Jorge A. Amaral Tras un largo proceso de deliberaciones, el 18 de abril de 1961 se adoptó la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. El documento es importante porque consigna las reglas para las relaciones internacionales y la diplomacia entre Estados. En esa Convención de Viena quedan establecidas las funciones de las misiones diplomáticas y su personal, así como los mecanismos para garantizar y proteger a la misión y sus miembros (o sea, privilegios e inmunidades diplomáticos). También se explican a detalle los procedimientos para la acreditación, las obligaciones y las condiciones que tienen que presentarse para dar por terminadas las funciones de los miembros de un cuerpo diplomático. En todo eso viene incluida la figura de “persona non grata”, la cual, legalmente, es exclusiva del derecho internacional y no debe tomarse como arma política para uso de cualquier pequeño líder encumbrado en un Congreso local. El artículo 9 de la Convención de 1961 establece -palabras más, palabras menos- que el gobierno del país receptor podrá informar al país acreditante que el jefe u otro miembro de su personal diplomático de la misión es persona non grata, o que cualquier otro miembro de su cuerpo diplomático no es aceptable, y esto, bajo un principio soberano, lo puede hacer en cualquier momento y sin tener que decir por qué. Al darse esta declaratoria, el país de origen del o los diplomáticos non gratos deberá retirarlos o poner término a sus funciones, según proceda. Además, en términos estrictamente diplomáticos, toda persona podrá ser declarada non grata o no aceptable antes de su llegada al territorio del Estado receptor, y si el Estado o gobierno acreditante se niega a ejecutar o no ejecuta en un plazo estipulado lo dispuesto por los molestos anfitriones, el receptor podrá negarse a reconocer como miembro de la misión a la persona de que se trate. Con ello, la persona pierde inmunidad diplomática y otros derechos. Partiendo de los párrafos anteriores, podemos esbozar una definición (quizá muy general pero útil) de la declaración de “persona non grata”: es un acto unilateral y discrecional del Estado, expresado en una decisión adoptada por sus representantes, el cual limita la libertad de designación de los miembros de una misión diplomática o una oficina consular de otro Estado, y va asociado generalmente con la comisión de conductas consideradas incompatibles con el estatus diplomático, lo que puede llevar a la conclusión anticipada de la comisión de servicio del agente diplomático y su retirada del Estado receptor, o que de plano no pueda siquiera iniciar sus funciones. En México, quien puede decir si un diplomático es non grato, es el presidente (o presidenta) de la República. Ahora, supongamos que, cuidando sus intereses y la eventual continuidad de su carrera política, el presidente del Poder Legislativo quiere evitar a los indeseables en la sede legislativa, el artículo 33 de la Ley Orgánica del Congreso de Michoacán faculta al presidente de la Mesa Directiva para “hacer respetar la seguridad del Palacio del Poder Legislativo y velar por la inviolabilidad del Recinto”, así como “solicitar el auxilio de la fuerza pública en los casos que resulten necesarios”. Revisé la citada norma de cabo a rabo y por ningún lado viene que el presidente ni ningún otro miembro del Poder Legislativo puedan ponerse internacionalistas y declarar como “persona non grata” a absolutamente nadie. Sin embargo, el Excelentísimo Señor Don Baltazar Gaona, presidente de la Mesa Directiva, ha declarado personas non gratas a Grecia Quiroz, alcaldesa en funciones de Uruapan, y a otros servidores públicos de ese municipio: el regidor Víctor Hugo de la Cruz Saucedo, el secretario de Obras Públicas, Esteban Constantino Magaña; la responsable de Comunicación Digital del Ayuntamiento, Martha Alejandra Ávila Ortega; el secretario de Turismo, Emilio Herrera Cuadra, y el secretario municipal, Arturo Ramírez Rivas. La decisión de su Alteza Pulquerísima derivó de las protestas del llamado Movimiento del Sombrero durante la aprobación de la Ley Grecia, intitulada “Reforma Electoral”, cuando, a través de los legisladores de la cuarta transformación, el gobierno estatal le planchó el camino a su candidata, no vaya siendo que la viuda de Carlos Manzo les coma el mandado electoral. Sí, los seguidores de