LA CASA DEL JABONERO | Una tribu que siempre buscó

Hoy quiero hacer un alto y escuchar “Bonita applebum” a todo volumen, al cabo ya en la semana habrá chance para seguir haciendo corajes.

Jorge A. Amaral

Estimado lector, hoy quiero descansar, hoy quiero poner música a todo volumen y recargarme en el sofá. A veces se vuelve cansado ver a un presidente que hace rifas que no son rifas de aviones que ni vende ni entrega, que inaugura pistas de polvorosos aeropuertos que aún no existen más que en sus sueños. También a veces es justo y necesario hacer un alto y dejar que los políticos se sigan arrojando lodo, que los funcionarios sigan usando su poder para ponerle mordaza a la gente que se atreve a disentir de los discursos triunfalistas sobre hospitales de primera pero sin medicamentos. Hoy quiero hacer un alto y escuchar “Bonita applebum” a todo volumen, al cabo ya en la semana habrá chance para seguir haciendo corajes. Así que, con su permiso, deje me preparo un café para teclear esto mirando a lo lejos el desierto en que el Lago de Cuitzeo se ha convertido.

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En todos los géneros musicales hay iconos, gente imprescindible que marca el antes y el después; que, en su búsqueda, descubren senderos a partir de los cuales abren camino para quienes están en la misma búsqueda y que vendrán a enriquecer a generaciones futuras.

En el rap hay muchos. DJ Kool Herc es el padre fundador, el que conjuntó música y baile en una naciente cultura del hip hop en el Bronx neoyorkino de la década de los 70, lo que dio a pie a que Afrika Bambaataa conjuntara a las pandillas para que dejaran a un lado las armas y los golpes y más bien se enfrentaran mediante el baile, para lo cual además se valió del factor espiritual y político con la creación de la Zulu Nation.

En 1982, Grandmaster Flash sentó precedentes cuando en una canción expuso el día a día de un joven del gueto, que vivía entre ratas, basura y violencia, pero aunque quisiera no podía salir de ahí porque sin dinero no hubiera llegado muy lejos. La canción es “The message” y hoy es un clásico del rap.

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Luego vino el rap político de gente como Public Enemy, con duras críticas al sistema contenidas en rimas que parecían puñetazos. A lado de ellos salió a la luz Boogie Down Productions, que con las rimas de KRS-One conjuntaron lo político y lo social para buscar algo más positivo: ya eres negro, ¿les darás el gusto de también ser delincuente?

El otro lado de la moneda lo encarnaron, primero, Ice-T, con su “Six in tha morning”, en el que habla de cómo llegó la policía a su casa en la madrugada rompiendo todo. Así nació el gangsta rap y NWA, con sus temas, denunciaron e racismo de la policía, pero también expusieron una realidad de la que ellos eran parte: la violencia de las pandillas de Los Ángeles. En “Fuck the Police” no sólo se quejan, sino que van más allá al hacer de fiscales y juez y someten a juicio al Departamento de Policía de Los Ángeles, encontrándolo culpable de todos los cargos. Esa canción volvió a las calles y se posicionó en las redes sociales a raíz del asesinato de George Floyd a manos de un policía, lo que desencadenó el movimiento “Black Lives Matter” para alzar la voz contra la violencia racista en Estados Unidos.

Pero a principios de los 90 apareció una propuesta diferente. Con un planteamiento muy inteligente, A Tribe Called Quest llegó como una alternativa a quienes buscaban algo distinto. Este grupo neoyorkino fue la semilla para una nueva forma de hacer rap en la década de los 90. Con la fusión de sonidos, los temas de ATCQ ponen una delgada línea entre el rap y el jazz, en la que de repente se pierden al grado de que a ese sonido se le dio en llamar jazz-rap. Y es que el arte de rapear es como hacer bebop en jazz: sonidos fuertes, a veces crudos y vertiginosos en los que el beat es punto de partida para la improvisación no sólo en el micrófono, sino también en la tornamesa.

Así, en 1990 apareció su álbum debut, “People's instinctive travels and the paths of rhythm”, un disco que se mantiene neutral entre el hardcore del naciente gangsta rap y el discurso izquierdista del rap conciencia. Pero en 1991 llegó el disco seminal de lo que vendría después: “The low end theory”, en el que ya se meten a temas más políticos, pero también hay fuertes alusiones al jazz, presente en prácticamente todos los beats del disco, al grado de que llegó a ser considerado un disco de jazz. Eso se debió en gran parte a que Q-Tip, considerado muy a su pesar líder del grupo, no escatimó en la producción y se metió a bucear entre kilos y kilos de discos de vinil hasta encontrar aquel sonido que buscaba para cada canción, así fuera un corte de algunos segundos.

