La Casa del Jabonero | Desinformación, lucha en redes y simbolismos

La cosa es que la gente no lee, conoce los símbolos, sabe descifrar las palabras que los símbolos forman, pero no sabe leer

Jorge A. Amaral

A veces creo que nos tocó la peor época para vivir, una época en que todo resulta engañoso. Me explico: en la actualidad, en que tenemos acceso a cualquier contenido desde la red, la gente está más desinformada, puesto que si comparamos con hace 20 años, cuando el acceso a internet no era tan amplio, la desinformación en muchos sectores podía atribuirse a la falta de conectividad, sobre todo en zonas ajenas a los núcleos urbanos, y aun así se veían los noticieros, la gente escuchaba noticias en la radio, se leían los periódicos, de los que había toda una gama. Hoy, que desde un celular con conexión a la red se puede acceder a casi toda la información que hay en internet, sigue imperando la desinformación, y esto se nota cuando las personas usan su celular solamente para chacotear y criticar en Facebook, mensajear en WhatsApp y escuchar música en YouTube.

Así pues, si comparamos la información a la que se podía acceder hace 20 años y la que está disponible en la actualidad, veremos que la gente actualmente está más desinformada. Esto se nota cuando un medio de comunicación publica una nota en Facebook. Si el tema es peliagudo, mucha gente reaccionará, pero sus reacciones, además de comentarios escritos con errores que parecen un linchamiento a la ortografía y la gramática, se basarán en 5 imágenes entre las cuales escoger: “Me gusta”, “Me encanta”, “Me importa”, “Me entristece” y “Me enoja”. A eso se ve reducida la interpretación de mucha gente a la información que se le brinda.

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Pasó algo curioso esta semana: ¿recuerda que al consultorio de un médico de Paracho llegó un hombre muy enfermo, y que el doctor le inyectó un desinflamatorio y, aun cuando les dijo a los parientes que lo llevaran al hospital porque eso parecía COVID-19, los familiares llevaron al enfermo de regreso a su casa, en Ahuirán, y allá se les murió, y que luego regresaron al consultorio en la cabecera municipal y golpearon al doctor y su hijo, además de amenazar con lincharlos?, sí recuerda este caso, que ha sido diagnosticado como covidiotismo severo, ¿verdad? Bueno, cuando la nota se publicó, con la obvia publicación en redes sociales, mucha gente mandó airados mensajes porque en la publicación de Facebook decía que “en el municipio de Paracho”, y reclamaban que se les estaba quemando su pueblo, que eso era cosa de “los pinches salvajes de ese rancho”, decía uno de los mensajes llegados a la bandeja de entrada.

La cosa es que la gente no lee, conoce los símbolos, sabe descifrar las palabras que los símbolos forman, pero no sabe leer, porque jamás se dijo, ni en cabeza, redes sociales o en el cuerpo de la nota, que los agresores fueran vecinos de Paracho, lo que pasa es que no entendieron que Paracho es un municipio, y que quienes vivan en Ahuirán, por ende, habitan el municipio de Paracho.

De estos casos se cuentan por montones, vaya a las redes sociales de cualquier medio de comunicación y se dará cuenta de ello, de cuánta gente sólo se mete a Facebook, reaccionan y comentan, pero no leen las notas. Ese es un claro ejemplo de los niveles de desinformación que se viven hoy en día, si no, no hubiera tanta gente asustada porque en las campañas de desinfección se propaga el virus, porque las antenas de telefonía celular le llevan el coronavirus a la gente, porque ya los gobiernos se pusieron de acuerdo para hacer una purga demográfica y demás estupideces que la gente cree, precisamente por la desinformación.

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La arena está de bote en bote

Pero esto no sólo se manifiesta en la pandemia de covidiotismo, veamos, por ejemplo, la polarización en torno a Andrés Manuel López Obrador: fanáticos de un lado y de otro: Unos, exigiendo la salida del mandatario porque AMLO va a hacer de México un país comunista, y ellos no quieren el socialismo, y por eso salen cada semana en sus carros a hacer lo que seguramente ellos piensan que es una revolución motorizada. Por el otro lado, a los que defienden a López Obrador y sus políticas porque, según ellos, es el presidente que más ha hecho por su país, es el mejor presidente que México ha tenido, y ay de aquel que se atreva a referirse al mandatario como “López”, porque la airada respuesta será “para ti es ‘Señor Presidente’”, y ahí se le pueden agregar mentadas de madre y un rosario de insultos.

Y entonces, ambos lucharán en las redes sociales sin límite de tiempo: en esta esquina, con un tono de piel más clarito y quizá mejores ingresos pero con mucha ignorancia de por medio, defendiendo el legado de Borolas, ¡los Withexicans! En esta otra, con una lucha de 18 años para llevar a su ídolo a la presidencia, dispuestos a pelearse con quien sea para defender a López, sin contrastar datos, sin cuestionar, sólo aplaudiendo, ¡los chairos!

Así los verá, ambos bandos peleando por gente a la que, de todos modos, yo, tú, él, nosotros, ustedes, ellos, sus hijos, nuestros hijos, les importamos un rábano, trátese del gobernador, del alcalde, del funcionario de medio pelo, del secretario, del legislador federal o local, del presidente, para ellos, querido pueblo, sólo somos votantes y contribuyentes. ¿No me cree? Vea en unos días más, hasta el monstruo más horripilante mostrará su mejor cara, la tierna, amistosa y empática, porque anda en campaña y se le hace agua la boca con nuestro voto, pero después de las elecciones, nuevos y mejores impuestos, latrocinio, corrupción y todo ello a lo que la clase política nos tiene tan acostumbrados. Al tiempo.

