ESCALA DE GRISES | Lo puede lograr

Luego de que no se aprobara la reforma electoral propuesta por el presidente, muchos políticos están asegurando que ya ninguna otra reforma podrá ser aprobada, pero eso no es del todo cierto, pues nuestro presidente puede tener un as bajo la manga.

JORGE OROZCO FLORES

El revés que 223 diputados de oposición dieron a la reforma eléctrica del presidente Andrés Manuel López Obrador, es uno de los más recurrentes argumentos de quienes disienten del presidente. Afirman que ya ninguna otra reforma constitucional pasará en la actual legislatura federal. Olvidan que el presidente tiene en su vida política un algoritmo interno, que nunca ha procurado ocultar.

PUBLICIDAD

La mayoría de los analistas políticos está tomando hoy su café en una taza que dice: “No pasará”. Se sienten confiados. Lanzan una idea aislada: afirman que no podrán doblar a los 223 diputados que frenaron la reforma eléctrica.

Lo dicen tan convencidos que pareciera que tienen razón, que la reforma electoral que desaparecerá al INE y al Instituto Electoral de Michoacán y todos los demás organismos estatales de elecciones que hayen cada entidad federativa, “no pasará”.

Pero el algoritmo político en el ADN del poder presidencial, que es predecible, no está siendo tomado en cuenta por la oposición, que cree que no desaparecerán los diputados y senadores plurinominales con esta reforma presentada a la Cámara de Diputados esta misma semana.

PUBLICIDAD

Cree la oposición que está bien atrancada la puerta de la Cámara de Diputados con los mismos 223 votos que atajaron la reforma eléctrica y que le repetirán la misma receta al presidente con un “no” rotundo. ¡Qué ingenuidad, por los cielos!

Si ya le hicieron un agujero a la vestimenta presidencial, rechazando por primera vez en la historia reciente de México una reforma constitucional proveniente de la presidencia de la República, se están confiando que no los doblegarán.

Pese a que salta a la vista la trayectoria política del presidente, no observan su comportamiento en su dimensión completa. Analizan las partes, haciendo a un lado una visión de conjunto. Es un análisis limitado. Veamos seriamente las consecuencias del desafuero al jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador, por desacato a una sentencia de amparo en 2005. No hay que olvidar su comparecencia ante el pleno de aquella legislatura. Habló, se retiró y le quitaron el fuero, para meterlo a la cárcel. Desde entonces su ADN es el de la invencibilidad. El frenón para eludir las consecuencias de aquel desafuero lo ha vuelto invencible. “Ah, no, ya le dimos un revés con su reforma eléctrica, le repetiremos la dosis”. ¡Por los cielos, qué ingenuidad! Entonces no lo conocen. O lo conocen tan poco que creen que estaría dispuesto a entregar el poder en 2024 a un partido que no sea MORENA.

López Obrador no es contemporáneo de Jesús Reyes Heroles, el político influyente de los años setenta que abrió las puertas de la Cámara de Diputados a la izquierda y a la derecha opositoras. Es contemporáneo de sí mismo. Es obvio, salvo para quien no quiera verlo, que si no se doblan a su reforma electoral los diputados de oposición, los va a expulsar del seno de la Cámara de Diputados. El Fiscal General de la República será su instrumento para quitarles el fuero, vía la imputación de “traición a la patria”. De los confiados es el infierno de los políticos. En el presidente no hay refinamiento constitucional, está visto. Hay una acción y una táctica clara: no entregar el poder a nadie que no milite en MORENA. A él mismo, pues.