CUARTO PODER | Tiempos tempestuosos

Llama mi atención que en su solicitud no presentara la causa grave, salvo que califique como grave, que “su posición en la Corte se ha vuelto marginal para la transformación del país”. ¿Qué habrá querido decir?

Etelberto Cruz Loeza

¡Dios nos salve de los próximo 100 días!

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Tengo como fondo la melodía instrumental “Tiempos tempestuosos” y éstos son los que están sobre la actual administración federal…después de los efectos del fenómeno Otis que displicentemente todos los machuchones López obradoristas ignoraron, y continúan, y pagarán políticamente estos descuidos, incompetencias e incapacidades.

Tal como lo afirmé en mi colaboración anterior, Andrés Manuel López Obrador, está marcado por la mala suerte y se complementa con hechos ajenos a él que, de manera lateral, contingencial o tangencial o elípticamente le tocan, pero lo matizan por dichos y/o hechos que le sirven o sirvieron.

¿Cuáles?

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La tozudez de la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Yazmin Estrada Mossa en no salir de la vorágine en la que está por la copia de su instrumento de titulación al grado de licenciatura en Derecho. Todo el mundo sabe que la copió; se aferró a su dicho y documento y ahora, ya está sola y vulnerable, ya no está Arturo Lelo de Ralea. Que parece que brincó a la nada.

La UNAM obtuvo amparo que favorece a la actuación del Comité de Ética de la UNAM y su resolución dinamizará determinar que su título carece de valor y a la Dirección General de Profesiones cancelará su cédula profesional de licenciatura y como efecto todos los grados académicos posteriores caerán como castillo de naipes

Otro, Arturo Zaldívar Lelo de Ralea, aun ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, siguió el procedimiento constitucional, pero al revés: en su inicio presentó al presidente de la República –a su amigo Andrés Manuel López Obrador- su renuncia, pero olvidó un detalle: el tercer párrafo del artículo 98° Constitucional: por causa grave…

Llama mi atención que en su solicitud no presentara la causa grave, salvo que califique como grave, que “su posición en la Corte se ha vuelto marginal para la transformación del país”. ¿Qué habrá querido decir?

Sigue: además, como acto reflejo se sumó al staff de Claudia Sheinbaum - en este tiempo de la información e imagen al instante, debió haber anuencia-autorización del titiritero presidencial Para adherirse a la autollamada consolidación de la transformación…pero, en 2 años no podrá ocupar un cargo-responsabilidad ni por elección popular ni por designación superior: no podrá ser secretario de Estado. Nada. ¿será que tienen la seguridad del triunfo en el 24 y trabajará en el proyecto de reformar el Sistema de Elección del poder Judicial federal: ¿por elección popular al estilo 4T?

Con este inédito gambito de ajedrez, se evidencia su disponibilidad ‘culimpinarse’ y/o a ser tapetito a los juicios, deseo y caprichos de Andrés Manuel López Obrador.

¡Pobre! ¡No sabe leer la realidad ni los signos y augurios en el horizonte!

Otro más: cada administración federal tiene un manchón: a ésta le corresponden varios. El último: Acapulco.

La atención a los damnificados se le fue. La senadora Xóchitl le ganó. Ahí está su propuesta que debió aceptarla porque, tarde o temprano lo harán y será muy tarde, políticamente.

Se dice que a la oportunidad la pintan calva y que hay que agarrarla del único pelo que tiene y el presidente de la República debió aceptar y usar la propuesta de la que, muy posiblemente, será la contrincante de su candidata morenista favorita y que será o el tiro de gracia a su cuarta transformación o su desmoronamiento: porque Acapulco necesita reconstruirse desde abajo –las empresas turísticas, acaso no tanto, ni la gastronómica– pero sí el Acapulco, el otro, el que no sale en las fotos, pero que vive en zonas en donde Otis se llevó todo y habrá que reconstruirlo, partiendo de nada, pero sí con estímulos al trabajo, a la producción para que haya demanda, trabajo y consumo. Las despensas ayudan –uno o dos días-, pero no resuelven el colapso y desastre del Acapulco de los pobres, de los miserables, de los olvidados.

Para este tiempo tempestuoso y esperando el cumplimiento de la Ley del Péndulo reflexionando sobre los tiempos que vivimos y aunque somos, por las razones que sean, bastante manipulables. Y tal como lo expresa un personaje o varios, acaso, de la serie de noveles de don Luis Spota, la Costumbre del Poder: ¡Qué pronto olvidan los pueblos!

Ernesto Zedillo Ponce de León, ex presidente de nuestro país, en el sexenio 1994-2000, ahora trabaja en corporaciones transnacionales-financieras-comerciales y es parte integrante de su s consejos de administración y en universidades en Estados Unidos y ofrece conferencias de alta Gama.

Cuando fue Hombre Público, se le criticó bastante, lo que era lógico; cuando terminó su mandato ha sido respetuoso de la costumbre, que devino en ley, la del silencio. Hace 23 años que terminó su mandato en el país.

Ocasionalmente invitado a algún foro internacional, participa y expresa su punto de vista personal y/o del corporativo en el cual ocupa una silla en el consejo de administración.

Recientemente fue criticado, tanto él, en sus escenarios como presidente del país -como por sus palabras-. Participando en el Foro Global, en la Universidad de Chicago, sobre Discapacidad en América Latina, afirmó:

Me gustaría ver un presidente que no sea elegido mintiendo a la gente.

Culpando a otros por sus propios errores.

Que divida a nuestras sociedades.

Que no explote las necesidades de la gente por medio de un discurso demagógico.

Que asuma toda la responsabilidad de sus acciones prometiendo las reformas que nuestro país y los países necesitan en américa latina.

Ernesto Zedillo Ponce León es ejemplo de que nuestro país vive en democracia: de servicial limpiabotas en ciudad fronteriza de residencia –aunque nació en el DF- estudió Economía en el IPN y, sin ser político, alcanzó la candidatura y Presidencia de la República. Tiene bastantes señalamientos, pero ningún reconocimiento: él salvó el sistema financiero del país, manejó exitosamente la ‘devaluación’ de tres dígitos en 1994-1995, preparó la alternancia partidista, afirmó y sostuvo: se terminó el partido-gobierno, estableció la Sana Distancia entre partido en el poder y partido político (PRI y gobierno).

Beisboleramente: está cantado el cambio y el ponche.