La política sin ideas: la retórica desgastada de los partidos políticos (parte II)

Cuando Claudia Sheinbaum se convirtió en la presidenta electa, a muchos nos asombró el margen: le ganó por más de 30 puntos a Xóchitl Gálvez. Fue una victoria histórica, de dimensiones nunca vistas desde la transición a la democracia en México.

Emiliano Medina

No sé si es más difícil ser oposición que gobierno, pero debe ser muy difícil ser oposición cuando se ha perdido legitimidad. La semana pasada señalé cómo el discurso de algunos de los voceros del oficialismo estaba falto de ideas; hoy quiero replicar el ejercicio analizando el discurso de la oposición. Para ello me remonto a 2024.

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Cuando Claudia Sheinbaum se convirtió en la presidenta electa, a muchos nos asombró el margen: le ganó por más de 30 puntos a Xóchitl Gálvez. Fue una victoria histórica, de dimensiones nunca vistas desde la transición a la democracia en México. En aquel momento, se discutió mucho qué había dejado de hacer la oposición y qué tendría que hacer para recuperar competitividad.

Se dijo que el discurso de Xóchitl no había incluido a los colectivos feministas, que no había conectado con los jóvenes, que se había enfocado demasiado en la defensa de instrumentos abstractos para el grueso de la ciudadanía -el INE, los órganos autónomos o el Poder Judicial- y que fue una campaña errática. Hoy me pregunto: ¿qué se ha hecho desde entonces? ¿Cuál es el proyecto de la oposición? Sigue sin quedarme claro.

Desde aquel 2 de junio de 2024, Alejandro Moreno fue reelecto dirigente del partido tricolor tras modificar sus estatutos. Desde entonces, el PRI se ha convertido en una máquina de memes. Las redes sociales de la organización lo confirman: los mensajes apelan a una nostalgia que jamás existió. “Nosotros construimos este país”, afirman algunos priistas. ¿Lo hicieron? ¿O lo construimos muchas veces a pesar del PRI? No es la pérdida electoral lo que hoy sacude a la institución; el verdadero problema es que no se ve por dónde. ¿Qué prospectos tiene hoy? ¿Quién conserva legitimidad? Alejandro Moreno puede ser popular, pero no creo que una encuestadora seria lo coloque como un prospecto viable para 2030. Además de oponerse a Morena, ¿qué defiende el presidente nacional del PRI? ¿Le creeríamos si nos lo dijera?

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Sucede algo similar con el Partido Acción Nacional. Una agrupación que históricamente se ha destacado por tener perfiles serios, hoy carece de agenda propia. Como le ocurrió al PRI, Morena les ha robado el foco. Ningún favor les hizo el “pónganse a trabajar, huevones” del expresidente Vicente Fox. Tampoco creo que hoy lo haga Lilly Téllez yendo a Estados Unidos a exponer los problemas del país. No me parece que eso genere demasiada simpatía.

Buscaron posicionarse muy a la derecha con el lema "patria, familia y libertad"; aparentemente reviraron de ese camino. Paradójicamente, la figura mejor articulada es Ricardo Anaya. Ha sabido alejarse de lo banal para señalar asuntos concretos: el huachicol fiscal, la crisis de desaparecidos. El problema es que ni él ni la organización que lo respalda escapan a ese déficit de legitimidad. Cuando se le pregunta por el "cártel inmobiliario" de la alcaldía Benito Juárez, su mejor respuesta es apelar a la integridad del presidente de su agrupación. ¿Le creemos? ¿Nos es suficiente? De poco sirve criticar a Morena si, al voltear a ver a los liderazgos alternos, la confianza no alcanza. Doblemente complicado si además carecen de ideas propias.

No obstante, aún falta Movimiento Ciudadano: tienen una plataforma política. Sus integrantes más visibles no están tan gastados. ¿Qué les hace falta? Y, sobre todo, ¿qué no quieren que veamos? Todavía debemos discutirlo en una tercera parte.

emilianomedina19@outlook.es