Las reformas que vienen

Este sistema garantiza la representación local de los estados y les da un peso equitativo en el contexto general de la unión. No importa el número de integrantes de cada legislatura local o su pluralidad partidista porque todas tienen un voto a la hora de reformar la Carta Magna.

Jaime Darío Oseguera Méndez

El presidente López Obrador anunció que enviará un paquete de reformas legales que seguramente sellarán la presencia histórica de su gobierno.

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Será la culminación de su legado personal, independientemente de la posibilidad real de que su Cuarta Transformación tenga continuidad a través de Claudia Sheinbaum.

Una primer gran incógnita para la siguiente elección será la composición del Poder Legislativo. De la nueva conformación del Senado, por ejemplo, dependerá la posibilidad de reformas constitucionales por parte del bloque de Morena con el Partido Verde y el PT.

Las reformas constitucionales en nuestro sistema las realiza el Poder Constituyente Permanente integrado por el Congreso de la Unión a través de la Cámara de los Diputados y la de Senadores, además de las Legislaturas de los Estados.

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Este sistema garantiza la representación local de los estados y les da un peso equitativo en el contexto general de la unión. No importa el número de integrantes de cada legislatura local o su pluralidad partidista porque todas tienen un voto a la hora de reformar la Carta Magna.

La misma lógica paritaria justificó la composición e integración del Senado de la República. Originalmente cada estado de la Federación tuvo la misma representación en la cámara alta, sin distinguir su extensión territorial, tipo de actividad productiva, ubicación, clima o suelos: todos son importantes para la Federación independientemente de la población total de los mismos.

En la integración de la Cámara de los Diputados, se diseñó un sistema de representación por distritos electorales uninominales que, de acuerdo con la ley, se definen con un número poblacional similar entre ellos, para que cada uno tenga más o menos el mismo peso representativo.

De esta manera se garantiza que los estados tengan peso paritario por su existencia autónoma como integrantes de la Federación, pero también considerando el tamaño diferenciado de la población.

La integración del Senado fue perdiendo su justificación original a lo largo del tiempo. Particularmente en la reforma de 1994 donde las cúpulas partidistas se inventaron la idea de una lista de plurinominales, lo que no garantiza un peso paritario por estado y solamente beneficia los apetitos de las élites partidistas que sin acudir a las urnas terminan entrando en tan respetable espacio político.

Veremos el resultado electoral de cada partido y de los grandes bloques contendientes para saber si pueden tomar decisiones legislativas o reformar la Constitución. De lo contrario tendrán que pactar coaliciones legislativas. Lo decidirá el ciudadano con su voto.

Ese es el motivo por el cual el Presidente López Obrador lanza su anuncio de reformas legales, hoy que sigue teniendo la mayoría simple en ambas Cámaras. En las actuales condiciones no ha podido alcanzar una mayoría calificada, es decir de dos terceras partes de la votación que se necesitan para reformar la Constitución. Por eso no prosperó su proyecto para reformar al INE. Si Morena y sus aliados gana la mayoría calificada en el 2024, el sistema político cambiará sustantivamente.

Lo que adelantó el Presidente es que presentará a iniciativa el día del aniversario de la Constitución. Va a festejar proponiendo su reforma. Lanzó tres o cuatro ideas que parecen interesantes. Veremos como se materializan en la iniciativa.

Suena interesante el anuncio de la eliminación de los diputados y senadores plurinominales. Sería una gran contribución para mejorar nuestro sistema democrático. Ya no cumplen el papel para el que fueron creados.

Originalmente se diseñó la representación proporcional para permitir que las minorías se incorporaran a la vida política formal en el Legislativo. En el viejo régimen hegemónico del PRI que en su fundación fue el partido de partidos, el tricolor tenía prácticamente el monopolio de las posiciones políticas. Es decir, representaba a los grupos, intereses, minorías del país, por regiones y por segmentos corporativos como los campesinos, profesionistas, obreros. La oposición no tenía mayor posibilidad de representación.

Hoy que la alternancia y competencia política es real, con partidos políticos que ganan elecciones, un régimen competitivo, con instituciones electorales fuertes y confiables, no es necesaria la representación proporcional que sólo desprestigia a la política y termina siendo parte del paquete inaceptable de canonjías para las élites partidistas.

Eliminar los plurinominales debe representar una cantidad importante de recursos menos en materia electoral. El sistema es demasiado caro. Esa es la oferta de López Obrador para vender estas reformas: reducir los costos. Se gasta mucho en boletas y poco en obras.

En el anuncio aparece la propuesta de elegir a los miembros del Poder Judicial, jueces y magistrados, por voto directo en las urnas. Grave riesgo en un país donde la delincuencia organizada influye en el resultado de las elecciones. Tampoco hay garantía de que se elija a los mejores, a los más honestos, los más doctos en materia jurídica a quienes necesita en este momento la judicatura del país. Resultarán electos en su caso los más populares o quienes más dinero les metan a las campañas.

No es menos democrático el Poder Judicial cuando se elige a sus miembros por el Poder Legislativo donde está representada la pluralidad. Es una manera de complementar y consolidar la división de poderes. Será un grave retroceso si esta propuesta avanza.

También se aborda la posibilidad de reducir el presupuesto para los partidos políticos. Obviamente esta iniciativa contará con gran respaldo popular y tal vez sea la mejor forma de garantizar la permanencia de Morena en el poder.

En el viejo régimen el presupuesto para los partidos aumentó paulatinamente como una forma de cooptación del gobierno y a petición de la oposición. Hoy es claro por el ejemplo histórico, que a los adversarios no hay que darles dinero ni prebendas porque crecen y se toman muy en serio la revancha.