POR LA ESPIRAL | Claudia Luna Palencia

Su nombre de pila al completo es: Charles Philip Arthur George y a sus 74 años de edad, inicia un reinado en una nación guiada por una monarquía parlamentaria y lo hace, además, de la mano de Camila Parker-Bowles su eterno amor cuyo idilio mantuvo incluso casado con Diana Spencer.

Foto: twitter

Monarquías rancias

Quedan unas horas para la coronación de Carlos III y Camila como rey y reina de Reino Unido. Mañana sábado seremos testigos mediáticos de la exaltación abyecta de dos seres humanos, uno de ellos cree que su derecho de sangre y casi divino, es más que suficiente para convertirse en jefe de Estado. No, nadie ha ido a una urna a votarle.

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En la plenitud de 2023, un total de 44 estados soberanos tienen diferentes tipos de monarquías: parlamentaria (el monarca es el jefe del Estado con un papel simbólico y representativo); electiva-teocrática (como El Vaticano); monarquías absolutistas (Arabia Saudita) o monarquías rotatorias (en Malasia y Brunéi) entre otros modelos más tradicionales que siguen algunos países en África.

Esta forma de poder y de mandar surgió de la mano con las primeras civilizaciones, en las recién formadas polis, y algunas son tan antiguas que pertenecen al año 3 mil antes de Cristo, como en Egipto y Mesopotamia.

Andado el tiempo, la historia se ha teñido de sangre para derrocar a varias como sucedió en Rusia o en Francia a favor de un gobierno republicano. Sin embargo, en Europa perviven doce monarquías: Reino Unido, España, Noruega, Suecia, Dinamarca, los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Liechtenstein, Mónaco, Andorra y Ciudad del Vaticano.

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Se ignora cuánto tiempo más perdurarán y si terminarán vigentes a finales de este siglo. La más reciente coronación del rey Carlos III y la reina Camila en Reino Unido resucita el debate del futuro de la monarquía en un siglo marcado por un profundo cambio generacional y sobre todo, por juventudes menos apegadas a los símbolos, las tradiciones, los ritos y las jefaturas de Estado por derecho divino y de sangre.

La de Reino Unido tiene sus propias peculiaridades. La entronización del rey Carlos III en la abadía de Westminster, lo convierte además en cabeza de la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth) formada por 19 países soberanos, independientes y semiindependientes que comparten en su mayoría lazos históricos con Reino Unido, desde 1950 a la fecha.

Si bien, no implica alguna sumisión a la Corona británica sí se respeta la figura del monarca en este caso Carlos III como en su momento sucedió con su madre, la reina Isabel II, fallecida el 8 de septiembre de 2022.

Además, esta monarquía es también especial por todo lo que la rodea, no solo la pompa y circunstancia, sino porque guarda con el tiempo cierta flema de un pasado que sigue resistiendo a morirse.

En ninguna parte del mundo la monarquía es un símbolo tan querido como en Reino Unido, al menos así se dejó sentir en el largo reinado de Isabel II. Con veintiséis años ascendió al trono en 1952 y tras siete décadas en el trono, su vida se apagó a los 96 años de edad, tras fallecer en el Castillo de Balmoral.

En setenta años han pasado grandes acontecimientos mundiales: desde la posguerra, la etapa de la Guerra Fría, los movimientos anticoloniales en África y en Asia; la modernización y ampliación de la clase media y conflictos, invasiones, guerras, atentados terroristas cruciales como los del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. A la monarca Isabel II, le tocó por supuesto que su país entrase a la Comunidad Económica el 1 de enero de 1973 y que luego mutó a la Unión Europea (UE) del que su país terminaría yéndose el 30 de enero de 2020, tras un desastroso Brexit.

De pronto pareció que sería eterna en el trono, pero su fallecimiento el 8 de septiembre del año pasado, puso todos los reflectores en el heredero al trono: Carlos, el príncipe de Gales.

A colación

Su nombre de pila al completo es: Charles Philip Arthur George y a sus 74 años de edad, inicia un reinado en una nación guiada por una monarquía parlamentaria y lo hace, además, de la mano de Camila Parker-Bowles su eterno amor cuyo idilio mantuvo incluso casado con Diana Spencer. La princesa Diana murió en un extraño accidente automovilístico el 31 de agosto de 1997.

No sé cuánto vaya a cambiar, para bien o para mal, la monarquía británica con él al frente. Su papel debe guardar mesura, ni opinar ni entrometerse, pero ya hay quienes ven en el carácter de Carlos III algún atisbo de que intentara imponer su personal forma de pensar en varios aspectos de la nación británica.

No son pocos los desafíos por los que atraviesa la nación insular desde el Brexit, el descontento social, la intención de Escocia de consumar su referendo independentista y las ganas de varios países miembros de la Commonwealth de abandonar el rito de la monarquía y declararse republicanos.

A ello se suma que la familia real siempre está rodeada de escándalos si en el pasado fue Lady Di y los engaños de su marido Carlos (que será coronado al lado de la que fue su amante, la eterna Camila) en el presente es la posición de Meghan Markle y su hijo Harry contando su vida a diestra y siniestra y los secretos de palacio. Por no olvidar los turbios casos de pederastia en los que se vio involucrado el príncipe Andrés y los rumores de que Guillermo, el príncipe heredero, tiene una amante. A los protagonistas de toda esa telenovela británica los mantiene el erario… hasta que se cansen de hacerlo.