La casa del jabonero

“En México hay alto riesgo de que se convierta en insurgencia el mercado delictivo del cártel, advierte en su informe sobre los 10 conflictos más preocupantes en 2020”, consigna la nota de El Universal.

Algo no cuadra

Jorge A. Amaral

El día de ayer, en Uruapan, se detuvo a Luis Felipe Barragán, alias El Vocho. El hecho desencadenó una serie de narcobloqueos y carros quemados en La Perla del Cupatitzio.

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Según las autoridades, el personaje en cuestión es operador de Los Viagras y fue el autor intelectual el asesinato de las 19 personas que fueron colgadas en puentes de Uruapan el 8 de agosto de 2019.

Lo que no cuadra es que El Vocho, siendo operador del grupo delictivo nacido en Tierra Caliente, haya estado detrás de esa barbarie, cuando en su momento, las autoridades estatales señalaron que detrás de esos hechos estaba el Cártel de Jalisco Nueva Generación, antagónico de los otros y con quienes se disputan parte del territorio del estado.

Algo no coincide, pero bueno, así suelen ser las verdades históricas, y mientras tanto, la sociedad michoacana sigue en la zozobra por la delincuencia en todo el estado, tanto la organizada como la del fuero común, que hacen ver que el Estado no se da abasto.

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Cárteles, ¿hacia la insurgencia?

La organización Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED) prevé que México cierre este año con un nuevo récord de homicidios, al tiempo que alerta sobre la eventual evolución de los cárteles en organizaciones insurgentes.

“En México hay alto riesgo de que se convierta en insurgencia el mercado delictivo del cártel, advierte en su informe sobre los 10 conflictos más preocupantes en 2020”, consigna la nota de El Universal.

Ese tema no es nuevo, pues ya desde que Hillary Clinton era secretaria de Estado de Estados Unidos, alertaba sobre el riesgo de que los grupos de la delincuencia organizada en México se volvieran terroristas e insurgentes.

Lo publicado esta semana de inmediato causó reacciones, unas más alarmistas que otras; sin embargo, hay que recordar que Estados Unidos es experto en crear enemigos para poder intervenir, y que la administración de Donald Trump ha ofrecido “ayuda” a México para luchar contra el narco.

Si bien es cierto que los grupos delictivos han disparado los niveles de violencia en México desde hace al menos 20 años, también hay que tomar en cuenta que los hechos violentos que orquestan no tienen como fin derrocar al gobierno.

Cierto, los grupos delictivos en muchas partes del país han puesto legisladores y alcaldes, y que más de algún gobernador ha sido acusado de facilitarles el trabajo mediante la corrupción, colusión e inacción, pero si los criminales han apoyado campañas y matado a funcionarios públicos, ha sido con fines meramente económicos, para preservar sus zonas de influencia y evitar la acción del Estado en contra de sus intereses.

Es exagerada la aseveración de que los cárteles se vayan a alzar contra el gobierno como una guerrilla o un movimiento insurgente, dado que, hasta ahora, ese no ha sido su interés. A los capos les interesa mantener sus actividades delictivas intocadas, eso es todo, y por eso las reacciones violentas y de represalia, pues aún las mayores masacres que se han cometido en los últimos años han sido por pugnas entre ellos o para amedrentar a la sociedad e intimidar al gobierno.

Para sostener la tesis de una potencial insurgencia por parte de los grupos delictivos, hay analistas que ponen como ejemplo a Los Caballeros Templarios, que tenían una doctrina espiritual y de conducta. Pero eso era para mantener el control de sus miembros y así garantizar el bien funcionamiento del cártel como empresa criminal.

También se han usado ejemplos como el hecho de que Los Zetas, por ejemplo, en su inicio hayan estado formados por militares de élite que desertaron el Ejército, pero eso fue con fines de cualquier índole, menos política, pues recordemos que ese grupo fue creado por Osiel Cárdenas a manera de ejército personal para que lo cuidara y le hiciera “trabajos” que sólo ellos podían hacer.

De igual forma se ha hablado de que entre los grupos delictivos hay muchos exmilitares y expolicías, y que sus pistoleros tienen formación paramilitar, incluso actuando uniformados y en camionetas rotuladas, pero eso, de acuerdo con los hechos de los últimos años, no es para enfrentar al gobierno y derribarlo, sino para tener más eficiencia operativa y capacidad de fuego, lo que les permite mantener sus áreas de influencia y el control de las actividades de las que obtienen recursos económicos.

A los capos mexicanos hasta ahora no les ha interesado derrocar al gobierno, al menos no ha sido esa la tendencia, pues son ante todo empresas criminales, y la finalidad de toda empresa, de cualquier naturaleza, es generar dinero; ergo, si los grupos delictivos han enfrentado a las fuerzas gubernamentales, es para cuidar sus intereses económicos, de los que se desprenden todas sus actividades y la violencia que generan.

“No hay, mano”

En China hay cuatro mexicanos que están ansiosos por regresar a México, pero el canciller Marcelo Ebrard ha dicho que no se justifica usar un avión grande para traerlos de vuelta y alejarlos del riesgo que implica el coronavirus.

La pregunta es cómo es posible que para traer a 4 mexicanos en riesgo de contagio en China no hay avión, cuando sí lo hubo para traer de Estados Unidos las cenizas de José José, o hacer venir desde Bolivia al expresidente Evo Morales.

No soy experto en aeronáutica, pero lo dicho por el secretario de Relaciones Exteriores, en virtud de los antecedentes, es una reverenda imbecilidad. Es cuánto.