PEDAGOGÍAS DE LA MEMORIA

El próximo 24 de marzo se cumplirán 50 años del último golpe de estado en Argentina, que instalo una violenta dictadura militar que duraría hasta 1983

Gustavo Ogarrio

El próximo 24 de marzo se cumplirán 50 años del último golpe de estado en Argentina, que instalo una violenta dictadura militar que duraría hasta 1983. La memoria social ante estos crímenes fue una auténtica disputa; la narración testimonial desde la perspectiva de las víctimas cimbró ese pasado inmediato que parecía sellado por la obstrucción procedimental de la justicia y/o por la abierta impunidad, al estilo de Pinochet o de Ríos Montt.

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Con el alineamiento y la “servidumbre voluntaria” de ciertos gobiernos latinoamericanos hacia la política de guerra total con perspectiva imperialista del gobierno de Donald Trump, se vislumbra un nuevo momento de “olvido” forzado, que ya se venía imponiendo paulatinamente desde hace más de tres décadas con el giro neoliberal y con la “disolución del pasado” que señalaba Beatriz Sarlo, emprendida por la tendencia ya fantasmal que se hizo llamar posmodernidad.

Quizás es momento de que nuestras memorias narradas y sonoras se reconfiguren en cierta “pedagogía de la memoria y del pasado inmediato” para lograr esa tensión con el presente que se requiere para enfrentar la amenaza contemporánea de una repetición de la criminalidad e impunidad desde lo gubernamental. ¿Qué narraciones, poéticas y canciones, pueden ser evocadas para actualizar esa memoria viva del dolor y de la desaparición, pero también de la lucha política, de la amistad y del amor como utopías colectivas?

Sin duda, los 50 años que se cumplen del golpe de Estado en Argentina, así como la urgencia de repensar la violencia política y su historia reciente, simbolizan también la necesidad de una nueva didáctica de los relatos y representaciones de ese pasado. ¿Qué debemos aprender del dolor del pasado en América Latina? ¿Cómo podríamos enseñarnos colectivamente a pensar los desafíos del presente en el contexto de un mundo en guerra y de una potencia como Estados Unidos, en pleno delirio imperialista?

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