La lucha contra los símbolos

Al inicio de esta entrega decía que pareciera que esta es la peor época para vivir porque, aunque hoy se habla más de no discriminar, de libertad de expresión, esto es engañoso. Cierto, se cree que se lucha contra el racismo y la discriminación por cuestiones de género, estrato social, condición física y demás, pero la lucha, si es que la hay, sólo es simbólica.

Recientemente, activistas de Morelia demandaron que la estatua instalada al final del Acueducto fuera retirada porque hace apología de la esclavitud, así como en Estados Unidos se han retirado estatuas de generales confederados, o cómo los aún Pieles Rojas de Washington han anunciado que cambiarán de logo y nombre para no ofender a los nativos americanos, como cuando se derribó todo lo que tuviera que ver con la Alemania nazi.

Pero la escultura en Acueducto, la estatua del general Lee, el escudo de un equipo de futbol americano son sólo símbolos, y derribarlos y suprimirlos no resolverá nada, como el mundo no será más incluyente porque un transexual negro y gordo es la imagen de Calvin Klein.

Porque a ese colectivo que quiere quitar la efigie en Morelia no se le ha visto cuidando las condiciones en que trabajan los jornaleros de la caña en Pedernales o la zona de Los Reyes, o en los campos meloneros de Huetamo; no se les ha visto impulsando mejores esquemas para que los purépechas, a quienes dicen representar, accedan a mejores condiciones de mercado para sus servicios y productos. No, la lucha de ellos es sólo simbólica y bien fácil: artistas con servicio de internet y acceso a recursos de programas federales. Qué chido.

Pero pelearse contra los símbolos no resolverá nada, es una guerra en lo inmediato, porque los símbolos sólo son reflejo, no raíz del problema, porque la homofobia no va a terminar con poner a toda la comunidad LGBT en todos lados, o diciendo que en la cabeza del guionista, equis o ye personaje de tal o cual serie siempre fue gay, aunque en ningún capítulo se notó, pero se dice sólo para estar en sintonía. Retirar una estatua no va a terminar con la marginación y segregación que viven muchas comunidades indígenas, no es una estatua de Cristóbal Colón a quien hay que decapitar para acabar con el racismo en Estados Unidos.

Lo que hacer es, primero, entender el contexto de los símbolos, de las obras y expresiones que hoy se consideran racistas, homofóbicas o misóginas, pues muchas de ellas fueron creadas en tiempos en que esas categorías ni siquiera existían y, por ende, no importaban.

Ahora hay que evitar no nuevos símbolos, sino nuevo racismo, nueva discriminación, fobia al otro y sexismo. El día que nos preocupemos más por fomentar el simple y llano respeto y la empatía, le aseguro, ni siquiera será necesaria la corrección política, y podremos incluso hacer chistes, porque sabremos que es sólo un chiste, que no refleja una realidad latente.

Pero no se va a lograr fomentando una generación de débiles mentales y niños con piel sensible, se va a conseguir fortaleciendo en las nuevas generaciones valores y principios bien sólidos, los cuales ya están, no hace falta crearlos, sólo seguirlos: respeto al otro, ser empático a las carencias de otras personas, no alegrarse por la desgracia ajena y conducirse con honestidad, rectitud y prudencia.

Cuando eso se logre, no será necesario incurrir en payasadas. Es cuánto.

Nadie más que el Estado, ¿en serio?

Luego de la visita de Andrés Manuel López Obrador a Jalisco y Colima, tierras controladas por el CJNG, un ejército de miembros de este grupo sacó a relucir camionetas blindadas y rifles de alto poder. Ante ello, Alfonso Durazo, el responsable de la seguridad en el país, dijo, uno, que eso fue un montaje, y dos, que nadie tiene más capacidad de fuego que el Estado mexicano.

En el primer punto, las más de 53 mil víctimas de homicidio durante este sexenio, ¿son un montaje? En el segundo punto: quizá sí, digo, los narcos no tienen tanques ni aviones de combate, aún, pero de que pueden hacerle frente al Ejército y la Marina, lo han demostrado, y que la estrategia amorosa del presidente no ha funcionado, eso también está demostrado.

Postdata preelectoral

Ya empieza el ambiente preelectoral, esa etapa del proceso en que todos son amigos y esperarán los tiempos, pero por debajo de la mesa se dan patadas y rasguños.

Pero, pensándolo bien, ¿no estaría de lujo declarar desierto el concurso? Es que, no por nada, pero mire a su alrededor y sea franco, no conmigo, con usted mismo: si nadie le ofrece un puesto, un mejor empleo en el gobierno o fácil acceso a los apoyos, si usted, como yo, no va a recibir nada material a cambio por su voto, salvo la satisfacción de participar, bajo esos términos: ¿por quién votaría?, de todos los que andan apuntándose en su municipio, en el distrito, a nivel estatal, ¿realmente hay alguno por el que valga la pena embarrase del dedo de tinta indeleble? No me responda, hágase la pregunta, medítela y responda hacia sus adentros. Salud.