El misticismo y la necesidad se volvieron a congregar este jueves en las aguas sagradas de una laguna situada a dos mil metros de altitud en un volcán de Guatemala, donde cientos de indígenas de la etnia maya mam celebraron su ancestral ceremonia para combatir la sequía que afecta a sus cultivos. Guiados por el calendario espiritual que marca exactamente cuarenta días después de la Semana Santa, familias procedentes de municipios del departamento (provincia) occidental de Quetzaltenango ascendieron el volcán Chicabal para depositar ofrendas de flores y velas en la laguna situada en el cráter donde, según su cosmovisión, las nubes bajan a la tierra para recoger el líquido vital. "Venimos con gran devoción como cada año para hacer aquí una ceremonia por la vida y por el mundo entero", relató a EFE Alma López, una devota originaria de San Juan Ostuncalco, quien llegó acompañada de su comunidad tras horas de trayecto. Para esta población, predominantemente dedicada al cultivo de hortalizas y granos básicos, la falta de precipitaciones representa una amenaza directa a su supervivencia, en una región que depende por completo de la agricultura familiar de secano. "Pedimos agua, pedimos lluvia, pedimos por la vida a cada uno de nosotros y pedimos por los enfermos, por cuántos problemas que hay en este mundo venimos a pedir por todo", detalló López, segura que de la salud de la tierra depende la producción de "papa, zanahoria, repollo y la sagrada maíz, haba y frijol". La ceremonia, en la que confluyen ritos de la espiritualidad maya y de la religión católica, se celebra en torno a los cuarenta altares prehispánicos que bordean la laguna, enclavada en este volcán del municipio de San Martín Sacatepéquez y ubicada a más de 200 kilómetros al noreste de la capital guatemalteca. Para llegar a la laguna, desde el área de ingreso y control, se deben recorrer cerca de cinco kilómetros cuesta arriba por las faldas del volcán, para luego descender las gradas que llevan al espejo de agua. La laguna es custodiada con celo por los comunitarios, debido a restricciones ancestrales que prohíben nadar o contaminar sus aguas, por la creencia de que el domo hídrico podría "esconderse" si su pureza es vulnerada. Resistencia espiritual frente al cambio climático "Nos hace falta la lluvia a nosotros que sembramos el maíz, el frijol. Ya la siembra se está secando, entonces venimos a pedir la lluvia a la madre naturaleza, al Padre Creador, al espíritu del mundo, especialmente aquí a la laguna Chicabal", explicó también a EFE Wilson García, líder comunitario de San Juan Ostuncalco. García subrayó que, más allá de un acto de fe mística, la peregrinación constituye un ejercicio colectivo de memoria histórica y preservación frente a las presiones culturales externas. "Esto no es ninguna religión, esto es espiritualidad del pueblo. Nos invadieron, pero nosotros somos los futuros que nos dejaron los abuelos. Seguimos la resistencia en la espiritualidad, simplemente los respetamos como también ellos que nos respeten", sentenció. Por su parte, Mash, activista de formación política del Consejo del Pueblo Maya, apuntó que el encuentro no congrega únicamente a campesinos, sino a un tejido social diverso compuesto por comerciantes y académicos comprometidos con la restauración del equilibrio ecológico. "Hoy hablamos del cambio climático, que es un fenómeno en el que se pone en cuestión la vida y en riesgo la vida. Entonces, es una invitación para que volvamos a nuestra esencia como seres humanos", dijo Mash a EFE. Según registros de la municipalidad local y de la asociación de guías espirituales, se estima que cada año entre 2 mil y 3 mil personas ascienden a la cumbre para participar en el cierre de esta rogativa. El flujo de peregrinos se ha mantenido constante en la última década, lo que consolida a Chicabal como uno de los sitios sagrados de mayor relevancia espiritual y turística del Altiplano guatemalteco. EFE / La Voz de Michoacán