Centro histórico de Morelia: el deterioro a punto de ser irreversible; robo y agresiones en aumento

En incremento, el robo a piezas de bronce y herrería en diversos monumentos y espacios

Víctor E. Rodríguez Méndez

Las ciudades, dijo Ítalo Calvino, son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje. Son lugares de trueque de mercancías —agregó el escritor italiano—y de intercambio de palabras, deseos y recuerdos. Morelia, ciudad colonial por excelencia, es un conjunto de todo ello, cuya figura de cantera, exaltada particularmente en su centro histórico, en tiempos actuales ha sido motivo de robos y agresiones. De acuerdo con voces especializadas sobre imagen urbana, Morelia requiere de un plan conjunto que involucre a autoridades y población para establecer medidas preventivas y correctivas en la protección de sus espacios turísticos y su gran acervo patrimonial.

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Cuando se la mira en su entorno general, pasear y mirar por sus diversos escenarios es una experiencia asombrosa que revela el mapa humano y físico de la ciudad, el ritual urbano que nos hace afines unos a otros. Con la mirada se transita por las calles, pero también se transitan los espacios —como refería Calvino— de la memoria y la imaginación.

Para el arquitecto Héctor Álvarez Contreras caminar por las calles del centro histórico de Morelia es “una experiencia agradable que otorgan la antigua Calle Real (avenida Madero) y las calles aledañas a ella”. El maestro en arquitectura apunta que no hay una geografía difícil: “Las calles y plazas otorgan remates visuales y espaciales característicos de las ciudades barrocas latinoamericanas que dan este carácter de sorpresa, y los edificios que delimitan los espacios comprenden estilos históricos desde el siglo XVII hasta el XX con fisonomías también agradables”; pero, sobre todo, resalta “la atmósfera que genera la vida cotidiana de sus habitantes; más allá de las actividades destinadas al turismo —que sí son importantes—, las labores diarias de la gente común marcan el carácter de los espacios urbanos y arquitectónicos”.

La experiencia de caminar en el primer cuadro de Morelia es un gran descubrimiento y un gran atractivo por sus grandes monumentos. Foto: Víctor Ramírez

Para Vicente Guijosa Aguirre, arquitecto y fotógrafo, la experiencia de caminar en el primer cuadro de Morelia es —más que nada para los turistas— un gran descubrimiento y un gran atractivo por sus grandes monumentos, siendo la Catedral el atractivo principal, sobre todo porque no ha sido tan vandalizada ni alterada como los demás edificios. Por lo demás, agrega, “está preciosa la ciudad; el acueducto es un poema, la plaza Villalongín es preciosa... en fin. Se sorprende uno de la belleza de lo que fue y de lo que todavía es”.

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Por su parte, Gaspar Hernández Razo, gerente del centro histórico de Morelia, resalta “lo maravilloso” de los mil 113 monumentos históricos y arquitectónicos que se ubican en los 3.43 kilómetros e involucran a 219 manzanas, en las que se cuentan 21 templos y 19 plazas públicas. Cita al arquitecto Walter Debenedetti para decir que los centros históricos “se leen con los pies”. El funcionario recomienda “caminar, contemplar y leer su historia”; de esta manera, dice, “se descubre siempre algo nuevo y así nos obligamos a respetar y promover su historia”.

La mirada mala sobre la ciudad

Sin embargo, el mapa central de la ciudad a través del cual nos guía la mirada nos ubica también en espacios físicos cuya percepción no está adecuada con la maravilla estética. Existen afectaciones que vale la pena registrar. Bajo esta realidad se encuentra la indiferencia institucional —en algunos casos— para proteger los bienes inmuebles históricos, a lo que se agrega recientemente el incremento de robo de piezas y la agresión hacia diversos monumentos que, al día de hoy, ni leyes, reglamentos y ordenamientos jurídicos en la materia; planes, programas, convenios y acuerdos en apoyo al patrimonio cultural; ni otras acciones de restauración, conservación y rescate del patrimonio han podido evitar.

Foto: Víctor Ramírez

Dedicado por varios años a tomar fotografías de arquitectura, Vicente Guijosa señala esa otra parte de Morelia que va más allá de la mirada turística, lo que él describe como “el deterioro abominable que padecen, por ejemplo, varios edificios en su interior, aunque por fuera se vean perfectamente bien”. Un caso concreto, apunta, es el Conservatorio de las Rosas: “Es un claustro precioso y con unos patios todavía bien conservados; pero se está cayendo, está apuntalado y eso lo ve cualquier persona, está a la vista, sobre todo por el patio de atrás”. Igual pasa, agrega, con la fachada del Palacio de Gobierno que ya no parece querer ser restituida de los grafitis.

No hay, apunta el ex director del Centro Cultural Clavijero, “una constancia a la responsabilidad de mantenerlos bien y finalmente queda en manos de los particulares el cuidado de los edificios que ellos compran”. Guijosa Aguirre señala el caso de los hoteles de la plaza Melchor Ocampo que miran hacia la Catedral: “Casi todos han construido una terraza para hacer un restaurante o un mirador o un club o un bar o lo que sea, en contra de los lineamientos que tiene cualquier plaza pública para conservar un remate visual común. Es verdaderamente patético ver lonas y plásticos que rompen con lo que tenía de placentero esa fachada continua”.

