Biden ante el Congreso

Los opinadores en Estados Unidos y los republicanos presionaron a Biden para hacer una declaración fuerte, de alta definición contra China y, no lo hizo, solo dijo que “si China amenaza nuestra soberanía, vamos actuar para defenderla y lo hicimos”.

Jaime Darío Oseguera Méndez

Esta semana compareció el Presidente Joe Biden ante el pleno del Congreso de los Estados Unidos (Diputados y Senadores), para rendir su informe sobre el estado que guarda la unión americana.

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Estados Unidos vive un momento de gran división. Es un país polarizado. El próximo año habrá elecciones y el Presidente está urgido de buenos resultados ante su baja popularidad.

Biden aparece o trata de aparentar ser jovial, jocoso, ligero sin ser superficial. Justamente encaja en la estrategia de no presentarse como un hombre viejo, sin la capacidad de ser el líder del país más poderoso del mundo

El informe que anualmente se rinde ante el Congreso, se da en un momento muy interesante, de cara al año electoral donde se renovará la Presidencia de los Estados Unidos. Biden ha dicho que busca la reelección, pero la edad juega en su contra: se presenta como un individuo menguado en sus facultades y capacidades; que no estará en condiciones de terminar adecuadamente los dos años que le faltan y los cuatro de una posible reelección.

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Y no es que haya impedimento legal, sólo que los gobernantes deben tener capacidades físicas e intelectuales probadas para conducir un país; eso debería ser el eje de un buen gobierno. Biden refleja cada vez menos esa necesaria vitalidad.

Viene la elección el próximo año y todos los temas serán electorales.

Biden quiere relanzar su campaña y lo hace en un escenario adverso, con la Cámara de Representantes de mayoría Republicana. No le van a permitir tomar decisiones políticas o presupuestales que le den popularidad y eventualmente votos.

Son los riesgos de la democracia parlamentaria, la mayoría se ve obstaculizada por quienes tienen una visión diferente y compiten por el poder. La guerra permanente llevada al escenario de la política.

Hace unos días la detección de un dron espía atribuido a China, generó un gran escándalo al haber sobrevolado desde Alaska en el norte de los Estados Unidos, en diagonal hasta el sur en la costa de Miami, presumiblemente realizando labores de espionaje.

Los opinadores en Estados Unidos y los republicanos presionaron a Biden para hacer una declaración fuerte, de alta definición contra China y, no lo hizo, solo dijo que “si China amenaza nuestra soberanía, vamos actuar para defenderla y lo hicimos”.

En lugar de patalear y amenazar, uso el viejo principio de que la mejor política exterior es la política interna y anunció su decisión de que Estados Unidos deje de depender de China y otros países en la elaboración de microprocesadores que producen todo tipo de mercancías y equipos del mundo moderno: carros, computadoras, maquinaria industrial, armas, dispositivos para la industria farmacéutica.

El país que controle este mercado va a asumir el liderazgo del mundo y en este momento ese país es China. Estados Unidos anunció una inversión millonaria para los próximos años y esperemos que parte del desarrollo tecnológico de esos productos tenga que ver con su elaboración en la zona del Libre Comercio con México.

El otro tema exterior que no mereció un gran comentario fue la guerra de Rusia con Ucrania. Al contribuyente y consumidor de Estados Unidos no le interesa mucho este asunto y menos si tienen que mandar tropas o gastar dinero propio en un conflicto tan ajeno. Al menos en la presidencia de Biden, ha cambiado diametralmente esta idea que Estados Unidos es el policía del mundo. Ellos tienen sus propios problemas y la opinión interna está profundamente dividida.

El gran asunto allá sigue siendo la economía, sobre el cual Biden puso bastante énfasis presumiendo logros como la menor tasa de desempleo en años y el combate a la inflación que finalmente, a decir de él mismo, empieza a descender. La opinión pública compuesta por amplios sectores de clase media, lo que quiere es mejores empleos e ingresos. Lo mismo que en cualquier país. Donde no hay crecimiento el votante retira la confianza y en ese tema, no se pueden decir mentiras por mucho tiempo. O hay resultados o hay cambio de gobiernos.

En cualquier caso, los Estados modernos requieren consensos y acuerdos. Así funciona la pluralidad política. Biden no tiene de su lado la Cámara de Representantes porque así es la democracia y en las votaciones se debe respetar la decisión de la ciudadanía.

Se requiere una agenda conjunta y ésta se construye con una actitud abierta, sin pretensión de verdades únicas y con generosidad. Muchos de los grandes temas en el futuro inmediato de los Estados Unidos tienen que ver con la aprobación de ambos partidos: el presupuesto militar, la ayuda a Ucrania, la inversión en la industria de los microprocesadores, el sistema de salud universal, el control de armas y otros, incluyendo cualquier posición en materia migratoria.

En economía la deuda y los gastos sociales siempre enfrentan a los políticos en Estados Unidos. Biden apuesta por un sistema de salud más amplio y de acceso para los de menores ingresos. Veremos cuál es la decisión, pero después de la pandemia, todos los países deberían establecer como prioridad un sistema de salud universal o que por lo menos logre una gran cobertura para la población, en lugar de enriquecer a las grandes farmacéuticas, aseguradoras y al sector privado de hospitales.

Aparecen también los problemas de control de la policía y restricción del uso de armas, controvertidos ante la influencia que tiene el conservadurismo. Lo cierto es que la violencia aumenta y los conservadores culpan a los migrantes, las minorías y a la frontera con México la señalan como la fuente de esos males. Por eso, aunque Biden no comparte la idea de Trump de continuar la construcción del muro, los niveles de deportación siguen aumentando sin precedentes en años recientes, más que en la época de Trump.

Siempre será interesante vernos en el espejo de otros países para conocer cuáles son las buenas formas de su convivencia democrática. No es que nos enseñen qué hacer, sino que aprendamos de lo que hacen mal, para no repetirlo.