El imperio y la confusión

El sistema electoral es el mecanismo para repartir el poder. Es la manera legítima de acceder al gobierno, pero por sí mismo no genera bienestar.

Jaime Darío Oseguera Méndez

Al momento de escribir este comentario sobrevive la incertidumbre sobre el ganador de la elección en Estados Unidos. Aunque se trata del país más poderoso del mundo, resulta increíble, inaudito e inaceptable que no tengan un sistema electoral moderno, sólido y en condiciones de dar certeza al elector sobre los resultados.

En la discusión sobre la voluntad soberana, Rousseau y los contractualistas plantearon el problema de la representación como un acto donde el pueblo como ente colectivo tiene de origen la capacidad para decidir su forma de gobierno. Es una facultad inalienable. Nadie la puede conculcar. La privación de la misma significaría la negación misma de la comunidad: la barbarie.

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Se asume que el individuo es racional y alcanza a conocer sus opciones y medirlas; distingue con claridad entre posibilidades distintas. Maximiza sus beneficios porque tiene la información para tomar decisiones, de manera que el voto en las democracias modernas, en teoría es un ejercicio razonado. Por eso causa asombro que el sistema no se encuentre a la altura de la garantía ciudadana. El votante debería tener la posibilidad de conocer de inmediato el resultado de su elección.

De eso depende el incentivo para creer o no en el sistema electoral, para votar y, fundamentalmente para que la disputa político partidista no se instale de manera permanente en la cotidianidad

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El sistema electoral es el mecanismo para repartir el poder. Es la manera legítima de acceder al gobierno, pero por sí mismo no genera bienestar. No es un vehículo de crecimiento económico. El sistema de partidos distribuye el conflicto, no genera ingresos, sin embargo, el mal funcionamiento del mismo si provoca retraso, falta de crecimiento, desincentivo a la inversión y al final pobreza, Aunque Estados Unidos es uno de los países con más ingreso del mundo, la desigualdad y la pobreza son lacerantes. Por eso preocupa que no haya claridad.

Los mecanismos especulativos como la bolsa, los mercados de futuros y todo lo que hay alrededor del actual sistema financiero, al padecer incertidumbre provocan golpes de desincentivo a la inversión en todo el mundo. Quienes controlan estos asuntos ganan ante la confusión. El imperio de la incertidumbre en el imperio de la especulación en el imperio capitalista

Lo de Estados Unidos, y me refiero estrictamente al Tío Sam, es gravoso por abominable, El país que supuestamente ha dado clases de democracia, invadido países para mejorar los sistemas electorales, quitado y puesto dictadores de diversas calañas en todo el mundo a nombre de la democracia, hoy no tiene resuelto un sistema confiable.

No se trata en este caso de apelar a la simpatía de un loco u otro, no es por lo tanto una crítica sobre las preferencias. Se trata de un sistema viejo, artesanal, arcaico, en el que el voto popular no es lo más importante, dónde no gana el que tiene más votos, y en los hechos participa cualquier loquito.

Tendrán que iniciar una discusión profunda sobre el futuro de su sistema político. Se acabó la credibilidad. El punto puede ser peligroso si además se mezcla con la falta de credibilidad en la policía y en los políticos. No olvidemos que Estados Unidos pasa por una grave crisis de choques raciales y cuestionamientos a la política por su trato hacia las minorías. El asunto va más allá de Biden y Trump.           Al final nos van a tratar de manera similar.

El reclamo que hace Trump sobre fraude si pierde hace prever una larga contienda judicial en el caso de que no le favorezcan los resultados. No se trata sólo de la presidencia sino también de ver quien gana en el legislativo. Tanto el senado como la asamblea que es nuestro equivalente a los diputados. El voto postal deberá ser reemplazado por voto electrónico. Es inconcebible que en la actualidad se siga gastando tanto dinero en elecciones en todo el mundo, todo para terminar impugnados, inconformes y polarizados

La posdata es muy sencilla: el éxito de Trump reside en su apuesta por abrir la economía desdeñando las medidas para acabar con la pandemia, incluyendo una campaña con grandes concentraciones de gente. Trump tiene éxito, ganando o no, por su crítica a la clase política tradicional y por etiquetar a Biden con la corrupción. Las encuestas se equivocaron porque Biden resultó demasiado viejo y no logró emocionar a nadie. La competencia entre dos tipos inestables sólo exhibe la cultura política de Estados Unidos. Al final resulta cierto nuestro dicho: cada pueblo tiene el gobierno que se merece.

Los políticos en México deberán ser precavidos y cuidadosos. A nosotros no nos gusta que ellos vengan a intervenir. Nosotros no tenemos el poder para intervenir allá, pero no nos gustaría que les vuelva a interesar meter sus narices con nosotros.