Guijosa también arremete contra las letras colocadas en algunas plazas para que las personas visitantes se puedan tomar fotos: “Poner los letreros de Morelia para el turismo deteriora, a mi manera de ver, el paisaje urbano”.

Héctor Álvarez también es tajante al respecto: “El deterioro en los monumentos de Morelia es grave y a punto de ser irreversible en algunos casos. Estamos en un momento de fachadismo, es decir, vemos fachadas que guardan un estado de conservación regular a la vista, pero en vistas aéreas y registros al interior de los inmuebles es notorio el abandono de los predios y la degradación de muchos de ellos”. Agrega que en algunos de los monumentos representativos de la zona de monumentos se aprecian deterioros importantes de pérdidas de elementos, flora invasiva, vandalismo, humedades, etc. “Se observan más trabajos de restauración en algunos predios particulares que en edificios religiosos o civiles a cargo del estado”.

Para Vicente Guijosa el deterioro de edificios y monumentos revela “una falta de atención y de responsabilidad”. Apunta: “cuando los proyectos son políticos y no sustentados en una ley que evite aquello, cada seis años cambian políticas de apoyo y de ocupación de espacios”. El deterioro, remata, al ser constante en el tiempo “se vuelve caótico y luego se convierte en irreparable”.

El recuento de otros daños

Aparte de los edificios, en los últimos años se ha dado otro tipo de afectaciones al patrimonio histórico. Se trata de robos a piezas específicas en diversos espacios: rejillas de calles peatonalizadas, bustos, placas y, más recientemente, bancas de cantera o metal de plazas públicas, además de trozos de esculturas de bronce. De acuerdo con Gaspar Hernández, la capital michoacana es de las ciudades coloniales que mayor incidencia de robos de patrimonio histórico a nivel nacional. Aun cuando las afectaciones tocan a los cuatro sectores de la ciudad, el centro histórico es el más afectado.

En este sentido, vale recordar el derribo por el Consejo Supremo Indígena de Michoacán en febrero de 2021 de una escultura que formaba parte del conjunto Los Constructores, situado al final del acueducto, por considerarla racista; también el Memorial a Mujeres Víctimas de Feminicidio de Morelia, ubicado en la Plaza de la Paz, fue agraviado en meses recientes con el robo de una placa y diversas pintas sobre la cantera que muestra los nombres de mujeres que perdieron la vida debido a la violencia. El bulevar García de León, al sureste, también ha sido motivo de afectaciones, con el robo de placas en al menos dos bustos.

De acuerdo con un reporte actualizado del gobierno municipal, el inventario total es de 172 piezas, de las que al momento se declaran robadas 34 placas y 2 bustos. De las 34 placas, 5 corresponden al Sector Independencia (suroeste), 19 al Sector Nueva España (sureste), 12 al Sector República (noroeste) y 7 al Sector Revolución (noreste).

Los daños más importantes han sido en el monumento en bronce a las niñas y niños españoles ubicado en la esquina de Ignacio Zaragoza y el portal Galeana; robo de una lámina en la plaza de San José —ya restituida—, el busto de Manuel Martínez en la Biblioteca Pública y una lámina en uno de los tramos del Acueducto; la espada y el pergamino de Morelos, en la plaza Artilleros de 1847, ubicada en Isidro Huarte y Bartolomé de las Casas; la espada, funda y escudos de los Niños Héroes, en la plaza homónima, así como el hurto de tres placas en la plaza Valladolid, entre otras más. De acuerdo con Gaspar Hernández Razo, en las próximas tres semanas se repondrán algunas de estas piezas.

¿Cómo reconstruir y reconstituir la ciudad como espacio de significaciones y apropiaciones colectivas?

El funcionario municipal señala que el vandalismo se ha incrementado, pese a los esfuerzos de vigilancia policial. “Está complicado”, dice, porque ya no nada más roban bronces, sino ahora también herrería y luminarias”. Gaspar Hernández urge al reforzamiento de los valores, a reflexionar sobre el deber ciudadano de proteger la ciudad en todos sus aspectos. “A la sociedad en su conjunto nos corresponde esta tarea”.

El vandalismo en contra del patrimonio es “lamentable e injustificable”, asienta por su parte Héctor Álvarez. “Todos los grandes monumentos generalmente son producto del ejercicio del poder y muchas veces de cierta opresión social en un panorama muy, muy amplio. Pienso que todos los tesoros y todos los monumentos del mundo juntos no valen la vida de una mujer o una niña”.

En su carácter más humano, agrega, “los monumentos no solamente valen por sus atributos estéticos, de hecho, valen menos por eso que por sus valores históricos y culturales. Son marcas en la memoria que no vale la pena perder. Aunque se entienden las acciones de violencia contra monumentos como reclamos sociales, creo que se pierden estas marcas y se repiten los mismos actos de violencia”.

Vicente Guijosa finaliza: “Yo creo que Morelia es una gran ciudad y que con poco se pudiera arreglar, sobre todo con una decisión política de conservación y mantenimiento”.

Víctor E. Rodríguez, comunicólogo y diseñador gráfico de profesión; periodista cultural de oficio desde hace tres décadas. También ejerce la docencia y de vez en cuando dirige talleres de redacción, escritura creativa y de periodismo.