LA CASA DEL JABONERO | Pues no se irá

No quiero aventurar pronósticos sobre el resultado de la consulta, pero hay datos que indican lo que posiblemente sucederá.

Jorge A. Amaral

Para cuando usted me conceda el honor de leer esta entrega, seguramente las 57 mil 517 casillas habilitadas por el INE para la consulta de revocación de mandato estarán abarrotadas de ciudadanos haciendo válido su derecho a decidir sobre el rumbo de este país. Muy probablemente los votantes se volcarán a raudales para participar en un ejercicio democrático que nadie pidió por voluntad propia, salvo el presidente y su camarilla. Eso, o la oposición lo habrá logrado y sólo personas afines a la Cuarta Transformación habrán acudido a invitación expresa de sus líderes.

PUBLICIDAD

No quiero aventurar pronósticos sobre el resultado de la consulta, pero hay datos que indican lo que posiblemente sucederá. Según #AMLOTrackingPoll, que es un ejercicio estadístico diario sobre la aprobación o desaprobación de la gestión del presidente Andrés Manuel López Obrador, realizado por Consulta Mitofsky para el diario El Economista, al 8 de abril, la aprobación ciudadana a la gestión lopezobradorista era de 61.5 por ciento.

Ahora bien, la Ley de Revocación de Mandato establece que para que el presidente se vea en la obligación de dejar el cargo, el 40 por ciento del electorado debe votar en su mayoría por que el mandatario ya no goza de la confianza ciudadana. Aquí es donde está el truco, porque con una aprobación de más de 60 por ciento, es complicado que 4 de cada 10 votantes decidan que se vaya, porque los opositores ya dijeron que no irán, y si fueran, sería en un porcentaje mínimo comparado con quienes darían su apoyo al presidente.

Esto lo digo basado en el hecho de que, por ejemplo, en la consulta para “enjuiciar” a expresidentes, sólo votó el 7 por ciento del electorado, que es quizá la parte más sólida de la base política del presidente, los que lo darían todo por él. Y es que el mexicano no es un votante que se vuelque a las casillas de forma unánime, pues hay que recordar que en las elecciones intermedias de 2021 sólo acudió el 57 por ciento de la lista nominal. Así que, aunque alrededor de las 09:00 de la noche salieran a decirnos que el resultado de la consulta es que AMLO se vaya, no será vinculante ese resultado, pues se prevé que la participación no llegue al mencionado 40 por ciento del total. Pero, por otro lado, quizá ni los morenistas y aliados en su totalidad acudan, puesto que hay mucha desconfianza en estos sectores hacia el Instituto Nacional Electoral, desconfianza alimentada y generada desde la Presidencia de la República y las cúpulas morenistas para que sus votantes desdeñen al instituto. Y aquí entra en juego una posibilidad interesante: en dado caso de que se dieran las condiciones para botar al presidente: 40 por ciento de participación y mayoría pidiendo que se vaya, esa desconfianza y hasta odio al INE surtiría efecto: se desatarían protestas y linchamiento mediático, además de acoso gubernamental, para desvirtuar los resultados que el INE entregue, y entonces se diría que el proceso fue amañado por un instituto corrupto y vendido y conservador y fifí y que debe desaparecer, o correr a todos los consejeros y que los nuevos sean nombrados por el pueblo bueno que ya no acepta la corrupción. El presidente no es tonto, en este volado está jugando con una moneda trucada.

PUBLICIDAD

Ahora bien, no sé qué haya decidido hacer usted, pero hay varios escenarios que pueden ocurrir: el primero, en el que un votante que apoya a AMLO vota como es obvio, o sea, decir que no a la revocación.

Por otro lado están quienes no lo apoyan, y ahí hay tres vertientes interesantes: tomando en cuenta el nivel de respaldo de que goza y el requerimiento del 40 por ciento de la lista nominal, si se vota por la revocación, lo único que sucederá es que se engrosarán las cifras, y entonces AMLO saldrá airoso de una consulta concurrida. Pero si un elector que no apoya al presidente decide ir y anular su voto, es peor que lo anterior, en que al menos dijo que no, porque en este caso sólo abona una boleta más y sin haber dicho nada con ella, pero se sumará a la cuenta y entonces será lo mismo: AMLO victorioso en una consulta concurrida.