Además, está la perfecta conjunción de elementos en este grupo, ya que, por un lado, está la incesante búsqueda de nuevos sonidos y rimas perfectas de Q-Tip, que con su voz melodiosa, tirando a dulce, quizá demasiado dulce para el estereotipo de rapero, hace la amalgama perfecta con el flow duro y a veces agresivo de Phife Dawg, a quien la muerte se llevó en 2016, arrastrado por su adicción al azúcar, que le causó severas complicaciones hasta conducirlo a la diabetes. Pero ambos MCs juntos lograron una dupla comparable sólo con Chuck D y Flavor Flav (Public Enemy) o Sen Dog y B-Real (Cypress Hill). La conjunción de ambas personalidades fue la base para la grandeza de A Tribe Called Quest, que completaban el fiel DJ Ali Shaheed Muhammad y el asesor espiritual y amigo, a falta de mejor definición, Jarobi White, que pronto dejó el grupo para perseguir su sueño de ser chef.

Ahí, en esos estudios de Nueva York fue donde el rap vio consolidarse a una de sus más brillantes vertientes: el jazz-rap, que desencadenó en movimiento de raperos politizados e innovadores que dotaron de más inteligencia a un género que, en la década de los 90, se peleaba en una lucha de egos entre la Costa Oeste y la Costa Este de Estados Unidos y que estallaría y encendería las luces rojas con los asesinatos de Notorious B.IG. y Tupac, que eran los iconos de ambas costas dentro de la vertiente del gangsta rap.

A Tribe Called Quest firmó una de las más brillantes páginas de la historia del hip hop gracias a la asombrosa sucesión de sus tres primeros álbumes, tres obras maestras del rap alternativo publicadas en cuatro años. “People’s instinctive travels and the paths of rhythm” (1990) fue su afrocéntrica puesta de fichas sobre la mesa, e incluye su aportación más reconocible a la cultura pop, ese “Can I kick it? / Yes you can”, sobre un sampler de “Walk on the wild side”, de Lou Reed. Ese álbum contribuyó, junto a los primeros discos de Jungle Brothers y De La Soul, a abrir nuevos caminos. Las tres bandas, con su indumentaria entre hippy y africanista, se asociaron en un colectivo llamado Native Tongues, que cobijó también a rimadoras como Queen Latifah o Monie Love.

La cumbre para ATCQ llegó con “The low end theory” (1991), uno de los mejores discos de la historia del rap que se plantea como un denso tratado de música negra y, por qué no, uno de los mejores álbumes de jazz de los 90 (junto a “Hand on the torch” de US3), en el que los préstamos de oscuras canciones se van trenzando para crear algo nuevo, mientras Tip y Phife, cuyo talento explota, rapean desde el yin y el yang. El tercero, “Midnight Marauders” (1993), supuso el asentamiento de un estilo y la promesa de que nada podía salir mal. Luce además una de las portadas más recordadas del género, en la que 71 músicos de ambas costas se prestaron para ser retratados.

Así, mientras los gánsteres del rap se agarraban a balazos, gente como A Tribe Called Quest, Guru, DJ Premier, Digable Planets, Queen Latifa, KRS-One, Arrested Development y US3 exploraban otros sonidos en busca de una nueva identidad, más propia, más auténtica, lejos del brillo de las alhajas y el sonido de las armas. Esta generación de raperos, con una negritud más reflexiva y consciente de su herencia, lograron que el rap se encontrara con su abuelo, el jazz, sin olvidarse de su padre, el funky.

Finalmente A Tribe Called Quest siempre hizo honor a su nombre: la constante búsqueda de una tribu ansiosa de hacer escuchar su voz.

Gang Starr, otro de los grupos que explotaron la veta del jazz-rap en la década de los 90.

Postdata fuera de tema

Supongamos que usted tiene un familiar internado en el hospital pero le piden un medicamento costoso. Supongamos que no tiene los recursos para comprarlo y se ve en la necesidad de pedir ayuda a la gente, a quien sea. Ahora supongamos que el medicamento sí se tiene, que a su paciente se le suministra sin dilación ni excusas, ¿habría necesidad de pedir ayuda? Lo malo es que a veces las redes internas de corrupción dan hacia afuera la impresión de que las autoridades mienten. Es cuánto.