Grecia Quiroz rompieron algunos cristales del edificio legislativo, lo que ocasionó severos daños estructurales con riesgo de derrumbe, y no en el inmueble –ese está bien macizo–, sino en la imagen del gobierno estatal y lo que la 4t representa en la entidad. Ahí está el riesgo. Ahora, Baltazar Gaona junior se sube a su pedestal y le pasa al personal de seguridad una lista de indeseables en lo que pareciera ser SU Congreso, y entonces, si usted va al recinto, el vigilante le pedirá su identificación (algo normal) pero para revisar si usted aparece en la lista negra. Y como ya se dio cuenta, en esa relación no están peligrosos delincuentes, sólo detractores del régimen. Pero Su Majestad Legislativa es benevolente y entiende que a lo mejor los vetados tienen algún asunto pendiente en el Congreso. Para tal fin, el heredero de Tarímbaro ha dispuesto que lo atiendan en la calle, en la banqueta. Mire, igual no me haga mucho caso, pero tengo entendido que el Congreso del Estado es un edificio público, al que cualquier ciudadano que tenga algo que atender puede ingresar siempre y cuando no lo haga armado, alcoholizado o drogado. Pero bueno, aunque se ufanen de que el Congreso del Estado es la “casa del pueblo”, esta casa cierra sus puertas y ventanas cuando el pueblo se manifiesta. Y esto refuerza mi hipótesis: quizá salvo algún garbanzo de a libra que sea la excepción, los diputados tienen gente que votó por ellos (y los pluris, ni eso), pero carecen de representatividad real allá afuera, en las calles polvosas de sus distritos, en los barrios, en las colonias, entre la gente de a pie, a menos que entreguen dádivas. En cuanto a la reforma electoral aprobada en Michoacán, sólo diré que tiene nombre y apellido: es la Ley Grecia, hecha para acotar las posibilidades de los aspirantes independientes porque saben que su candidata está sobreexpuesta y el electorado está hasta el gorro de su imagen (revise comentarios en redes, platique con la gente si no me cree), o que, sumado al riesgo del voto de castigo, puede llevar a que se entronice la alcaldesa de Uruapan, quien goza de mucho rating desde el fallecimiento de su esposo. Ahora sólo resta esperar a lo que traiga el proceso electoral para ver qué puede más: el dinero y el poder del aparato de gobierno o el romanticismo con que se ve a la alcaldesa de un municipio donde la violencia no cesa. En una de esas, mientras Estado e independientes se pelean, se les puede colar un carrito paletero cargado de caguamas o una legión de gente blanca los rebasa por la derecha. Al tiempo. Pérez Prado mundialista Ahorita que está de moda el Mundial de la FIFA, viene a mi memoria un disco memorable como raro y difícil de conseguir: “México 70”, de Dámaso Pérez Prado. El álbum fue grabado en el marco del ambiente festivo generado por la Copa Mundial de Futbol México 1970, época en la que Pérez Prado regresaba a la escena mexicana tras una etapa en el extranjero y buscaba actualizar su sonido para conectar con nuevas generaciones. “México 70”, un inconseguible disco funky, es, a su regreso de Estados Unidos, junto con el “Mambo de La Merced”, un álbum de los más buscado, aunque por fortuna está en YouTube. Aunque no alcanzó la fama de clásicos como “Mambo No. 5”, “Patricia” o “Qué rico el mambo”, “México 70” es hoy un material de culto entre coleccionistas de vinilos y aficionados a la música latina, y es que diversos especialistas lo consideran uno de los discos más innovadores del cubano por la mezcla de ritmos modernos de finales de los años sesenta con la potencia de sus arreglos de metales y percusiones. El sonido de este disco contiene un soul latino seriamente orientado al groove con muchos toques de psicodelia que estaba de moda en ese momento. Mayormente instrumental, el álbum tiene, en esencia, un sonido funky que recuerda a The Meters, pero es un álbum increíblemente diverso y rico en sonido: trompetas estridentes, percusión, flauta jazzera, gran trabajo de órgano, líneas de bajo alegres, guitarra escasa y funky y wah-wah psicodélico y gorjeante, todo rematado con ocasionales gruñidos conmovedores. Si la horrenda canción de Shakira para este Mundial no le gusta, dese una vuelta por este disco y verá que se le quita esa sensación irritante en los oídos. Es cuánto. https://www.youtube.com/watch?v=sl7aUCT6x6E&list=PLmGNNcxvGXOz6FLt5co_gkkKSvP15JcNN