Emiliano Medina Texas, el estado donde desde 1988 ningún demócrata gana una senaduría. Aquel donde, desde Jimmy Carter, no se vota por un demócrata para presidente. El del petróleo y la libre portación de armas. El de los Diez Mandamientos obligatorios en cada salón de clase. El de enormes avenidas de asfalto y las pick-ups V8. El de la frontera hispana que en 2024 votó por Trump. Ese Texas. Es aquí, y no en otro lugar, donde está la esperanza de la izquierda. No hablo de la Nueva York de Mamdani, impedido constitucionalmente para buscar la presidencia. Hablo de Round Rock y de James Talarico. De la ciudad dormitorio de Austin y de quien, el 3 de noviembre, podría convertirse en senador por Texas. James Talarico es hijo de madre soltera y nieto de un pastor bautista. Fue profesor de secundaria y desde 2018 es miembro de la Cámara de Representantes de Texas, la cámara baja de la legislatura estatal. Se hizo conocido por oponerse a la ley que obliga a exhibir los Diez Mandamientos, en su versión protestante, en cada salón de clases. Una ley de otra época. Fue después de ese debate que Talarico saltó a la escena nacional: primero en el podcast de Joe Rogan, luego en Jubilee, en YouTube. Fue la antesala de su candidatura al Senado. Su competidor es el procurador de Texas, Ken Paxton. Cercano a Trump, quien lo apoyó en la interna republicana contra el senador John Cornyn. A su vez, es financiado por Elon Musk: 158 millones de dólares que, vía el fondo de liderazgo del Senado republicano, aterrizaron en un súper PAC pro-Paxton que no ha reportado ningún otro donante. Esto contrasta con la campaña de Talarico, donde 97 de cada 100 aportaciones son menores a 100 dólares. El rastro del dinero es contundente. A pesar de ello, la contienda será cerrada: las encuestas dan a Talarico una ligera ventaja, respaldada por poco más del 60 por ciento de probabilidad de victoria en Polymarket. Aun así, la contienda sigue abierta; ninguno puede sentirse seguro. Considero que, en caso de triunfo, la figura de Talarico puede representar en el futuro mucho más que una victoria en el Senado: puede consolidarse como el siguiente referente demócrata. Combina aspectos poco tradicionales para un candidato de izquierda: la fe cristiana y la lucha del 99 por ciento contra el 1 por ciento. En Estados Unidos, el dinero de los multimillonarios podría ser castigado el próximo 3 de noviembre. El mensaje que resuena es el de “los de arriba contra los de abajo”. La retórica de Talarico es clara: republicanos y demócratas tienen más en común de lo que imaginan; el problema es que están convenientemente divididos, por élites a quienes esa división les favorece. Aunque hay un componente populista importante, el candidato no es tan obtuso como para atrincherarse en su posición: parece estar abierto a escuchar. Su video en Jubilee es una joya: aun cuando lo exhibe como inexperto, lo posiciona como tolerante. La sinceridad y la consecuencia en política son más importantes que nunca. Aún es pronto para dilucidar si estamos ante el nuevo rostro demócrata; mucho dependerá del próximo 3 de noviembre. No obstante, no hay que perder de vista a Talarico: parece ser un candidato moderado en un ambiente polarizado, pero también uno con una posición articulada y consecuente. En un país donde el espectro izquierda/derecha está completamente desdibujado, Talarico emerge como una alternativa dentro de su partido. Hoy contrasta con Alexandria Ocasio-Cortez, quien parece ser demasiado woke para las mayorías; pero también con Newsom, atacado por representar los intereses corporativos del país. Mientras Talarico se mantenga firme, podría abrirse paso en un partido hambriento de liderazgos.