Cumbre climática en España termina dejando varios asuntos pendientes

Las manifestaciones reflejaron la creciente frustración, especialmente entre jóvenes, por el lento avance de los esfuerzos contra el calentamiento global

Activistas protestan afuera del recinto de las conversaciones COP25 sobre el clima en Madrid, el sábado 14 de diciembre de 2019. (AP Foto/Manu Fernandez)

AP / La Voz de Michoacán

Madrid, España. Los negociadores de casi 200 países aplazaron el domingo hasta el año siguiente una importante decisión sobre los mercados globales de emisiones de dióxido de carbono, poniendo fin a las maratónicas reuniones de la cumbre internacional del clima en Madrid.

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Tras dos semanas de negociaciones sobre la lucha contra el calentamiento global, los delegados aprobaron declaraciones pidiendo más ambición en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y en la ayuda a países pobres afectados por el cambio climático.

Sin embargo, y pese a celebrar la cumbre climática más larga en 25 años de ediciones anuales, dejaron un espinoso asunto por resolver de cara a la próxima conferencia, prevista dentro de un año en Glasgow.

Los mercados de emisiones ponen un precio a las emisiones de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, y permiten a los países o empresas canjear permisos de emisiones que pueden reducirse de forma constante, fomentando la adopción de tecnologías de bajas emisiones.

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Varios países de Europa y otras regiones dijeron que era mejor no alcanzar ningún acuerdo sobre cómo regular el canje de créditos por emisiones que aprobar un mal acuerdo que pudiera socavar la docena de mecanismos regionales ya en vigor.

"Por suerte, las débiles normas de un mecanismo regulado por el mercado, defendidas por Brasil y Australia, que habrían socavado los esfuerzos por reducir las emisiones, se han descartado".

Mohamed Adow, director Power Shift Africa, un grupo de presión.

Las conversaciones en Madrid se han visto acompañadas en ocasiones por indignadas protestas de indígenas y grupos ambientalistas, tanto dentro como fuera del recinto. Las manifestaciones reflejaron la creciente frustración, especialmente entre los jóvenes, por el lento avance de los esfuerzos contra el calentamiento global.

Entre los documentos aprobados el domingo estaba la declaración "Chile-Madrid Tiempo de actuar", que pide a los países que mejoren sus compromisos actuales de reducción de emisiones de efecto invernadero.

Los científicos han advertido que las emisiones deben bajar considerablemente y lo más pronto posible para impedir que las temperaturas se eleven más de 1,5 grados centígrados (2,7 F) para finales de siglo.

A la fecha, la temperatura del mundo está en curso de aumentar entre 3 y 4 grados centígrados, con secuelas posiblemente dramáticas para muchos países.

También se acordó destinar fondos para los países más vulnerables para compensarles por los efectos de fenómenos climáticos extremos, uno de los problemas más urgentes para los pequeños estados insulares.

Sin embargo, grupos y activistas ambientalistas han acusado a los países ricos de falta de compromiso a la hora de combatir seriamente el cambio climático.

"Puede que el Acuerdo de París haya sido la víctima de un atropello con fuga por parte un puñado de poderosas economías contaminantes, pero están en el lado equivocado de esta lucha, en el lado equivocado de la historia".

Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace International.

"Los bloqueadores del clima como Brasil y Arabia Saudí, habilitados por un liderazgo chileno irresponsablemente débil, traficaron con los acuerdos de emisiones y pasaron por encima de los científicos y la sociedad civil", añadió.

Chile presidió las negociaciones, que tuvieron que trasladarse a Madrid con poco tiempo de margen antes del inicio de la cumbre debido a las violentas protestas contra el gobierno en Chile. Pese a la presión por ofrecer un resultado positivo, los activistas criticaron al gobierno del presidente de Chile, Sebastián Piñera, por mantener las centrales eléctricas a carbón hasta 2040.

Esa decisión "refleja lo desconectados que están los líderes de los países de la urgencia de la ciencia y las demandas de sus ciudadanos en las calles", indicó Helen Mountford, de World Resources Institute, un grupo de estudios medioambientales.