Por último, y tomando en cuenta todo lo anterior, mucha gente no acudirá porque, como decía más arriba, la petición de revocar el mandato no salió de la oposición, sino del mismo presidente y su partido, y el resultado en favor de AMLO sólo servirá para cacarearlo en la mañanera para que luego el presidente convoque a uno de sus acostumbrados eventos en el Zócalo para presumir músculo, todo con miras a 2024. Claro, la oposición pudo haber hecho proselitismo y convocar a toda su base a votar por la revocación, pero el revanchismo y el odio no los dejan ver la oportunidad que están perdiendo de sacudirse a un presidente al que no quieren. Eso no serviría de mucho porque la ley es clara: en caso de que AMLO tuviera que dejar el poder, en su lugar quedaría el secretario de Gobernación, y López Obrador podría seguir gobernando tras bambalinas. Todo ello gracias a una oposición mediocre, ciega, sin rumbo, sin liderazgos serios; una oposición que cree que con publicaciones en redes sociales va a cambiar algo, una oposición sólo alimentada por el odio a un político que, a su vez, ha sabido alimentar y capitalizar la polarización en beneficio de su movimiento.

En fin, no sé qué haya hecho usted ni le diré qué es mejor dado que ni soy opositor ni soy simpatizante del presidente, la justificada desconfianza hacia políticos y partidos me impide sostener banderas y enarbolar causas sectarias. Sólo diré que es la participación democrática la que ha de definir el rumbo de la nación, y eso no se hará en la consulta de hoy, eso será en las elecciones constitucionales, pero para eso es preciso que los ciudadanos defendamos el andamiaje que tanta sangre, sudor y lágrimas han costado, como el Instituto Nacional Electoral, y por ello ha de garantizarse que los órganos electorales se vean más fortalecidos y no sujetos a caprichos y venganzas cocinadas desde 2006. México debe pasar de ser una sociedad grillera a una sociedad politizada e informada.

De rodillas quien no debe

Las imágenes vistas esta semana de una madre pidiendo de rodillas que se hiciera justicia por el asesinato de su hijo de 15 años me sobrecogieron. Fue indignante ver, primero, que un muchacho de 15 años era asesinado en una fiesta clandestina, pero igual de indignante fue ver a su madre de rodillas ante un funcionario, pidiendo que se diera con el asesino de su hijo.

Fue enojoso porque refleja la realidad de este país: ciudadanos de bien, de rodillas ante la delincuencia, postrados ante la inseguridad, inermes ante la barbarie del día a día. La imagen resultó vergonzosa porque no es la víctima indirecta (la madre del adolescente asesinado) quien tenía que estar de rodillas. El que debía estar suplicando en ese momento era su asesino (quien ya se entregó y está detenido).

Esto contrasta con las imágenes que se han presentado en El Salvador, donde el presidente Nayib Bukele tiene postrados a los pandilleros que tanto daño han hecho a la sociedad salvadoreña. Ante la escalada de homicidios en las últimas semanas, el gobierno decidió actuar con mano dura, y además de detenciones que ya se cuentan por miles, en las cárceles, desde donde han operado y movido hilos los líderes de las pandillas, se han arreciado las medidas: ventanas tapadas para que no asomen ni la nariz, apilados en calzoncillos, agachados, postrados, con un duro racionamiento de comida y mezclados con pandilleros rivales, sin ningún tipo de privilegio.

La decisión de Bukele causó ámpula entre organismos internacionales, pero el mandatario fue contundente: esas instancias no irán a El Salvador a proteger a la ciudadanía, que vive presa de las maras.

Al ver esas imágenes, se antoja que algo así suceda en México, pero es más que complicado porque, primero, habría que depurar todas las dependencias, sobre todo las fuerzas de seguridad, para que no haya un solo policía o militar de ningún rango en contubernio con los criminales ni delinquiendo al amparo del uniforme. Luego sería cuestión de depurar el sistema judicial para que no haya corrupción en los juicios y sentencias. Además, habría que encarcelar a políticos que se sirven de la delincuencia para obtener poder y beneficios económicos. Por si fuera poco, apresar a empresarios involucrados en lavado de dinero de procedencia ilícita. A la par de ello, proteger a quienes, en todas esas esferas, están haciendo bien su trabajo para evitar represalias en su contra.

Hecho todo lo anterior, apresar a los delincuentes que andan por la calle como si nada, sabiendo que la corrupción y el poder de fuego los dotan de un manto de impunidad. Sólo entonces se podría hacer en México algo como lo que Bukele hace en El Salvador. Pero si se lograra hacer todo eso, habría un gran obstáculo: la estrategia de “abrazos y no balazos”. Dicho lo anterior, es claro que la ciudadanía seguirá arrodillada ante los generadores de violencia. Estamos jodidos. Es cuánto.


Postdata: cerrado por mantenimiento

Le informo con gran placer y el pecho hinchado de regocijo, que La Casa del Jabonero cerrará durante las siguientes dos semanas por mantenimiento físico y espiritual de quien esto escribe. Saludos desde algún lugar, quizá viendo el mundo arder, pero con una caguama en la mano.