Las ‘pluris’

La Representación Proporcional nació hace más de cuatro décadas con un objetivo muy específico, loable y políticamente acertado…

Jaime Darío Oseguera Méndez

La realidad electoral cambia permanentemente. El actual sistema no se parece mucho al de antes de la transición del 2000. En muchos ámbitos de nuestra vida política la hegemonía del PRI, su capacidad para satisfacer ciertas demandas, con altos grados de concentración del poder, nos produjo un sistema basado en la desconfianza. Decía Juan Linz que en este país había democracia todos los días, menos el día de la elección.

Para mejorarlo tuvimos que recurrir a reglas complejas, abigarradas, que provocan desinterés del ciudadano en el fondo de los asuntos públicos. Apatía.

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Cierto es que hoy tenemos un sistema más democrático, competitivo y nos ha resuelto el problema de distribuir el poder, aunque es caro, sobrerregulado y burocrático. Es tiempo de cambiar algunas reglas. Me refiero particularmente al sistema de Representación Proporcional, mejor conocido como las “pluris”

Gran revuelo ha causado la intención del IEEM por obligar a los partidos a iniciar sus listas “pluris” con una mujer. Imponer que los partidos inicien sus listas con una mujer o un hombre es una violación a la equidad, un exceso y en el fondo esconde el verdadero debate: el sistema plurinominal debe desaparecer o al menos cambiar sustantivamente.

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La Representación Proporcional nació hace más de cuatro décadas con un objetivo muy específico, loable y políticamente acertado: permitir a las minorías el acceso a la participación política formal en el Poder Legislativo. En la década de los setenta, en pleno auge del régimen hegemónico, cuando solamente ganaba el PRI, surgieron formas de insatisfacción de sectores diversos de la población.

De manera señalada había que contener esta fuerza incesante de jóvenes, universitarios, campesinos, maestros, sindicalistas que ante la falta de apertura del sistema empezaron a optar por la vía revolucionaria, la violenta. La guerrilla que ya existía, asumió cierta fuerza y hasta prestigio entre los universitarios y en regiones del país donde al abandono era y sigue siendo palpable como Guerrero, Oaxaca o el propio Michoacán.

El movimiento estudiantil reprimido en 1968 había llevado a muchos jóvenes a optar por una vía clandestina después de la cárcel a la que muchos fueron sometidos. Carlos Montemayor explicó el fenómeno de la guerrilla de Lucio Cabañas en su magistral “Guerra en el Paraíso”.

El PAN estaba en la misma situación, representando a sectores de la clase media creciente, empresarios, comerciantes y grupos aglutinados en movimientos católicos políticamente organizados. Había que ampliar la participación. Traer a la legalidad a la izquierda y derecha resolvió la deficiencia de representación plural.

Al Maestro Jesús Reyes Heroles se le atribuye el mérito del diseño: se aumentó el número de diputados para distribuirlos entre los partidos minoritarios que no ganaban elecciones pero tenían votantes.

Hace más de cuarenta años, en un sistema de partido hegemónico, en auge del autoritarismo, sin elecciones competitivas ni alternancia, con medios cooptados por el gobierno y con libertades como la de expresión y asociación limitadas desde el poder o a veces abiertamente restringidas, los “pluris” fueron una válvula de escape para la participación política.

Hoy el sistema es diferente; más abierto y competitivo. No es perfecto porque tiene muchos problemas pero ya no se justifica la representación proporcional, por lo menos no con los argumentos originales.

Hay varios factores importantes que han cambiado desde que se diseñó la representación proporcional. Tenemos autoridad electoral independiente con operadores profesionales en el ámbito administrativo (INE) lo mismo que el jurisdiccional (TRIFE) por lo que las instituciones permiten mejores niveles de confianza en el proceso y sus resultados. Los medios de comunicación son más abiertos y las redes sociales facilitan la critica y la participación política diversa como nunca antes. La alternancia es una realidad. Existe un sistema de partidos fortalecido en el que se identifica la plural realidad mexicana. Las elecciones las ganan diversos partidos y tenemos de todos colores.. Hay hasta uno confesional. Inaudito.

Por todas estas razones, el sistema plurinominal debe transformarse, pero no simplemente para que las listas las encabece una mujer, lo cual sinceramente esconde el debate real.

Siendo Diputado integrante de la Septuagésima Segunda Legislatura al Congreso del Estado de Michoacán, propuse una reforma al sistema de elección de los plurinominales. En primer lugar propuse que se mantuvieran los 24 distritos de mayoría donde se elige al que tiene más votos. Propuse también reducir el número de “pluris”, de 16 que hay en la actualidad, para quedar en la mitad: ocho. Bien podemos funcionar en un Congreso con 32 Diputados. Difícilmente lo harían peor que los actuales.

En la propuesta, los ocho “pluris” se asignarían partidariamente en proporción a los votos obtenidos. Desaparecería la lista plurinominal. El primer plurinominal partidista, sería el candidato contendiente en un distrito de mayoría que, sin haber ganado, hubiera obtenido el mejor porcentaje de votos de su partido. Podríamos decir que es el reconocimiento a los mejores segundos lugares.

Esa persona jugó la elección, se comprometió, gastó sus recursos físicos y económicos, pero al no ganar se tiene que ir a su casa; sus votos actualmente encumbra a las elites partidistas que no se despeinan ni salen a conseguir el voto, simplemente esperan ir en buen lugar de la lista.

Los “pluris” serían así candidatos que obtuvieron votación, lo cual garantiza el acceso de minorías reales. Si ya es obligación de que las candidaturas de mayoría sean paritarias, esperaríamos que en este sistema de “pluris” entraran hombres y mujeres: lo que diga el electorado.

La fórmula funciona en varios estados con eficiencia. Es un paso que exigen los ciudadanos y daría sentido a la génesis de la representación: la soberanía reside esencial y originariamente en el pueblo. Aunque suene romántico.