La carrera presidencial

La carrera presidencial está tomando su último impulso. Ya la había echado a andar López Obrador desde hace años. Hoy la controla con un mapa electoral muy a su favor.

Jaime Darío Oseguera Méndez

No hubo mayores sorpresas el fin de semana en las elecciones del Estado de México y Coahuila. Más o menos se ha vuelto predecible el derrotero de la política porque conocemos a los actores y sabemos en términos generales lo que pasa en el escenario. Es decir, la política no ha cambiado sustancialmente en nuestro país. Lo que se ha movido es el micrófono, pero en general, las prácticas de fondo siguen teniendo continuidad.

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En Coahuila gana la Coalición del PRI, PAN, PRD en un escenario donde se dividió Morena y nadie tuvo el interés en poner orden. Tal vez sea la señal para que la oposición no se vea reducida a cero y haya un ambiente de “cordialidad democrática”.

La carrera presidencial está tomando su último impulso. Ya la había echado a andar López Obrador desde hace años. Hoy la controla con un mapa electoral muy a su favor.

En el 2024, el año de la elección, Morena gobernará 21 estados de la republica después de que apenas en 2018 había ganado sus primeras cinco gubernaturas. En cinco años de su administración, el Presidente se ha hecho del poder en dos terceras partes de las gubernaturas y la proyección es que este porcentaje siga aumentando.

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Se le podrá criticar lo que sea a López Obrador, pero ha tenido excelentes resultados en los comicios y las encuestas de preferencias electorales lo identifican con una marcada aceptación y con una intención del voto a su favor que luce insuperable para el 2024.

El PAN conserva cinco gubernaturas en entidades consideradas sus bastiones como son Yucatán, Guanajuato, Aguascalientes, Querétaro y Chihuahua, mismos que básicamente había venido ganando en las últimas dos décadas.

El caso del PRI es muy emblemático de la situación por la que atraviesa el partido: en 2015 el PRI tenía 19 gubernaturas y en el próximo año solamente contará con dos: Durango y Coahuila, después de perder el bastión más importante que sin duda es el Estado de México.

Movimiento Ciudadano tiene dos gubernaturas de estados muy importantes; Jalisco y Nuevo León. El Verde San Luis Potosí y el PES cobijó a Cuauhtémoc Blanco en su triunfo en el Estado de Morelos.

La euforia con que los presidentes de la coalición opositora presentaron los resultados electorales del domingo, apenas es equiparable a su cinismo. Cierto es que la coalición opositora en conjunto obtuvo básicamente los mismos votos que Morena, tres millones y medio, pero hasta hoy ambos estados los gobernaba el PRI y el próximo año electoral el control del mayor padrón electoral está en manos del partido oficial.

Ni siquiera habían cerrado los resultados y se dio el último banderazo hacia la selección del candidato de Morena a la Presidencia de la República. En un encuentro de esos que antes se le criticaba al PRI y por el que se tachaba de autoritario y antidemocrático, el Presidente reunió a su séquito para festinar los resultados. Antes eran eventos privados, ahora son aparentemente públicos.

No hay nada indebido jurídicamente ni es éticamente reprobable que el Presidente comparta y celebre su militancia. En los hechos el gobernante en cualquier lugar del mundo es el líder del partido que lo llevó al poder. Ningún mérito democrático le resta a Morena al hacer lo que antes criticaba, sólo es una incongruencia.

Donde sí hay mucha tela de donde cortar es justamente en el escenario de la competencia por la candidatura presidencial. Hay la expectativa real de que el candidato de Morena muy probablemente será el próximo Presidente; las cartas están dirigidas sin duda alguna hacia Claudia Sheinbaum. Un destape casi a la antigua usanza. Al tiempo.

El Presidente los denominó “las corcholatas” a los aspirantes, porque ya están “destapadas”, tratando de distinguirse del viejo régimen donde el Presidente decidía el último momento de manera casi mágica, en una suerte de prestidigitación quien sería el elegido: “el tapado”.

Las formas cambian, pero el sentido es el mismo: el presidente va a decidir, independientemente que haga alarde de un supuesto juego democrático que por cierto no es muy conveniente a la política en el país.

Morena ha decidido, como lo dicta el Presidente, que el sucesor se elegirá por el método de encuesta. Surgen varias preguntas: ¿Será una o varias? ¿Habrá ponderación entre la intención de voto y el nivel de conocimiento? ¿Contarán los negativos?, ¿Será respondida por la población abierta o sólo los simpatizantes de Morena?

Estamos cerca del último acto de magia donde ya sabemos que del sombrero va a salir un conejo. El ilusionismo en su máxima expresión.

La política también se frivoliza cuando se vuelve espectáculo y, desde el domingo, el show entra en su última fase. Todos a correr como puedan para hacerse de una candidatura que ya está entregada.

Es notorio que los aspirantes gastan toneladas de dinero en su promoción de cara a la famosa encuesta. Por lo menos lo hacen los tres que si tienen alguna posibilidad o al menos eso creen o tal vez sólo aparentan no saber lo que es obvio: la candidata del Presidente, la tapada evidente es la Jefa de Gobierno.

Es tan claro cuál será el resultado final que Marcelo Ebrard, en su candidez se lanzó al ruedo para buscar la candidatura “sin usar los recursos públicos” y renunció a la Secretaría de Relaciones Exteriores. Es una acusación que pega como carambola en Gobernación y en la Jefatura de Gobierno.

Si Ebrard supiera que el suelo es parejo y que realmente habrá un estudio que vaya más allá del Gran Elector, por supuesto no habría renunciado al gran aparador que tiene para promocionarse.

Ni Ricardo Monreal o Fernández Noroña tienen posibilidad alguna de ser candidatos del Presidente. Lo saben, pero hacen su juego para aprovechar el momento político y tener reflectores.

En el viejo régimen, la oposición siempre criticó los excesos en la promoción de quienes aspiraban a hacerse de la candidatura. Hoy lo hacen sin ningún candor, disimulo ni oposición alguna que los detenga. Hacen lo que les hacía, más lo que se imaginan que les hacía el PRI.