Tom Sawyer

Análisis de Tom Sawyer por Gustavo Ogarrio: El clásico de Mark Twain, su prefacio original de 1876 y su conexión con la famosa canción de la banda Rush.

Gustavo Ogarrio

Quizás lo que más me gustaba era que en ese álbum, “Hold Youre Fire”, de Rush, había una canción con el título de “Tom Sawyer”: yo también me había conmovido con el tesoro y la casa embrujada, con el amor de Becky y el heroico Huck y la cueva de McDougal, con el trazo de Mark Twain de ese mundo a la orilla del río que ahora era también una canción en la que Tom significaba un orgullo compartido: “Today's Tom Sawyer / Mean…mean pride”.

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Ese orgullo que para mí era todavía más profundo cuando Mark Twain nos advertía, en el prefacio, que “Tom Sawyer” era un relato en el que se cruzaban realidades y ficción, un montaje que en el que se entrelazaban la experiencia propia de Twain, su memoria de una sociedad esclavista y “supersticiones” que son parte de esas “aventuras”; un orden narrativo con objetivos aparentemente básicos: recordar con agrado una época que los adultos de su tiempo (en 1876 se publica el libro) ya habían olvidado: “Casi todas las aventuras que se leen en este libro son cosas que han sucedido: algunas me ocurrieron a mí; otras, a muchachos compañeros de escuela. Huck Finn está tomado del natural; Tom Sawyer, también; pero no de un mismo tipo; es una combinación de muchachos, tres conocidos míos, y pertenece, por lo tanto, a lo que se llama, arquitectónicamente, un orden compuesto. Todas las supersticiones a que se hace alusión prevalecían en la época de esta narración; es decir, hace treinta o cuarenta años, entre los niños y los esclavos del Oeste de los Estados Unidos. Aunque este libro esté escrito principalmente para solaz de la gente joven, espero que no por eso será desdeñado por las personas mayores, pues entró también en mi propósito el hacer que los mayores recordasen con agrado cómo fueron ellos en otros tiempos y cómo sentían, pensaban y hablaban, y en qué curiosas situaciones se hallaron”.