Columna | Araceli Gutiérrez Cortés La participación ciudadana, tiene una connotación mucho más extensa que ese mercado de votos que se traduce en ir a la casilla electoral una vez cada tres años; la política y los políticos, hoy se encuentran en la disyuntiva de la participación como un elemento clave para la toma de decisiones en el país. A su vez, esta figura es frecuentemente relacionada con la democracia, porque la democracia está basada en la participación de los individuos en los asuntos de su comunidad y las y los ciudadanos la expresan a través del voto. Lo cierto es que, desde su origen, la democracia fue considerada como una forma de gobierno donde las decisiones políticas eran tomadas por las mayorías, aunque sí hay que decir que, esta no siempre gozó de buen prestigio; pues en el mundo antiguo, había diferentes rangos sociales, que se identificaban no solo con el pueblo sino también con la aristocracia o con la monarquía, se decía que cuando el poder se depositaba en la democracia era ejercido solo para ventaja de los pobres. Y estos, aunque fuesen la mayoría, no eran la totalidad. Las opiniones a favor comienzan a reflejarse cuando la democracia se opuso a la monarquía, pues era preferible que el poder estuviese repartido entre los ciudadanos que acaparado por un individuo. Al final, la mejor virtud de la democracia no es propiamente la eficiencia, ni la prontitud, sino la libertad que se consigue con la participación de los ciudadanos. No obstante, la ciudadanía mexicana y michoacana ha reflejado altos porcentajes de abstencionismo a la hora de tomar de decisiones en las urnas. Si revisamos los porcentajes de participación ciudadana desde que se creó el entonces IFE en 1990, tuvimos en el año 1994, un máximo histórico de participación ciudadana que no hemos vuelto a alcanzar, con el 77.16%. Esas fueron las primeras elecciones en las que el Secretario de Gobernación no encabezó los trabajos del proceso electoral. Veamos en la tabla, cómo se ha comportado el voto en las elecciones locales en Michoacán. La participación ciudadana a nivel local es menor que la participación a nivel nacional. Nuestro histórico de participación en lo local se dio en las elecciones de 1996 con apenas el 61.07%. Desde entonces, Michoacán comenzó con una tendencia a la baja y reflejó una caída importantísima entre 2018 y 2021, aunque con una recuperación franca en el 2024, aún se mantiene por debajo de la media nacional. Si tomamos como parámetro los porcentajes de participación de las entidades donde hubo elecciones en el año 2024, Michoacán se posiciona entre los 8 estados con menor participación ciudadana, junto con los dos Estados de Baja California, Sonora, Chihuahua, Jalisco, Durango y Sinaloa. Entonces con base en esto, quiero destacar que en las últimas elecciones en el estado de Michoacán hubo una participación del 55.17%, en otras palabras, el 45% de los ciudadanos decidió no ir a votar. En las últimas elecciones federales, la participación fue de casi el 61% y si nosotros contrastamos estos números con los ranking de confianza que los ciudadanos tienen en las instituciones, donde los partidos políticos tienen una calificación reprobatoria y son los peor evaluados en los últimos tres o cuatro años; si vemos la encuesta sobre percepción de inseguridad y vemos que más del 58% de las personas se sienten inseguras en su ciudad; si damos un vistazo a la cifra negra y vemos que más del 92% de los delitos que se cometen en el país no se denuncian y que de aquellos que se denuncian, en más del 50% no pasa nada. Hay un estudio reciente de Otto Granados que arroja unas cifras escalofriantes y dice que, en México, solamente el 25% de los ciudadanos considera que debe respetarse la ley, es decir, el 75% de los ciudadanos valida la no observación de la ley, como los ciudadanos están insatisfechos creen que se vale, violar la ley. En tal sentido, la suscrita afirma, que la participación de la ciudadanía está íntimamente ligada a su percepción de seguridad, de salud, de educación, de empleo, a su calidad de vida, etc., por ello, considero que no serán los órganos electorales quienes cambien el interés de participación de la ciudadanía, pues tendrá que ser una inercia generada por un mejor gobierno en los tres niveles, en los tres poderes.