Angélica Ayala / Colaboradora La Voz de Michoacán Pátzcuaro, Michoacán. El tradicional Altar de Dolores, inspirado en uno de los siete dolores de la Virgen María, "el niño perdido y hallado en el templo", es dedicado a las Madres Buscadoras de todo México; así lo expresó Monseñor Diego Monroy al inaugurar este “incendio”, como también se les llama, en el Portal Hidalgo, el cual es uno de los principales atractivos de Semana Santa en Pátzcuaro. A 20 años de haber montado el primer altar monumental del Viernes de Dolores, Diego Monroy García expresó que, ante la realidad que se vive hoy en México, “hemos montado este altar en honor a la mujer plena que sufrió y lloró: la misma Madre de Dios. La pérdida de su hijo Jesucristo, tres días perdido, y ella angustiada y adolorida porque ama a su hijo más que a ella misma; es un momento doloroso de la Madre de Dios”. Entre los significados se ubican siete arcos que representan cada uno de los dolores de la Virgen María. En su mensaje, el sacerdote, quien también se desempeñó como rector de la Basílica de la Virgen de Guadalupe en la Ciudad de México, mencionó: “Imaginemos la angustia y el dolor de la Virgen por el hijo amado; por eso, ella entiende y comprende muy bien a las madres buscadoras. Este altar es el homenaje a las madres buscadoras que hemos montado todos los años junto con el licenciado en artes plásticas Luis Alberto Herrera”. Relató que desde el siglo XVII, aproximadamente en el año 1660, “entró a nuestra patria la tradición de montar estos hermosos altares para acompañar a la Madre de Dios ocho días antes del Viernes Santo, ocho días antes del sacrificio supremo de su hijo. Nosotros queremos acompañar a la madre, aminorar su dolor y su sufrimiento; por eso estos tapetes de semillas, aserrín y flores, para que ella transite por ellos en el camino de la amargura y ese trayecto se le haga más sencillo y fácil de transitar”. Todo en el altar tiene un sentido; por ejemplo, el trigo germinado, regado con las lágrimas de la Virgen, expresa la fecundidad de su maternidad divina, así como la materia prima de la sagrada forma de la Eucaristía, “para que la Reina del Cielo se distraiga un poquito de sus cinco sentidos. Así pedimos que acompañe a las madres buscadoras que sufren a lo largo y ancho del país”. Hizo énfasis en las madres que sufren por el hijo secuestrado, asesinado o encarcelado injustamente; por los hijos que tienen que migrar lejos de casa por temas de pobreza o a causa de la inseguridad, así como las que a diario sufren por el hijo enfermo, minusválido o aquel que ha caído en la adicción de las drogas o los vicios. “Todo esto incluye, desde luego, a las madres que sufren por el hijo que las abandona, por el desamor y el desprecio de los hijos hacia su madre”. Sin embargo, ante tanta tristeza, Diego Monroy comentó que no están solas: “Aquí hay una madre que quiere acompañarlas; para decirle a las mamás que sufren, a las mujercitas que lloran, que no están solas, que hay alguien más que las acompaña en el sufrimiento y les dice: ‘ánimo, quiero que con mi hijo Jesucristo vuelvan al gozo y a la alegría de cuando abrazas a tu hijo recién nacido’”. En el Altar de Dolores también se encuentran los ángeles pasionarios con los símbolos de la Pasión de Cristo: el gallo que cantó cuando San Pedro negó a Jesús, los látigos, la lanza, la Verónica, la columna de los azotes, la espada, la cruz, la escalera y los dados; todos estos elementos de la pasión y muerte de Jesús. Las esferas no faltan cada año, ya que con la luz y el movimiento que se genera con el aire producen destellos; es como un gran incendio de dolores por la cantidad de cristales. Este altar es el principal de la ciudad, aunque también se instalan en negocios y casas que rodean la Plaza Vasco de Quiroga y algunas calles aledañas. Cabe mencionar que con el altar y el banderazo del operativo de seguridad en el entronque a Tzurumútaro, en el que participan 350 elementos, se dan por inauguradas las actividades religiosas y culturales de la Semana Santa en Pátzcuaro.