A 14 años de que fue entregado, el rastro municipal de Jiquilpan es un “elefante blanco”

Durante los últimos 14 años el abandono lo ha convertido en refugio de fauna nociva, además de que las tuberías, la herrería y parte de los corrales de manejo han sido ya desmantelados, así como gran parte de los techos de lámina

Foto, José Luis Ceja.

José Luis Ceja / La Voz de Michoacán

Jiquilpan, Michoacán. Pese a que se cumplen ya 14 años de su entrega, el rastro municipal de Jiquilpan en la zona agrícola se ha convertido en pasto de los amantes de lo ajeno, quienes prácticamente lo han desmantelado ante la indolencia de las administraciones posteriores a su entrega.

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La historia

Fue al final de la administración 2005-2007 que con la intención de dar cumplimiento a las normativas estatales y federales en torno a la ubicación de los centros de sacrificio animal con fines de consumo humano, que la alcaldía gestionó los recursos necesarios para la construcción de un nuevo rastro que tendría carácter regional y cuya operatividad le permitía obtener la calidad de un rastro Tipo Inspección Federal (TIF), con lo que se garantizaría la inocuidad de los cárnicos de bovino y porcino, además de garantizar un sacrificio de los animales en un marco de dignidad.

Foto, José Luis Ceja.

Para el nuevo emplazamiento de este rastro se adquirió una parcela en la zona agrícola, en la que se construyó este rastro que contaría con corrales de manejo, cámaras de refrigeración, mesa de inspección de vísceras, traslado del rastro hasta el mercado local, un puesto de inspección fitosanitaria permanente, áreas separadas de oficina, centro de matanza, guías metálicas aéreas para el traslado de los canales de los animales sacrificados, áreas de desembarco de animales, canaletas de conducción y la infraestructura necesaria que le permitía una operatividad óptima lo que le colocaría como un rastro regional con la más alta certificación posible en ese entonces.

La entrega de este inmueble se dio en los últimos meses de esa administración con el señalamiento de que hacía falta aún una inversión cercana a los 5 millones de pesos para poder iniciar operaciones; meses después de arrancada la administración 2008-2012 y ante el estancamiento de los trabajos, Martín Corona, entonces síndico municipal, señaló que en el marco del proceso de entrega-recepción, el rastro municipal no se encontraba dentro del listado de bienes inmuebles de la administración municipal, por lo que no podría ser objeto de una nueva inversión municipal o el Ayuntamiento podría fungir como gestor de recursos para este rastro.

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Foto, José Luis Ceja.

Sin embargo, de acuerdo con funcionarios de esa administración, la verdadera razón por la que nunca se permitió la operación de este rastro fue la oposición de los introductores de ganado, quienes argumentaron que la lejanía con el centro de población incrementaría los costos de traslado del ganado al centro de sacrificio, además de que un sector de los integrantes de este ejido se inconformaron debido a la sospecha que había de que la operación de este rastro podría generar algún tipo de contaminación en las zonas de labranza aledañas.

Lo cierto es que, sin explicación alguna, durante los últimos 14 años la inversión municipal realizada parece imposible de rescatar, principalmente debido al vandalismo de que ha sido objeto este inmueble y el estado de abandono que lo ha convertido en refugio de fauna nociva, además de que la totalidad de las tuberías, parte de la herrería y parte de los corrales de manejo han sido ya desmantelados, así como gran parte de los techos de lámina.

Foto, José Luis Ceja.

El rastro viejo

En tanto la infraestructura del rastro nuevo permanece ociosa, la matanza de animales se realiza en un inmueble que se ubica en la misma cuadra del templo de San Juan Pablo y la Escuela Primaria Ignacio A. Gudiño, en la calle Diego José Abad, en el barrio de La Puente, al oriente de la cabecera municipal, donde opera de manera tradicional y vierte sus desechos a un arroyo lateral que se integra a la red de canales que desahogan en el Río Jiquilpan.

Incluso actualmente el personal de este rastro carece de municiones para la pistola de sacrificio, por lo que éste se hace a degüello, con el sufrimiento que implica para el animal.

Foto, José Luis Ceja.

Pese a que durante varias administraciones se ha venido tratando de mejorar las prácticas en este espacio, asuntos como la matanza, evisceración y traslado de la carne se realizan de manera rústica, además de que, desde hace tiempo, los profesionistas de la salud animal han sido relegados del organigrama del rastro local pese a la importancia que reviste la revisión de la carne que sale del centro de matanza a los mercados. Actualmente esta revisión es realizada por personal del rastro de manera empírica, por lo que no existe certeza alguna.

Datos de los administradores del rastro señalan que al menos el 10 por ciento de la carne que se consume, tanto de res como de cerdo, es producto del sacrificio clandestino, esto es, pequeños criadores de reses y cerdos que prefieren realizar la matanza y venta al menudeo en sus patios traseros.

Foto, José Luis Ceja.