteras, aquella pista de baile le habría complicado la tarea.

    Un festejo que crece

    La idea de organizar El Grito en París, fue de Nicolás, pero sin su equipo nunca hubiera logrado que esto creciera y él les agradece a cada uno de ellos. Claudia Moriamé, por ejemplo, es la encargada de relaciones públicas y asistente de producción del evento, pero también de las actividades que Nicolás Roldán organiza durante el año, “es una gran responsabilidad porque represento la labor que él realiza en la comunidad”.

    “También me encargo de colaborar en la elección de los artistas invitados y en la logística de sus estancias”, comenta. “Queremos que todos los que participan y todos los asistentes se vayan muy contentos. Estamos abiertos a que nos digan en qué podemos mejorar, porque esta celebración es de todos los mexicanos en París”.

    Para el futuro, Nicolás quiere integrar actividades para niños y jóvenes franco-mexicanos y complementar con más proyectos artísticos. Su incansable labor por promover la cultura mexicana en Francia lo hizo merecedor de la Medalla del Senado de Francia el año pasado.

    Dice que lo que más recuerda de su infancia en su natal Cuautla, Morelos, es “cuando jugaba fútbol o trompo en la calle, teníamos muchos juegos, también recuerdo mucho las posadas”. Tal vez esa nostalgia queda aliviada al ver a cientos de personas disfrutando juntas de esta celebración que él organiza. Familias con niños pequeños, parejas, grupos de amigos.

    Eso no quiere decir que el país se vuelva más sencillo por estar lejos. La nostalgia posee un talento peligroso: ilumina lo amado y deja en penumbra lo que duele. Podemos recordar la comida, la música y la ternura de nuestra gente sin olvidar que en México persisten desigualdades, violencias y exclusiones. Por eso vale la pena gritar ¡Viva México! para afirmar que el país nos importa aun en la distancia, y que también reconocemos y estamos orgullosos de las maravillas que nuestro país tiene.

    Al terminar la ceremonia, París seguía allí, hablando francés. Sin embargo, durante unas horas, México dejó de ser únicamente el lugar del que venimos y se convirtió en el lugar donde volvimos a encontrarnos. Tal vez la patria sea también eso: una memoria compartida que viaja con nosotros y aparece, incluso lejos de casa, cuando muchas voces se reúnen para pronunciar su nombre.

    Porque como dice Cindy Fléchard, michoacana que vive en París: “No hay mexicano más mexicano que el mexicano que migra”.

    ¡Viva México!

    Erandi Avalos, historiadora del arte y curadora independiente con un enfoque glocal e inclusivo. Es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte Sección México y curadora de la iniciativa holandesa-mexicana “La Pureza del Arte”. erandiavalos.curadora@gmail.com

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